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"Polvo Estelar" [Saint Seiya].

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One-shot "Polvo Estelar" [Saint Seiya].

Mensaje por Shaine Scarlet el Mar Abr 29, 2014 5:03 am

• Anime: Saint Seiya.
• Género: Shonen-ai, Humor.
• Clasificación: +14.
• Total de capítulos: Único.
• Advertencias: Yaoi. Si no gustas de este género por favor no lo leas.

"Polvo Estelar".
—No creí que fueras tan animal, alacrán. ¡Mira que hacer eso al pobre cubo…!

— ¡Ya te dije que no fue culpa mía! Esos viejos me engañaron.

— ¿Y quién te manda a creer todo lo que te dicen? Estás de suerte que no fue nada serio… al menos no tanto.

Milo bufó, reconociendo que Aioria corría con gran parte de la razón. Observó al “dormido” arconte de Acuario sobre su cama, aparentemente con gesto tranquilo que haría creer a cualquiera que sería incapaz de matar a una mosca. ¡Ja, eso quisieran! Después de la escenita montada por el aludido toda imagen de posible respeto hacia él se iba al drenaje a la misma velocidad con la que perdió la razón minutos atrás.

Afortunadamente, los únicos que lo habían presenciado fueron el escorpión y el león dorado.

—“Se relajará”, decían. “Lo hará muy feliz”, decían. “Caerá a tus pies”, decían…

—Pues… técnicamente pasó así.

— ¡No pensé que sería literal! Quería destenzarlo, no drogarlo.

—Vamos, Milo. Viniendo de ti hasta podría creerme que éstas eran tus verdaderas intensiones —Aioria carcajeó, sin embargo al notar la gélida mirada del guardián del octavo templo moderó sus risas, cayendo en cuenta que iba muy en serio—… Ya. Pero, para empezar, ¿por qué demonios compraste esa cosa? Y no me vengas con que querías que se relajara; Camus se estresará con facilidad, pero sabe remediarlo.

—Bueno…

Milo suspiró con pesadez; hubiera querido mantenerlo en secreto, pero al ser el gato su mejor amigo, más que su témpano seguía inconsciente, no tuvo más remedio que mostrarle la razón. De su bolsillo sacó un pequeño objeto de forma cuadrada que, por unos instantes, descolocó al guardián de Leo. Este miró con detenimiento el detalle, hasta que su portador lo mandó de regreso al bolsillo. Como si fuera cosa que requería el momento puso una mano sobre el hombro del de cabellos azulados, sin medio intento por no sonar solemne.

—No pensé que ya tuvieras esas ideas en mente.

— ¿Ahora entiendes por qué lo hice? No sabía cómo se tomaría la noticia. Porque tratándose de un paso tan grande…

—Tranquilo, seguro si está de acuerdo —sonrió de forma tranquilizadora, aliviando levemente a Milo. No obstante, tan pronto un gesto burlón se asomó por las comisuras de sus labios sintió su valor irse al retrete otra vez—. ¡Bien bien! Ya, disculpa. Es que… para esto… en serio; drogar a Camus no sonaría tan descabellado.

— ¿Vas a ayudarme o no?

—Claro. Iré a por Mu, él debe saber qué hacer.

Abandonó la habitación y la zona residencial en dirección a las puertas de Escorpio, en rumbo descenso a Aries. Aunque más cercano y recomendable estaba Shaka en Virgo dicho hombre no se encontraba en el Santuario en aquellas horas, por lo que dependían del carnero de la primera casa zodiacal.

El escorpiano, por su parte, se sentó al lado de la cama en la que el cuerpo de Camus reposaba, pasando los dedos entre su sedosa cabellera azulada en un vano intento por despertarlo. Bueno, realmente se cuestionaba si debía hacerlo; si lo conseguía y el acuariano respondía de la misma forma desequilibrada que antes tendrían que propinarle otro golpe para inmovilizarlo. Sonrió ampliamente; verlo fuera de sus sentidos, muy aparte de cómico, era encantador. Recordó cómo horas antes, mientras dormía, había hecho que aspirara el polvillo blanquecino tal como se lo habían indicado el par de vendedores en Rodorio. Los efectos fueron inmediatos, pues tan pronto Camus despertó se le colgó de su cuello, soltando improperios no propios de su sentido ético, y sonreía bobamente como colegiala enamorada, haciéndole ojitos… gesto que hizo recorrer un escalofrío por toda la espina dorsal del alacrán. El guardián del onceavo templo se le insinuaba sin pudor, ciertamente ese “otro lado” de su témpano de hielo lo encendía en demasía, y juraba estar a punto de caer en la tentación de no ser porque Aioria llegó a salvar a Camus.

¿Salvar a Camus? ¡Si, salvar a Camus! Milo habrá estado lúcido, pero con borrachera o no complacer a su novio siempre era lo primordial en su relación. Aún cuando este no se encontrara con los sesos bien puestos.

Y ahora que lo sentía moverse tímidamente bajo sus roces consideraba seriamente si volverlo a dormir sería prudente. Sin embargo, al notar sus orbes tener contacto con el exterior todo pensamiento dañino en su contra se esfumó, en lo que este se sentaba sobándose la nuca con suavidad, el dolor no dejaba de atormentarlo.

— ¿Eh?… Milo ¿Qué pasó?

— ¡Cam, por fin despiertas! Pues… eh, yo… —se rascó la mejilla, buscando excusa. “Amor, te drogué, eso pasó”… no iba a decirle eso—. ¡Te caíste!

— ¿Me caí?

—Sí, y parece que te dio amnesia temporal. Aioria ha ido por Mu para que te examine.

—Estoy bien, Milo. Aunque no recuerdo cómo, pero me siento mejor.

— ¡No no! Mejor prevenir que lamentar. Me tuviste preocupado —MUY preocupado, se repitió.

—Si lo pones así… ¿Qué traes ahí? —la atención de Camus fue súbitamente atraída por un pequeño sobre en uno de los bolsillos de su novio. Dirigió, curioso, las manos ha dicho detalle y estando a segundos de tomarlo la mano de Milo retuvo la suya, con un nerviosismo delator en la cara.

—Es… ¡tu medicina! Ya te la di, puedes estar tranquilo.

— ¿Ah, sí? Espero que no me hayas dado cualquier cosa, no quisiera colapsar otra vez.

— ¡No, cómo crees! —¡y qué fuerte le había dado al clavo!

—Pero igual quisiera verlo.

—Cam, vamos, solo descansa un poco, ha sido un día pesado.

—Solo quiero saber qué medicamentos son. Puedo necesitar más.

—Yo me encargo de eso.

—Milo…

—Vamos, amor. Confía en mí —el tono del escorpión sonó afligido, y habría convencido a Camus de no ser porque se había pasado mucho en su papel de novia dolida. Imaginó que había metido la pata cuando lo vio fruncir el ceño al levantar sospechas.

—Confío en ti —sonrió suavemente, aliviando un poco a Milo—. Tanto como mi curiosidad me pide a gritos saber qué hay en ese empaque.

Sin mediar consecuencias el acuariano se lanzó sobre el escorpiano quien, en un vano intento por no caer bajo el peso del otro, se había apartado, haciendo que ambos cayeran al suelo. Ni con eso consiguió librarse de las hábiles manos de Camus, quien de un momento a otro sujetaba el dichoso sobre y forzaba su vista para leer su contenido. Milo, en un arranque de pánico, no pudo hacer más que sujetar un extremo del papel y forcejar con su pareja con tal de quitárselo. Fue nada más al cabo de un par de tirones que la resistencia del sobre no dio para más y terminó por dar un fuerte rasgón. Y porque en su interior no había nada más que polvillo fue que terminó por dominar el espacio en poco tiempo. Milo se cubrió, recordando los efectos de la “medicina”; en cambio Camus era totalmente ignorante de ello, razón por la cual…

— ¿Cam? ¡Cam! ¿Estás bien?

Los ojos del mencionado se habían tornado a unos rojizos y cansados, mismos que lo observaban con pesadez así como hacía todo lo posible por pegarse a un estupefacto Milo, ahora a punto de estrellar la frente contra un pilar por haber desatado la tempestad una vez más.

— ¡Milo, mi amor…! ¿Qué haces en el suelo? —la idiotizada faceta había vuelto, y el escorpión no pudo sentirse más incómodo. Negando con la cabeza se dispuso a levantarlo y regresarlo a la cama, rogando a medio Olimpo que se durmiera por las buenas. Pero Eris, evidenciando su aburrimiento, no se la dejó fácil al dejar caer la discordia en el octavo templo, pues a milímetros de haberlo acostado los brazos del de cabellos turquesas se habían aferrado con terquedad a su cuello, impidiéndole separarse.

—Cam…

—Quiero… —sus labios viajaron a uno de los oídos del de cabellos azules, y este sintió su cordura tan lejos como la última vez. Se sonrojó a más no poder, lo que le pedía podía fácilmente ser complacido, pero en ese estado tendría que tener bastante autocontrol para negarse. Y sin un Aioria que le salve prácticamente dependía de sí mismo. El motivo de la negativa era simple;  no quería hacer con él algo que atesoraría en su memoria mientras el otro lo olvidaba por su estado casi etílico.

—No, Cam. No es correcto. Maldición —suspiró cansino—, no debí haberle hecho caso a esos viejos. ¡Yo solo quería crear un buen ambiente para…! —no recordará, pensó. ¿Qué diferencia habría si lo decía en ese instante?—… para pedirte que te casaras conmigo. Joder, por un día ha sido suficiente.

Entrecerró los ojos, lamentándose los hechos. Sin embargo, al estar el lugar tan callado decidió abrirlos para visualizar el rostro de su pareja, adorablemente adornado por un rubor que se colaba en sus mejillas y se negaba a disminuir, viéndole con sorpresa. Se extrañó por aquella actitud, es decir, ¿no es como si hubiera entendido CADA palabra que habría pronunciado, verdad? No quiso sacar conclusiones inesperadas, pero su sonrojo...

—Si quiero.

— ¿Qué?

—Que si quiero. Ibas a pedirme matrimonio, ¿no? —desvió la mirada, con el rojizo tono en aumento—. Dije que acepto.

Los ojos de Milo desorbitaron, queriendo que aquello entrara de una vez por todas en su cabeza. ¿Había aceptado? ¡Camus había aceptado…! ¡Un momento!

—Espera, Cam. Pensé que estabas…

— ¿Drogado? —alzó una ceja con diversión, perdiendo la pena—. Un poco. Eso te enseñará a no hacer de las tuyas mientras duermo. Tenía que hacerte entender de alguna u otra forma, solo espero no haber asustado a Aioria.

—Lo dudo —rozó sus narices, coqueto—. Entonces… ¿dijiste que aceptabas?

—Puedo repetirlo infinitamente —sonrió con calidez, posando una de sus manos en las mejillas de Milo—. Acepto.

Sin más que agregar unieron sus labios en un profundo beso, uno tan casto que sería irreconocible si se tratara del escorpión dorado, dado que él prefería las cosas más… movidas. Sus lenguas danzaron una al lado de la otra en lo que duró el contacto, a veces traviesamente mordiendo los labios del otro por reclamar más atención, pero al fin y al cabo se sentían como si estuvieran en los Elíseos. Terminada aquella conexión se vieron con intensidad, empero un dejo de preocupación en Camus hizo que aflorara lo mismo en Milo, quitándose la duda sobre preguntar.

— ¿Qué sucede?

—Esto de la boda… —tomó aire, tenía que hacérselo saber—. No quiero que sea algo tan… aparatoso. Solo entre nosotros; amigos, algunos conocidos, nuestra diosa… y nadie más. Sabes que no se me da muy bien estar mucho tiempo en público. Mucho menos si soy parte del centro de atención.

— ¡Oh, haberlo dicho antes! De eso yo me ocupo —le guiñó un ojo, y ello no representaba nada bueno para el acuariano.

Ocho meses después…

—Y tú, Milo de Escorpio, ¿Aceptas a Camus de Acuario como tu esposo, prometiendo amarlo, respetarlo, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, frente a los ojos de nuestra diosa Athena y sus testigos, hasta que el Hades los separe?

—Acepto.

—Por el poder que me ha sido conferido yo los declaro marido y… marido. Ya puedes besar al novio —declaró Shion, terminando con su papel de cura.

Y fue así cómo los guerreros guardianes de Escorpio y Acuario unieron sus destinos… durante esa era. Pasado el beso los presentes aplaudieron con emoción a la feliz pareja, en lo que agradecían su asistencia a su boda. La celebración se llevó a cabo frente a la gran estatua de la diosa a la que servían, dado que el patriarca se hacía una idea del menudo destrozo que serían capaces de ocasionar si los dejaba festejar en Star Hill. Conociendo la personalidad de uno de los recién casados algunos dorados supusieron que la ceremonia no duraría más de dos horas, pero al ver a Camus tan suelto y risueño para con sus invitados los pensamientos fueron evaporándose uno tras otro. Shura fue el primero en hablar, claro que en privado, a Milo, al notar el radical cambio en el acuariano.

—Mira nada más, Camus está muy feliz. Creo que esto de su boda ha logrado que socializara un poco.

—Sí —respondió sonriente, ocultando con disimulo un sobre de color blanco entre sus ropas—, podría decirse que sí.

Inspirado por la canción Better in Stereo de Dove Cameron.
¡Gracias por leer!
En mi defensa, tampoco sé cómo salió esto, lol.



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Shaine Scarlet


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