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Soy de su propiedad

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Viñeta Soy de su propiedad

Mensaje por Ela McDowell el Mar Mar 25, 2014 2:18 am

GÉNERO: Romance
CLASIFICACIÓN: Para todas las edades
TOTAL DE CAPÍTULOS: 1

SOY DE SU PROPIEDAD

—¿Por qué le importa tanto? —preguntó, articulando dificultosamente las palabras empleadas debido a la montaña que formaban las palomitas de maíz en su sedienta boca; tenían demasiada sal.

—No pienso responderte lo mismo por undécima vez —contestó el esbelto joven que ocupaba el asiento de al lado, utilizando el tono de voz más bajo que pudo. En vano, la pareja de la hilera continua volteó a verlo con desdén, crispando los labios en señal de reproche.

Mia sorbió con fuerza la reducida cantidad de gaseosa que celosamente había estado dejando para el final de la película, produciendo un desagradable ruido que incomodó a quienes la rodeaban. Aún envueltos en la oscuridad del cine, observó cómo Cam entornaba los ojos en señal de notable disgusto. Debió hacer acopio de la poca decencia que poseía para no prorrumpir en carcajadas.

—Oye, ¿por qué me trajiste a ver una peli de juguetes? —infló los cachetes como tenía por costumbre para molestarlo—. ¿No estás muy grande para esto?

—¡Fuiste tú la que insistió en venir a penas apareció la pastorcita en la pantalla! —reprochó el pelinegro, alzando el volumen de su hablar durante medio segundo, y recibiendo por ello una creciente ola de Shhh’s.

Mia sonrió.

Sabía que Cam estaba irritado, pero también se daba cuenta que disfrutaba de su discusión. Lo conocía demasiado bien. ¿Quién no iba a hacerlo tras diez años de amistad?

El muchacho dejó escapar un suspiro cargado de frustración. Finalmente comentó:

—Escribió su nombre allí para dar a conocer que es de su propiedad. Es algo que lo hace sentir especial.



Cuando todo terminó, Mia recogió su cabello azabache en una coleta y se dispuso a acumular los residuos de alimento que inundaban el asiento. Parecía que a sus pies se alojara una densa alfombra de basura, casi impidiéndole recordar el color del tapiz.

Cam la miró de reojo.

—Nuestras salidas se parecen a las noches de hombres que organizan en el barrio —se limitó a decir, imaginando por un momento la apariencia que tendría Mia de haber nacido barón. Descartó inmediatamente aquel pensamiento, el cual dejó una extraña perturbación en su interior.

—Y tú eres un completo princeso —contraatacó.

Sin escuchar si quiera el reclamo por parte de su interlocutor, se abrió paso entre el río de gente en dirección a la salida, deteniéndose unos minutos en el lavabo de mujeres. Se enjuagó las manos y, entrando en una especie de trance, se detalló centímetro a centímetro frente al gran espejo que colgaba de la pared.

Sus felinos orbes tenían un brillo opaco, demasiado inusual en la joven. Conocía el porqué de la maraña de emociones que la embriagaban, pero la fórmula para cesar la avalancha que caía en picada sobre ella le era ajena. Supuso que pasar el día de San Valentine con la persona que amaba sería diferente, y sin embargo, no difería en nada a cualquier otra noche del año; discusiones y bromas por doquier. Una única palabra resonaba en lo profundo de su mente, un frío eco que la atormenta: Friendzone.

Se refrescó el rostro con el agua del frigorífico y luego se encaminó al encuentro con su eterno amigo, quien la esperaba junto a la entrada principal, cargando con las mochilas escolares de ambos. Apoyado contra el cristalino vitral, Cam daba a relucir su fama de “el más guapo” de la escuela.

«Definitivamente le confesaré mis sentimientos», pensó.

Acercándose lentamente, buscaba el modo correcto para lo que se disponía a hacer. Tragó en seco y clavó la vista en las níveas baldosas de porcelana, mientras la sangre se agolpaba en sus mejillas y el ritmo cardíaco incrementaba al punto de poder ocasionarle un infarto.

—Cam, yo…

No tuvo tiempo de asimilar lo sucedido. Pronto yacía acostada en el suelo del establecimiento, con centenares de pares de ojos puestos en ella. Mia sintió una ligera descarga de dolor en la espalda, en sus pulmones había desaparecido el oxígeno almacenado y las luces bailaban entorno a oscuras sombras.

Buscó a Cam con la mirada y lo encontró a un costado, sosteniendo su zapato derecho en una mano y un marcador en la otra. Parecía escribir algo sobre la suela. ¿Cuándo se lo había quitado?

—Maldito bastardo —logró susurrar.

Pasó una fracción de segundo y pronto estuvo recuperada. Dispuesta a levantarse y propinarle la paliza de la historia, Mia lanzó el primer puñetazo en dirección al atractivo rostro del chico. Éste lo detuvo sin esfuerzo y la miró con esa seriedad que tanto lo caracterizaba. Giró el calzado que sujetaba, permitiéndole leer las letras escritas con marcador permanente.

“Cam”.

La nueva punzada que le atravesó el pecho al comprender el significado de aquel gesto ocasionó que límpidas lágrimas florecieran de sus ojos, aterrizando con furia en las pálidas manos que le acariciaban. No podía detener su silencioso llanto, aunque tampoco se esforzaba en hacerlo.

—Idiota, ¿sabes que la tinta no quitará nunca? —murmuró.

—Esa es la idea, pastorcita —respondió con su suave y seductora voz—. Serás siempre de mi propiedad.
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Ela McDowell



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