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Kidnapped

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Long Fic Kidnapped

Mensaje por Kayr el Mar Mayo 27, 2014 5:51 pm

Título: Kidnapped
Tipo. Long Fic
Género: Drama
Clasificación. +18
Advertencias: Lenguaje soez, leve tortura y posible muerte de un personaje.
Permisos: No cedo los permisos a nadie. Obra registrada en Safe Creative, todos los documentos me acreditan como creadora y propietaria del escrito, para más información comunicarse conmigo.
Publicaciones: Potterfics (Bajo el mismo nick), Fanficslandia (Bajo el mismo nick) y Fanfic.es (Bajo el mismo nick)


Nota inicial de la autora: Este escrito se me ha ocurrido de manera casual y espero que no moleste a nadie y que guste a muchas personas. El principio lo saqué de un sueño que tuve hace algunas lunas y que me gustó mucho, por ello he decidido desarrollarlo.


Prólogo.
Ahogó el sollozo que deseaba escapar de sus labios apretando la delgada almohada –o algo que se le parecía– contra su rostro. Cada vez sentía más húmeda la tela que cubría sus ojos y que no le permitía ver aquello que la rodeaba debido a las lágrimas que se le escapaban. Estaba aterrada, sabía que no podía mover las manos pero ella no dejaba de intentarlo una y otra vez, haciéndose más daño cada vez. Ahogó un nuevo sollozo cuando, aun con el deseo de abrir los ojos y ver que estaba a salvo en su hogar, tuvo la certeza de que nada bueno iba a salir de todo eso. Una cosa era saber que alguien te ha secuestrado, pero otra muy distinta era darse cuenta de que se hallaba vulnerable bajo las manos de cualquiera. Este pensamiento hizo que dejara escapar el primer sollozo, al que seguirían unos cuantos más. «No arreglarás nada llorando» Se dijo a sí misma tratando de infundirse valor. Intentó prestar más atención a lo que la rodeaba para ver si tenía alguna oportunidad de escapar. Parecía encontrarse sobre una cama –que bien podía haber sido llamada tablón de madera con un delgado colchón– y el frío comenzaba a calarse en sus huesos, cosa extraña cuando el verano se encontraba en todo su apogeo. Escuchó el rumor de pasos y trató, de forma frenética, de quitarse las ligaduras que mantenían juntas sus muñecas.
Ella está aquí, jefe —La excitada y divertida voz que se escuchaba parecía amortiguada por una puerta, y se dio cuenta de que tenía razón cuando escuchó el sonido de un cerrojo exterior descorrerse. Frunció los labios y trató de simular que continuaba dormida, aunque el miedo no permitía que su cuerpo dejara de temblar y eso hacía casi imposible su cometido. Deseaba saber por qué motivo estaba ahí. ¿Cómo había llegado? Esa pregunta, a la cual no había prestado atención antes, comenzó a formarse en su mente aunque una densa neblina parecía predominar y no le permitía recordar que había ocurrido—. Está atada y no puede moverse de ninguna manera. Nosotros nos encargamos de eso.
Trató de prestar atención a la voz que había hablado antes para intentar adivinar algo más. Sabía que otra persona lo acompañaba ya que había llamado a alguien jefe y por alguna razón eso hizo que su terror aumentase. Recordó de pronto que desde hacía unos meses habían comenzado a desaparecer chicas jóvenes. Todas ellas hermosas y de medidas 90-60-90. Pero ella no era así, se dijo, era una joven más bien normalita. Con el pelo largo, castaño y leonino. Un cabello que le costaba una barbaridad arreglar. También tenía unos ojos marrones de lo más comunes, aunque su particularidad es que eran muy grandes y casi siempre llenos de un brillo de curiosidad. Con respecto a su cuerpo, era medianamente alta y no estaba delgada como una modelo, pero tampoco estaba gorda. Salió de sus pensamientos cuando escuchó un golpe seco antes de oír como algo se desplomaba en el suelo. El sonido la había sobresaltado y había conseguido que volviera nuevamente a un estado sumido en el miedo. Trató de encogerse sobre sí misma y cubrirse con sus manos, pero recordó dolorosamente que no podía hacerlo. Detuvo sus movimientos cuando llegó a sus oídos el eco de unos pasos que se acercaban a ella. Contuvo la respiración cuando supo que una de las personas que se encontraban en esa habitación se había detenido al lado de su camastro. Rogó para sus adentros que no le hiciera ningún tipo de daño. Escuchó el crujido que la ropa hacía cuando él se agachó y sintió el aroma del desconocido que se había acercado. Apenas unos segundos después comenzó a sentir la ligera caricia de unos dedos que se pasearon por su rostro y apartaron algunos mechones del cabello que lo cubría, pero no movió en ningún momento la tela tras la que se escondían sus ojos. Sintió que la caricia, deliberadamente tranquila, de la silenciosa persona volvía a comenzar, siendo dirigida esta vez hacia abajo. En lo que pareció ser un movimiento rápido tomó a la joven por el cuello de forma brusca, haciendo que un gemido de terror le hiciera ver que había estado despierta.
Imaginaba que no dormías —El frío y duro tono que había usado hizo que las ganas de llorar se acrecentaran en el interior de la joven. Por un momento la voz le había resultado familiar, pero la densa neblina que se encontraba completamente extendida por su mente no le permitía pensar con claridad. De forma resuelta él alejó la mano de su cuello y se levantó, alejándose con fuertes y largos pasos del camastro. La puerta se cerró de golpe, amortiguando los sonidos del otro lado un poco. A sus oídos llegó un golpe, y otro, y luego otro más—. No era ella.
Pues podemos dejarla ir —había dicho alguien entre tartamudeos. Y el silencio comenzó a extenderse tras esas palabras, dejando que la joven comenzara a sentir algo de esperanza. No había podido ver a nadie, no sabía nada de ellos y la podían dejar escapar de ahí ya que no podría ir a la policía con nada. El inconfundible –y desagradable– sonido de un disparo flotó en el aire hasta unos segundos después de ser ejecutado. Temió por su vida como no lo había hecho antes y un sollozo escapó de sus labios ante la certeza. Volvió a pelear contra las cuerdas que apretaban sus muñecas y como único resultado sintió que algo comenzaba a escurrirse por ella. Su sangre.
¿Alguien tiene otra espléndida idea? Es el momento de compartirla —Se trataba de la voz de aquel que la había acariciado. Del jefe, supuso. ¿Qué podría hacer ahora? Sabía que esa habría sido la única oportunidad de marcharse con vida y se la habían arrebatado—. Ella ya no podrá salir de aquí con vida.
Podemos matarla ahora —aportó una voz decidida que no había escuchado hasta entonces. Rompió a llorar ante esas palabras cargadas de cinismo. Ante el silencio –que ella se había tomado como una aprobación– ella se hizo un pequeño ovillo tratando de protegerse a sí misma, aun sabiendo que no podría hacer nada si finalmente decidían asesinarla.
Realmente estoy rodeado por incompetentes —aseveró él. Notó la ira que sentía, aun detrás del acerado tono de su voz. Percibió, aun sin estar atenta, que la puerta se abría y eso provocó que el terror se abriera paso más fieramente a través de su cuerpo. Un notable temblor dejó ver lo que sentía y pronto escuchó una risa cuyo tono no pudo reconocer, aunque sentía que no le gustaba nada—. Si quieres que algo salga bien, debes hacerlo por ti mismo. Lección aprendida.
Por favor —musitó la joven antes de morderse el labio. Le había costado demasiado reunir el coraje para hacerlo y ahora no podía quedarse callada. Sentía las lágrimas correr ya por sus mejillas y el miedo, más que darle, le arrebataba el poco valor que ya tenía. Había pensado en rogarle, suplicarle, si era necesario. Volvió a notar cómo se acercaba y se arrodillaba a su lado. Sus masculinos dedos comenzaron a acariciar su mejilla, apartando las lágrimas que corrían fuera de la húmeda tela.
No puedes llorar, todavía no sabes que es lo que te depara el futuro —comentó de forma desinteresada, aun apartando las lágrimas. Ella aguantó la respiración durante un momento para intentar sentir sus movimientos—. Si lloras ahora, cuando sepas lo que tengo preparado para ti me rogarás que te mate.
La joven dejó que un sollozo escapase de sus labios mientras trataba de alejarse de las manos que no dejaban de rozar sus mejillas. El miedo le había conseguido helar hasta los huesos y la cosa no parecía pintar nada bien para ella. Continuó notando como los dedos de él se movían sobre su rostro, apartando mechones de cabello y limpiando los regueros de lágrimas que se formaban en las mejillas. Trató de suplicar nuevamente, aunque la voz se le había quedado estancada en la garganta y no había podido emitir sonido alguno. Dejó caer la cabeza, deteniendo su intento de lucha, totalmente resignada ya. Terminó por asumir que estaba en las manos de un desconocido y que podría hacer con ella lo que quisiera.
No es tan divertido jugar si tú no intentas resistirte —dijo en un suspiro. La muchacha se mordió el labio de forma inconsciente. ¿Para qué luchar?, podía haberle dicho, no iba a haber una diferencia entre que ella peleara o que no. Es más, se dijo tratando de infundirse valor, tal vez si no das pelea te deje marchar. Advirtió como la enorme mano masculina se apartaba de su rostro y pudo dejar escapar el aire que había contenido en sus pulmones. Escuchó atentamente el sonido que hacía la ropa de él al moverse y supo, por la forma en la que se había hundido el colchón junto a su torso, que se había sentado—. La verdad es que tú no deberías ser tú quien está aquí. Si mi gente no hubiera sido tan incompetente ahora mismo podrías estar en tu casa, durmiendo. Esos idiotas tenían la orden expresa de coger a la chica que iba contigo.
Fue cuando percibió la mano nuevamente tirando hacia detrás de sus cabellos que un violento temblor se expandió por todo su cuerpo. Escuchó una ligera risa perversa escapar de los labios del hombre y dejó ella escapar un sollozo. Y después de procesar todas sus palabras, aun con la mano estimulando su rostro, la neblina que le impedía recordar comenzó a disiparse.
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Kayr


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