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Way to the darkness

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Long Fic Way to the darkness

Mensaje por Kayr el Dom Abr 27, 2014 3:44 pm

• Título. Way to the darkness
• Género. Romance, erótico
• Clasificación. +18
• Advertencias. Si lees esta historia estás aceptando que tienes la mayoría de edad.
• Estado. En progreso.
• Comentarios. Es una novela que está en proceso y me gustaría conocer la opinión de todos aquellos que deseen darme una crítica.
• Resumen. Cuando te levantas y en tu cama hay alguien que no conoces tu primera reacción es... echarlo de la forma más sutil que puedes. Pero, ¿Qué pasa cuando te has enlazado con un hombre demasiado sexy para ser real –y que además tiene el autoestima más alto que la torre más grande del mundo–, pero que no es posible considerar humano?


Capítulo 1
Hay muchas leyendas en internet —le había dicho Savannah en un susurro mientras colocaba dos velas en la ventana del balcón de su dormitorio—. Mucha gente dice que en verdad se disfruta, además no perdemos nada intentándolo.
Solo nuestra dignidad —suspiró Tyara terminando de recoger su indomable cabello ondulado en una cola alta de caballo. Palpó en una pequeña mesa que había junto al espejo y tomó un par de pendientes con forma de arete que sin perder tiempo se colocó—. Deberías dejar esa estupidez y terminar de arreglarte.
Eres una aguafiestas, hermanita —musitó la otra mientras la apartaba del espejo mediante un empujón suave. Savannah y Tyara eran demasiado diferentes para ser hermanas. Savannah era morena, con el cabello corto, y los ojos azules de su padre; mientras que Tyara era pelirroja, intentando mantener su cabello sobre mitad de la espalda, y con los ojos marrones de su abuelo—. Deberías relajarte de vez en cuando, no es bueno estar siempre tan estresada y a la defensiva.
Tyara miró a su hermana con una de sus perfiladas cejas alzada. Otra cosa en la que eran muy diferentes es en que mientras que Savannah estaba siempre en las nubes, su hermana no apartaba ni un solo momento los pies de la tierra. Parecía ser que lo único que tenían en común las hermanas era la altura, un bien repartido metro setenta, y un cuerpo de sendas curvas.
Estoy un poquito cansada de que siempre me vengas con lo mismo —comentó mientras fruncía el ceño. Ciertamente estaba un poco cansada de la inmensa confianza que tenía su hermana en algunos temas que, se notaba a leguas, eran falsos. Debido a uno de estos temas estaban así—. Eres demasiado crédula, Savannah.
La joven ignoró las palabras de la muchacha pelirroja y dejó que el espejo le devolviera el reflejo de un rostro de ojos felinos y sonrisa radiante. A sus apenas veinte años era una joven bastante solicitada entre el sector masculino, aunque ella ya tenía novio no faltaban hombres en las discotecas que le pidiesen salir a bailar u otras cosas. Normalmente su novio, Darien, debía apartarlos como las moscas que solían ser. De igual forma a Tyara tampoco le faltaban pretendientes a sus veinticuatro años, pero al contrario que su hermana ella no se interesaba por el sector masculino.
Vamos o se nos hará muy tarde —indicó Tyara rompiendo el silencio nuevamente. Había esperado a que su hermana terminase de arreglarse para tomar las llaves del coche y dirigirse a la salida del dormitorio. Antes de seguirla Savannah echó un vistazo para que todo estuviese listo al volver—. ¡Savannah!
La joven lanzó un gruñido antes de salir corriendo y montar en el coche antes que su hermana. Se puso el cinturón de seguridad y esperó a que Tyara arrancase el coche y se pusiera en marcha. Se concentró en la carretera, ignorando deliberadamente el continuo parloteo de su hermana.
Al llegar al lugar donde habían quedado con Darien la joven conductora buscó aparcamiento, encontrándolo casi al instante. Ambas bajaron del coche y se encaminaron hacia la discoteca. En mitad de la cola se encontraron con el chico, quien las invitó a unirse a él y a otro chico que había ido. Tyara prácticamente lo ignoró durante toda la cola y al entrar se separó de ellos, yendo a la barra rápidamente para pedir una bebida. Llamó al camarero y mientras esperaba tuvo la sensación de que había una mirada fija en su espalda. Miró a su alrededor, buscando al propietario o a la propietaria de la mirada. Y lo encontró al darse la vuelta. Estaba a unos metros de ella, con una copa elevada mirando en su dirección y sonriendo con arrogancia. El chico comenzó a caminar hacia Tyara con pasos elegantes y felinos, sin apartar sus ojos de los suyos. Dejó su copa en la barra, rodeándola con su brazo, mientras ella lo detallaba con la mirada. Era alto, un par de cabezas más que ella, tenía un cuerpo atlético de músculos perfilados. Su cabello castaño era corto y despeinado. Iba vestido con una camiseta sin mangas de color negra y con unos pantalones de cuero. La joven sintió una corriente eléctrica atravesarla cuando sintió el brazo rozar el suyo.
Llámame —musitó con voz grave y seductora pegado a su oído. El frío aliento del hombre hizo que a Tyara le recorriera un escalofrío—... Prometo que no te arrepentirás.
Justo después de esas palabras él se separó y la joven pudo ver sus ojos azules. Cuando él se alejó de su posición pudo volver a respirar tranquila. Miró su reloj de muñeca y vio que no eran más que las once y veinte, llevaba casi una hora y media pero ella se sentía cansada. Vació el vaso que el camarero le había traído minutos antes y se alejó de la barra buscando a Savannah. Cuando la encontró estaba bailando muy acaramelada con su novio, cosa que la hizo pensar que esa noche no la iba a ver por el piso.
Sav, me marcho ya —su hermana dejó de bailar con el chico y la miró con curiosidad, era la primera vez que se iba tan temprano. Tyara no pudo más que excusarse, teniendo la cabeza en otro lugar—. Iré a dormir, mañana hablamos.
Recuerda lo que tienes que hacer —la pelirroja puso los ojos en blanco pero asintió bajo la curiosa mirada de Darien—. Suerte.
La pelirroja cerró los ojos y negó con la cabeza a la vez que se alejaba de su loca hermana. Se despidió del portero y fue a buscar su coche. Ya sentada en la protección de su pequeño vehículo de cinco plazas dejó que su mente volara por primera vez. Recordó al hombre, recordó sus palabras y sintió el calor instalarse en sus mejillas. Negó con la cabeza, intentando sacar las absurdas ideas de su mente y arrancó. Se puso en camino y llegó antes de lo esperado. Bajó al garaje, aparcó en su plaza y cerró el coche. Suspiró cuando por fin llegó a su hogar, quitándose los tacones que había llevado. Los dejó tirados en la entrada y lanzó un segundo suspiro. Dejó el bolso en el sofá del comedor y se encaminó a su dormitorio.
Lo primero que vio al entrar fueron las velas colocadas en el alfeizar de su ventana. Se mordió el labio y pensó que si no lo hacía Savannah no se enteraría. Pronto la curiosidad se hizo un hueco en su mente. Nuevamente el recuerdo de aquel espécimen hermoso de hombre apareció en su mente. ¿Qué había querido decir con su “llámame”? miró las velas y apretó un poco sus dientes. Sentía curiosidad por primera vez en mucho tiempo. Buscó a su alrededor ya que no sabía que debía hacer con exactitud debido a que no había prestado atención a su hermana. Sobre una banqueta de hierro forjado, justo bajo la ventana, encontró una nota doblada. Allí explicaba todo lo que debía hacer.
Fue a la cocina y buscó un paquete de cerillas en los cajones. Cuando lo encontró volvió a su dormitorio nuevamente. Suspiró y prendió ambas velas haciendo exactamente lo decía en la nota. La imagen del hombre que apenas había conocido en la discoteca estuvo presente durante todo el ritual, cosa que la trastocó un poco. Esperó. Y siguió esperando durante unos minutos más. Pero no pasó nada. Burlándose de sí misma negó con la cabeza y se deshizo de su ropa, se lavó los dientes y cepilló su cabello. Se acostó en ropa interior, olvidando que las velas continuaban quemándose en el alfeizar de su abierta ventana.
Un frío soplo de aire apagó ambas velas de un golpe, dejando que la única luz que entrase al dormitorio fuera la de la luna. La joven pelirroja sintió que algo similar a un sutil soplo de viento acariciaba su cuerpo. Poco a poco la sensación se fue incrementando hasta el momento en el que parecía que era una fría mano lo que se paseaba sin prisa por su cuerpo. Trató de moverse ligeramente para apartar la mano que le hacía cosquillas sobre el vientre, más fue en ese momento que entre sueños se dio cuenta de que no se podía mover. Trató de entreabrir los ojos y, finalmente tras tres intentos fallidos de enfocar la vista, pudo distinguir un par de ojos que brillaban de una forma inhumana entre la oscuridad que se cernía sobre ella. El terror le caló hasta los huesos haciendo que su cerebro dejase de funcionar aun cuando todavía sentía la mano masculina paseando por la zona de su vientre. Tuvo miedo de que fuera un ladrón, o un violador, o un asesino. Tenía miedo por ella y por su hermana. Lentamente, conforme sus ojos se acostumbraban a la tenue luz que entraba por la ventana, fue distinguiendo una figura que se iba volviendo humana. Pronto hubo sobre ella un hombre que superaba su tamaño, apoyando las rodillas a los lados del diminuto cuerpo femenino y manteniéndola apresada entre el colchón y él.
Es todo un honor que al fin decidiera hacerme compañía en el mundo de los conscientes —comentó el hombre. Notó que una sonrisa adornaba los seductores labios masculinos, labios que incitaban a ser besados. Durante un momento la lógica trató de penetrar en su mente. ¿Cómo había podido un ladrón –o un violador, o un asesino– entrar en su dormitorio? No era posible ya que ellas vivían en un séptimo piso. Los ojos de él, que parecía ajeno a sus cavilaciones, relucieron con burla justo antes de descender el rostro para besar una parte de su costado izquierdo muy cercana al pecho. La pelirroja sintió que un escalofrío surcaba su espalda desde abajo hacia arriba. De forma bastante seductora él se pasó la lengua por los labios y alzó la mirada, para conectarla con la de ella, sin apenas separarse—. Podría permitir que esa dulce boca emitiese palabras si no intentases gritar. De la misma forma podría hacer que tu cuerpo se moviese a tu libre albedrío si no tratases de huir de mí cuando lo haga. Aunque ambos sabemos que si libero el movimiento de tu cuerpo lo intentarás. Por el contrario no gritarás ya que no quieres que tu dulce y pequeña hermana se entere de lo que está ocurriendo aquí, ¿No es cierto?
Esas simples palabras bastaron para que la joven pelirroja volviese a temer por la vida de ambas. No sabía lo que ese hombre pretendía y eso la aterraba. Tal vez se había resignado a que él iba a violarla, pero no deseaba que su hermana recibiese el mismo trato. Dejó escapar un gemido cuando nuevamente sintió los labios del varón sobre su cuerpo, y esto le indicó que ya podía hablar. Pronto sintió como él se deshacía de un tirón del hermoso sujetador de encaje que se había puesto esa noche. Se mordió el labio inferior mientras fruncía el ceño. Se sentía indefensa contra ese hombre. Estaba semidesnuda delante de él y esto le causaba un pavor que nunca en su vida había sentido. Él alzó el rostro solo para deleitarse y alimentarse del terror que causaba en ella. Los ojos imbuidos por el miedo solo consiguieron excitarlo más. Usando nuevamente su sonrisa seductora se alzó y se acercó a los labios de la joven de ojos marrones y los selló con los propios a la vez que una de sus manos se ocupaba de recorrer el costado del cuerpo femenino.
No nos hagas daño —musitó tras el posesivo beso que él le había robado. Él apartó la mirada de sus labios para anclarla a los suplicantes ojos de su acompañante—. Por favor márchate. Puedes coger todo lo que creas de valor en la casa, pero no nos hagas daño a mi hermana y a mí, te lo suplico.
Como toda respuesta recibió una sonrisa sardónica que no le decía nada, no al menos bueno. Trató de apartar la cabeza al ver que nuevamente él bajaba la cabeza para besarla, pero no pudo ya que algo invisible parecía impedir que moviese cualquier extremidad. Gracias a esto el hombre pudo volver a disponer de sus labios aunque ese no era el deseo de la joven. Estaba nerviosa y temerosa, aunque se decía a sí misma que su hermana no pasaría por esto si ella hacía lo que él quisiera.
No le haré daño —suspiró él en respuesta al ruego que ella había lanzado antes—... No al menos si tú logras complacerme.
Fue justo en ese momento, al escuchar esas palabras, que un nuevo rayo de lucidez había aparecido en su mente entre la nebulosa de besos y caricias que comenzaban a desarmar sus defensas. Ella nunca había complacido a un hombre. En ese instante él se levantó para apoyarse en sus codos y dirigir una mirada a los ojos de Tyara. Era como si le hubiese leído la mente. La sonrisa que bailó en sus masculinos labios hizo que la joven sintiera un nuevo escalofrío surcando su espalda.
Pronto ella comprendió lo que él procuraba con la nueva intensidad ejercida en las caricias que le proporcionaba al cuerpo de la fémina. La pelirroja se mordió el labio inferior con fuerza para no dejar escapar los gemidos que se agolpaban en su garganta, comenzando a formar un terrible nudo en la boca del estómago. Él lo notó y llevó una de sus manos a la boca de la joven, que dejó de responderle cuando sintió los finos y largos dedos sobre los labios. Los gemidos comenzaron a escapar, sonando como una música al compás de las caricias.
Como antes me has pedido tomaré todo lo que hay de valor aquí —comentó él mientras su mirada se oscurecía todavía más. Tyara bajó la mirada, debido a que no quería seguir observando esos ojos inhumanamente brillantes, y se encontró con el torso desnudo de su acompañante. Tembló, o al menos lo intentó. Notó como la única ropa que le quedaba desaparecía y la dejaba totalmente expuesta e indefensa ante los deseos de aquel hombre que estaba comenzando a volverla totalmente loca. Comenzó a entrar en ella y comenzó a moverse lentamente. Extrañamente Tyara no sentía dolor y cada vez el placer era mayor. Casi estaba totalmente nublada su razón por el clímax cuando sintió como si le hubiesen puesto algo ardiendo en la parte superior de su pecho izquierdo. Gimió adolorida y poco a poco sus ojos se fueron cerrando conforme el dolor amainaba, quedándose totalmente dormida en apenas unos segundos.
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