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Plata (parado)

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Long Fic Plata (parado)

Mensaje por TomasLobato el Dom Mayo 04, 2014 7:35 pm

- Género: Ficción
- Apto para mayores de 13 años
- Capítulos: 3.

Esta es una novela que estoy escribiendo pero que he parado hasta que no acabe con otros proyectos que tengo en mente y tenga tiempo para dedicarle :p

Plata


1. El ataque al poblado

    El mundo... había depositado su confianza en un solo hombre… en un solo chico… en mí. No sabía qué hacer, había demasiado en juego y yo era insignificante ante el peligro. En ningún momento pensé que estaría solo, pero no sabía si podría con todo… eso fue lo que sentí cuando me dijeron quién era de verdad.
    También sabía que ellos dependían de mí, presentía que era lo que el destino me había asignado.
    También era verdad, que existía la hechicería buena, la... magia blanca. Pero todos los corazones con luz, o caían ante el implacable poder de la oscuridad, o les esclavizaban… pero yo tenía la prueba de que había almas puras que luchaban por los demás y no por el interés ni por obligación.
    Todo estaba muy, pero que muy mal... por eso, la gente creíamos que la magia sin hacer distinción entre buena y mala, era la causante de toda la raíz del mal y por ello nos reunimos en lugares alejados y nos llamamos “la resistencia”. El mundo era un lugar de tristeza, codicia, amargura y más, destacando, la muerte... excepto para las llamadas “legiones”. Eran grupos de una especie de soldados que gobernaban sobre todo el mundo, aunque cada legión se colocaba en una parte del mundo distinto.
    Estaban las legiones de: “El Ghoul”, “El Dragón”, y la más destacada que estas sucumbieron ante esta: “El Jaguar”.
    No se llamaban así por que sí, eran lo que su propio nombre indicaba.
    Los Dragones, se encontraban en el este, eran pocos, pero poderosos. Decían que eran muy reservados.
    Los Ghouls, se encontraban en el sur, eran muchos también, aunque no tantos como los Jaguares.
    Los Jaguares, se encontraban en oeste, eran miles en esta legión, y tenían a su líder, Eric, que era como el soberano del mundo. Los rumores que llegaban de él le describían como un hombre malvado, amenazador, temible…
    Lo de los animales funcionaba de manera que fueran imparables, eran todos más grandes que las personas. Aunque no eran solo animales, eran soldados que se podían trasformar en estos, cuando se les ordenara.
    Excepto los Ghouls, ya que ellos eran bestias naturales, pero manejados por sirvientes de Eric.
    El resto de soldados de las otras legiones, llevaban un uniforme de soldado y cuando se trasformaban eran o Jaguares o Dragones asiáticos.
    A las legiones no les importaban las resistencias, ya que como éramos pocos no les importábamos y nos consideraban tontos por no entregarnos a su dominio.      Yo vivía junto a mi pueblo en unas montañas del oeste. Éramos poco más de veinte. Mis padres... eran magos de buena fe y les mataron. Eso decían los pueblerinos. Había algunas aldeas más cercanas, pero no teníamos mucha relación con ellos.
    En el pueblo éramos todas gentes de buena fe. Tenía la suerte de nunca haber visto a ningún legionario, no quería ser testigo de tal espectáculo, porque decían que el que veía uno, acababa muerto o capturado.
    A mi allí... me consideraban “especial”, por no utilizar el termino “diferente” o “raro”, ya que a partir de los 7 años, se me empezó a poner el pelo de un color... como plata... y siguió extendiéndose ese color al cabo de los años, hasta ser casi todo de ese inusual color de pelo. Además tenía el pelo un poco largo por lo que la extensión de ese color era mayor y era más visible.
    En el poblado estábamos los más jóvenes, Laura, que era la más pequeña con 8 años, llevaba toda la vida allí, era rubia, de pelo largo. Ella siempre era muy suelta y siempre se comunicaba con todos de una manera muy abierta. El segundo más joven, era Qiang, él tenía 15 años y tenía el pelo negro y corto, medía casi como yo, le echaron de China con 5 años, cuando sus padres murieron defendiéndole de la legión del Dragón, eso decía recordar y que luego fue llevado a aquel poblado. Era muy serio, pero con nosotros era más suelto, a él se le daban muy bien las artes marciales, al parecer de pequeño había visto bastante lucha y recordaba algo, además sus conocimientos los ponía a la práctica para materializar aquellos borrosos recuerdos que le gustaría recordar del todo, pero que sabía que le resultaría imposible ya que fue hace demasiado tiempo. Él me enseñaba combate cuerpo a cuerpo con palos largos de por allí tirados por el suelo. Yo era el mayor de los pequeños, era alto, bastante suelto y abierto con todos, pero en el fondo a todas horas, siempre consciente de lo que pasaba fuera de toda la felicidad que era nuestro pueblo y consciente a la vez de que aquello no duraría eternamente.
    Nosotros sabíamos todo lo que había ahí fuera por que teníamos a muchos de todas partes del mundo que habían venido a refugiarse de la muerte.
    Yo llevaba toda la vida en aquella montaña, y me enseñaron muchas cosas, como el lugar de la montaña en la que estábamos, que la llamábamos “la Salto del Diablo”. Estaba vallado por completo para que nadie pudiera caerse, era casi vertical, pero no del todo, al parecer si hacías un mal movimiento te caías rodando hasta abajo... hasta morir, ya que tenia bastante distancia de largo. Desde aquel lugar podía verse la paz, una gran explanada verde, al agachar la vista podía verse que a gran distancia estaba el suelo.
    Lo que nadie sabía, era lo que estaba por llegar y aquello contra lo que nadie estaba preparado.
    A mediodía, un día bonito y soleado, por el camino de subida vimos a un hombre de pelo marrón y corto, y en la cabeza llevaba piel de la cabeza de un jaguar, igual que el resto de la ropa, que era piel de jaguar.
    - Diecisiete, chico, entregádmelo.
    Parecía que nos hablaba como si no entendiéramos su idioma, y además, yo era el único de esa edad, por lo que nadie me miró ni dijo nada para que no pudiera saber quien era. Y al ver que no obtenía respuesta, volvió a hablar:
    - ¿No será fácil? ¿Eh?
    Dio un chasquido de dedos y... grandes jaguares empezaron a surgir del bosque, que al parecer habían estado esperando la orden de su amo.
    - Legión del Jaguar, ¿Qué queréis?, se supone que no nos haríais nada –dijo el jefe de nuestro pueblo.
    Era el más anciano del poblado, tenía el pelo blanco por completo y a pesar de su edad estaba con todas sus facultades mentales.
    El hombre misterioso le miró sonriendo y se acercaba a nosotros al igual que sus seguidores, arrinconándonos en la valla del Salto del Diablo. Todos estábamos asustados y no teníamos modo de escape.
    - Y no os haremos nada, si nos entregáis al chico de diecisiete que hay en esta aldeucha. –dijo con desprecio.
    - ¿Y quién eres tú extranjero? ¿Y cómo habéis sabido que estábamos aquí? –volvió a hablar nuestro jefe.
    - ¿De verdad quieres saberlo?... yo, soy Eric, el líder de la legión del Jaguar, el rey, el Dios del mundo. –dijo con palabras firmes y elevando los brazos y la vista como si de un propio dios se tratase. Parecía creerse sus palabras y tenía derecho, ya que tenía a todo el mundo aterrorizado y bajo su control y dentro de poco nosotros también íbamos a estarlo.
    - ¿Cómo sabías que estábamos aquí? – volvió a preguntar.
    - No lo sabía… sabíamos que era en algún lugar por aquí cerca pero no sabíamos exactamente donde. Los de una aldea cercana sí lo… sabían. Solo dejamos a un superviviente para que nos dijera dónde estabais a cambio de vivir.  Y le dejamos vivir… sin miedo. Y os pasará igual… si no me lo entregáis. – dijo esta vez mirándome.
    Me quedé paralizado, me había encontrado, no sabía que quería de mí, pero solamente cabía como opción la muerte.
    - Corre Jlynn -dijo nuestro representante.
    Sin pensármelo dos veces, cogí a la pequeña Laura en brazos, rompí de una fuerte patada un tablón de la valla y me lancé al Salto del Diablo.
    - ¡NO! –pude oír de boca de Eric que estaba furioso.
    Laura gritaba, pues sabía que por ahí no se podía ir.
    Pero yo sabía lo que hacía… pues una noche un año atrás, sin permiso de nadie y sin que nadie fuera consciente, probé a deslizarme por la larga y temerosa pendiente. No sé por qué lo hice, tal vez sabía que debía saltar por allí algún día… no lo sé… pero me sirvió para aquella ocasión.
    Tenía a Laura en brazos, pero aún así podía mantener el equilibrio, iba demasiado rápido ya que llevaba más peso, por lo que al llegar casi al final solté a Laura que se deslizara un poco ya que no había peligro. Ella cayó bien, yo acabé rodando un poco más lejos, pero no me hice ningún rasguño. Cuando miré arriba pude ver que Qiang se acercaba deslizándose también. Acabó frenando a mi lado y me estrechó la mano para ayudarme a levantarme. Desde luego tenía un completo control sobre su cuerpo y su equilibrio.
    - Tenemos que irnos –dijo él mientras ayudaba a Laura a incorporarse.
    Miramos arriba y pudimos ver un par de Jaguares que bajaban a toda velocidad por la otra entrada al pueblo.
    - Debemos irnos al refugio –dije mientras corríamos hacia allí.
    Era un lugar cercano con altas plantas malolientes que impedían el rastreo de quien estaba allí y estábamos en lo cierto. Estuvimos allí hasta el día siguiente. Pensamos en ir al poblado cercano que Eric decía haber masacrado por si había sobrevivido alguien, o si había algo que se pudiera aprovechar, como algo de comida, ya que no pudimos coger nada por la repentina visita de Eric y sus secuaces.
    Al salir pudimos llegar al poblado vecino sin ninguna molestia, solo el cansancio, el hambre y la sed, siempre temporales compañeros de viaje si no se evitaba.
    Pudimos ver, que no quemaron la aldea para que nosotros a la lejanía, no pudiéramos darnos cuenta y no pudiéramos huir.
    - Miremos rápido, ahora podrían volver, ya pueden quemar la aldea sin impedimento –dije.
    Entonces, nos sumergimos en la búsqueda de alguien de entre los cincuenta y pocos cadáveres, que en su momento fueron los componentes de la aldea. Algunos llevaban instrumentos de trabajo, como arma improvisada en la mano o cerca del cuerpo caído en la injusta batalla. El resto, no importaba la edad, tenían aún grabada la cara de terror en el instante de la muerte ante la horrenda visión de la sangre de los suyos o la suya propia derramada sin sentido alguno.
    Solo uno de los cadáveres era diferente, llevaba una armadura, los aldeanos llevaban arañazos y mordiscos y al parecer, aquel soldado era un Jaguar que murió a manos de los pobres pueblerinos y al morir volvió a su forma humana.
    No vimos nada útil en las tiendas que había. Cuando estábamos dispuestos a irnos y a olvidar aquella visión de cadáveres, oímos un ruido entre los muertos.
    Nos giramos y vimos que uno de los muertos empezó a ponerse de pie, mientras se tambaleaba y temblaba, suspiraba desesperadamente en busca de aire para sus pulmones. Era un hombre anciano con largo pelo de color blanco, llevaba una túnica grisácea. Cuando se estabilizó, se giró hacia nosotros y nos miró.


2. El misterioso mago

    Todos nos quedamos mirando al misterioso hombre que acababa de revivir, que se había escapado de las tenebrosas garras de la muerte y había vuelto ante nosotros.
    - ¿Quién eres? –le pregunté desde la distancia.
    - Soy un mago… he resucitado con mi hechizo y…
    - ¡Eres un maldito mago! – Dije furioso. No me importaba de qué lado asegurara venir.
    - No estoy maldito y yo soy bueno, conocí a tu…
    - ¿A mí qué?... yo no tengo a nadie mis pad… -Me corté al pensar que me dijeron que mis padres eran magos, tal vez él los conociera o pudiera decirle si estaban vivos, o alguna verdad sobre ellos. No quería fiarse de él, pero la necesidad le podía.
    - Madre –pudo acabar la frase. – Soy Gulder.
    Entonces todos se quedaron quietos, querían huir por si acaso de repente empezaba a lanzar conjuros oscuros, pero querían saber si era verdad.
    - Y tengo mucho que contar sobre todos, Laura, Qiang… Flynn…
    No cabía duda… les conocía, ¿pero de qué? Todos se miraron, pero ninguno parecía haberle visto nunca.
    - Está bien… Gulder… te vienes con nosotros… -entonces cogí la espada que portaba el soldado muerto y le señalé con ella- pero sin trucos.
    Laura le miraba con curiosidad.
    - Podemos fiarnos de él… no sé por qué –dijo ella.
    - Vámonos pues antes de que nos encuentren –dijo Qiang.
    Entonces nos pusimos en marcha hacia una cueva cercana que casi nadie conocía, no creíamos posible que nos dieran alcance o nos encontraran allí, era imposible.
    En un principio nos quedamos fuera porque dentro estaba muy oscuro, no la recordaba tan oscura como en aquel momento. No era demasiado profunda, pero no me fiaba de entrar y que el mago aprovechara la oscuridad para atacarnos y matarnos allí mismo.
    De repente entró en la cueva una llama que se colocó en el fondo dando luz a toda la cueva. Me giré al igual que todos hacia Gulder, el cual había generado aquella llama.
    - ¿Ahora es más acogedor no?- dijo con una sonrisa intentando romper el hielo y la tensión.
    Laura se rió, desde un principio se notaba que le había caído bien, que confiaba en él aunque nunca le hubiera visto.
    Entró primero y se sentó al fondo de la cueva, nosotros entramos tras él y nos sentamos frente a él, examinándole a fondo, mirándole de arriba a abajo.
    - Flynn… tus padres no son quienes pensabas…
    Me quedé paralizado… mi sangre se heló… mi corazón parecía haber dejado de latir.
    - Laura… tus padres eran los magos… tú… eres una maga.
    En ese momento pudimos comprender por qué ella tenía tan buenas vibraciones respecto al mago. Ambos eran magos.
    - Por eso os han encontrado… por eso sabían dónde estabais… por que tienen magos que pueden detectar donde se encuentran otros magos… y te vieron.
    Ella parecía sentirse mal.
    - Pero tranquila… no quiero decir que todo esto haya sido culpa tuya… ya sabían que estabais allí desde el principio.
    - ¿Y por qué ahora? –preguntó Qiang.
    - Veo que vais cogiendo el ritmo, jehe –dijo simpáticamente Gulder- Veréis… Laura, tus padres te trajeron a la aldea al saber que debías ayudar a Flynn…
    - ¿Cómo lo supieron?... –Preguntó Qiang de nuevo.
    Por una poderosa maga que ya murió hace tiempo… que profetizó el nacimiento de una maga… un guerrero… y un híbrido.
    Entonces hice cuentas: Laura era la maga, Qiang era el guerrero… entonces…
    - ¿Yo…? ¿Híbrido?... –pregunté asustado.
    ¿Hibrido entre qué?... ¿Qué podía hacer?... ¿Era peligroso y no lo sabía?... ¿Quiénes eran mis padres entonces?... Tenía demasiadas preguntas juntas.
    - Humano… y… Tigre blanco.
    Se provocó un intenso, profundo e incómodo silencio.
    - Tu madre, era como una legionaria… podía transformarse en tigresa blanca… era natural de los tigres de los más profundo del norte… donde el blanco es el color imperante, hasta donde alcanza la vista… la imaginación… Aquella maga, vio aquello y me envió a por Natasha… tu madre. Queríamos saber si era posible algo así… ella conoció a Flynn… tu padre.
    No podía creerlo… la verdad ante él y no podía creerla…
    - Tú Qiang. –entonces él puso la oreja más que antes- Tus padres eran guerreros que luchaban contra la legión del Dragón… de un modo u otro te transmitieron su fuerza y tu guardián te trajo hasta aquí siguiendo las órdenes de la maga. ¿Sino por qué te traerían aquí entre tantos lugares en el mundo?
    Él decía tener recuerdos borrosos… imágenes que no tenían sentido… pero aunque seguía sin recordarlas las piezas empezaban a encajar.
    - Pero… ¿si lo sabían desde siempre que estabais allí por qué han venido ahora? –preguntó Gulder intentando meternos un acertijo en la cabeza.
    - Mi cumpleaños es dentro de poco y… mi pelo es casi plateado por completo… -pude relacionar por completo mi color de pelo con mi madre… era un Tigre blanco… y ese era su color de pelo.
    - Nadie acabó bien… todos fueron exterminados por Eric y los suyos… pero ahora estáis aquí vosotros… sus descendientes –se puso repentinamente de pie- para continuar con su cometido, acabar con el inmortal Eric.
    - ¿Inmortal?... ¿Debemos acabar con un inmortal?... ¿Y cómo? –pregunté sorprendido ya que nunca había oído aquello.
    - No lo sé si os soy sincero… solo sé que os hablarán de ello en otro lugar. En el norte…
    - ¿Y cómo iremos? –preguntó Qiang.
    - Yo no lo sé… ella sí.- dijo Gulter tranquilamente y con una sonrisa mientras la miraba.
    Todos la miramos y ella nos miró a todos sin saber qué hacer.
    - La noche sin luna… esta noche podremos ir. –dijo Gulter- Hasta entonces debemos permanecer aquí quietos.
    Hasta que cayó la noche estuvimos callados. Acabábamos de desvelar la verdad sobre nuestro pasado, ahora debíamos resolver nuestro futuro.
    Al caer la noche salimos de la cueva y Gulter nos pidió que formáramos un círculo y nos cogiéramos de la mano.
    - ¿Y ahora qué? –Pregunté.
    - … -Laura empezó a susurrar algo inteligible y que no parecía de ingún idioma convencional.
    - Ya ha comenzado –dijo Gulter con una sonrisa.
    Entonces en un momento sentí como si me moviera a mucha velocidad en la oscuridad.
    Me encontraba tumbado en el suelo al igual que todos. Entonces nos levantamos y pudimos ver lo prometido: nieve…
    Hacía mucho aire, había mucha nieve pero no hacía frío. Entonces me miré  las manos y pude ver que estaba protegido por una especie de aura roja, al igual que los demás, estábamos cubiertos para no tener frío. Todos miramos a Gulter:
    - Yo no he sido –dijo con una sonrisa.
    Entonces detrás de mí pude notar que algo se acercaba. Podía escuchar como sus pisadas se acercaban pesadamente:
    - Bienvenidos.


3. El nuevo poder

    Me giré y pude ver un tigre blanco. Era majestuoso, increíble.
    - Al fín habéis venido. –tenía una voz adulta que inspiraba confianza.
    - Soy Flynn.
    - Lo sé… ya me dijo la maga que vendríais… lástima que muriera… nos sería de gran ayuda ahora.
    Entonces Gulter se adelantó.
    - Vaya Gulter, cuánto tiempo… -dijo el tigre alegremente.
    - Tú estás igual –respondió.
    - ¿Vosotros sois inmortales como Eric? –pregunté ante ese comentario.
    - Solo somos inmunes al tiempo… pero si nos mataran no reviviríamos. Por eso no atacamos a nadie… somos una resistencia oculta del mundo como podéis ver. Solo atacamos si nos atacan o si es estrictamente necesario. Pero no somos tantos como ellos. –entonces el viento paró y pudimos ver centenares de tigres blancos, tal vez más.
    - ¿No necesitáis comida? –preguntó Laura.
    - Esa es una ventaja de ser inmortales, no la necesitamos.
    - ¿Cómo acabamos con las legiones? –preguntó Qiang.
    - Buena pregunta guerrero, a lo que debo responderte que, antes de ir a por Eric, hay que debilitarle, pero no directamente, sino a las otras legiones, hay que dejarle solo. Hay que derrotar a los líderes de las otras dos legiones, que tras caer cada uno los otros no podrán volver a transformarse o desaparecerán. Así de simple.
    Quedamos pensativos ante aquello.
    - Los líderes de las legiones del Dragón y del Ghoul son como nosotros, inmortales al tiempo, pero mortales a su vez, eso sí, son muy poderosos. Sobre todo los dragones… como tú. –entonces miró a Qiang.
    - … ¿Yo? –se sorprendió.
    - Sí… tus padres eran legionarios, que se oponían a la tiranía, por lo que fueron perseguidos, pero consiguieron refugiarte a tiempo y sacarte de china antes de que te capturaran a ti también… ya que los legionarios te matarían al ver que tus padres al igual que tú teníais un alma bondadosa.
    Todos quedamos perplejos ante aquello, por aquella razón era tan hágil, era hijo de unos guerreros legionarios dragones.
    - Tú… Flynn, eres el “Vengador”… el que devolverá la paz al mundo.
    Entonces sentí como sobre mis hombros se posaba una gran responsabilidad, que el mundo dependía de mí… pero que debía ser así, estaba dispuesto, preparado y no estaba solo.
    - Ahora, os quedaréis hasta que Flynn cumpla años mañana.
    Había perdido las cuentas, creía que sería unos días más tarde, pero estaba en lo cierto, pocas horas después iba a cumplir dieciocho años.
    Entre tanto, Gulter le enseñó a Qiang a descubrir su poder. Pudimos ver todos como tras relajarse y concentrarse, cuando abrió los ojos los tenía diferentes, eran de un color amarillo brillante, sus pupilas eran de dragón, negras como la noche. Se notaba mucho más fuerte, no podía transformarse, o tal vez no de momento, pero podría hacer justicia.
    Gulter le enseñó a Laura algunos hechizos, ella aprendía a un ritmo increíble, tenía un don natural para la magia.
    Yo al cabo de pocas horas, sentí cómo todo el suelo temblaba, todos se apartaron por lo que pudiera suceder. Todo se inundó de una brillante luz, tras unos segundos se disipó y pude ver que todos me miraban, vi mi pelo reflejado en un charco helado cercano y pude ver que era completamente plateado, sin excepción.
    - Feliz cumpleaños –dijo Laura.
    - Me siento… increíble… -dije mirándome las manos. Me sentía capaz de cualquier cosa.
    - Perfectos, así os ha creado el destino, el cual escribe el principio de la historia. Ahora vosotros debéis escribir el final. –dijo el tigre orgulloso de nosotros.
    - ¿Tú no vienes Gulter? –preguntó Laura.
    - Me temo que no… soy muy viejo para eso, además, tengo otros planes, pero volveremos a vernos pronto. Os teletransportaré a china con mi conjuro.
    Antes de eso el tigre se acercó a mí:
    - Flynn… tú te transformarás en lo que menos esperas en el momento más oportuno.
    Se me pusieron los ojos como platos de alegría. Pero no tenía tiempo para eso, mis amigos esperaban.
    Entonces Gulter dijo unas palabras que nos provocó la misma sensación que cuando fuimos transportados a aquel páramo blanco.
    En un momento, abrí los ojos y pude ver que estábamos en una explanada verde, era hermoso, no podía creer que estuviéramos allí. Qiang tenía la vista puesta en el cielo, tal vez pensando en qué haría una vez allí, después de tanto tiempo.
    Allí empezaba nuestro viaje y nuestro primer objetivo era destruir a la legión del Dragón.


Tomás Lobato Brotons
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