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La Partida [Star Wars Fanfic]

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Mini Fic La Partida [Star Wars Fanfic]

Mensaje por Valeska el Miér Ago 06, 2014 6:01 pm


  • Género: Fantasía, Aventuras.
  • Estado: Finalizado.
  • Clasificación: +13
  • Total de capítulos: Dos.
  • Lista de capítulos: 

Spoiler:

ADVERTENCIA: Se usan términos de la película como: midiclorianos, Fuerza, etc.



La Partida
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Cap I.




Meses antes del ascenso de la pequeña Linsteck, sucedieron una serie de cosas que vivió con su Maestro anterior a Satella, ''G'eld''.
Era una tarde soleada en la Academia Coruscant, como de costumbre los Iniciados y Padawan se encontraban entrenando junto con el Caballero Tarak Vatara.
Entre ellos se encontraba Circe (Padawan Jedi) que entrenaba junto con el mismo caballero. Del cansancio sus mejillas se tornaron un poco rojas, ya que su piel era pálida, y sus cabellos de un marrón oscuro, despeinados decaían sobre su suave rostro. Un rato después del entreno, ella tomó asiento en un pedazo de piedra que se encontraba ahí dentro, y algo se acercaba a la puerta. Una sombra que poseía un objeto extraño en mano entró al Salón de entrenamientos, la cuál brillaba de un blanco intenso, y rápidamente se daría cuenta de quién sería: El Aprendiz de Cónsul Phuel. Su Maestro y guía se encontraba llamando a la puerta, pareciese que tenía prisa y uno de los iniciados fue a abrirle rápidamente,  -Buenas Iniciados y Aprendices, ¿se encontrará la pequeña Circe aquí?- Dijo G'eld, dándole un vistazo a toda el aula, al momento, la Padawan le pidió ir con su Maestro, para ver qué era lo que necesitaba, o si era realmente urgente. -¡Hola Maestro! -Gritó mientras corría hacía él con tal entusiasmo, y él a lo lejos la saludaba con una mano al aire agitándola de lado a lado, y el Caballero desde a distancia podía notar como su respiración aumentaba. Seguido de eso, la bajó para sostener el bastón que siempre lleva consigo, un tanto desgastado, de madera dura y vieja, pues lo usa siempre o más bien casi siempre (en combate, excursiones... Prácticamente lo tenía a su lado mientras dormía, etc).








Al llegar con Phuel, se posó frente suya, arreglándose el cinturón y ajustándolo, le pregunta qué es lo que sucede, a lo que el espíritu le contestó: -Vamos a ir de paseo. - ¿Cuándo iremos, Maestro? ¿Es muy lejos? ¿Dónde será?- Preguntaba sin parar, y con rapidez - ¡Justo ahora! Así que ve alistando todas tus cosas, tu comunicador, tu Zpethan, ¿ese lo llevas siempre o no? Todo en una mochila, o si es que te cabe en el cinturón perfecto.- Sí, lo traigo conmigo a todos lados Maestro, fue el primer Sable láser que tuve, es especial. - Le dijo mientras se recogía el cabello al momento de que le preguntó, aunque casi no se le entendía pues para arreglarse el pelo estaba cabizbaja. G'eld dio media vuelta, retirándose de dicho salón siendo que su figura desaparecía poco a poco, repitiendo el mismo saludo con el que llegó al aula, llegó a la salida y a paso leve fue por los pasillos, pensando... organizándose, ya que quería que el viaje saliera lo mejor posible, y tener precauciones pase lo que pase (si es que pudiera suceder algo en el camino o la estancia) sólo por si acaso. Mientras tanto, Circe al terminar la clase de Esgrima Jedi, se fue del salón, despidiéndose del Caballero Tarak que prontamente se tenia que retirar de igual manera, ya que su Aprendiz le esperaba para salir de viaje igualmente (el planeta a donde se dirigían era desconocido para su Padawan, ya que era todo tipo excursión). Antes de esto, él se acercó a la chica para despedirse bien, pero le iba a decir algo más. ''Cuida de tu Maestro, que él te ha cuidado a tí''. Fueron esas las únicas palabras que le dijo, de una manera suave pero fría, dejando aparte la despedida estrechando las manos fuerte. Circe iba saliendo con su mochila, con todo lo que necesitaba pues todo ya lo había preparado, y se encontró con otro Padawan que de igual manera se va de viaje, este le saludó de lejos mientras se acercaba a ella, y al momento le dijo algo parecido como:
- Hey, ¿te vas de Coruscant igualmente? Digo, para ir a visitar un planeta. - Soltó una risa hueca al terminar de decir dicha frase, a lo que ella le respondió algo seria, sin ganas, en su voz se notaba cierta frialdad- Sí. Pero no sé a dónde iremos...-
De pronto antes de terminar de hablar ella, llegó por detrás el Caballero G'eld, tocándole el hombro derecho con su dedo indice, completando así la frase - A Felucia, Joven Padawan... ¡Un planeta verdaderamente hermoso, si hablamos de toda la vegetación que se puede encontrar en ese lugar!- Le dijo con un tono amigable, preguntándole a su vez un poco más silencioso:
- ¿Qué es lo que tienes, eh? No te noto como siempre sabes. - Le dio una palmadita en la cabeza, sin hacerle daño por supuesto - No tengo nada, es sólo que extrañaré este lugar mientras estemos fuera, igual no sé cuanto tiempo pasemos ahí... Simplemente no lo sé. -A lo que él en seguida le respondió con soltura mientras se llevaba la mano a la cabeza, como si se peinara aquellos cabellos blancos como su figura, brillantes. - No te preocupes, todo estará bien, Confía que no pasará nada malo - O eso era lo que creía al menos -. Al terminar de decir esto, él le sonrió dando una mueca ligera, mostrando algunos de sus dientes, de igual manera que la pequeña se la devolvió con los ojos entrecerrados y arqueando un poco las cejas. La imagen del Caballero se desvanecía poco a poco, pues su energía duraba poco menos de 24 horas, por lo tanto iba desapareciendo sin dejar luz de por medio,
volviéndose totalmente transparente. Él no era Celestial como Circe, ni tampoco Zabrak como su Maestro Relan Caelum ya que no tenía raza pues era un espíritu (Le gustaba jugarles bromas a los aprendices e iniciados, desapareciendo y colocándoles la capucha de la túnica mientras entrenaban y que su ''escoba'' levitara estando él presente pero que ellos no lo miraran). Los dos iban caminando por el patio, a lo lejos se encontraba una nave grande, marrón y algo vieja. Tal que abría sus puertas, y de ella se podía notar una silueta grande salir de ella, corriendo hacia Circe a gran velocidad. Esta le gritaba desde el fondo, con un tono seco y áspero: ''¡Corre aprendiz!, vamos no hay tiempo...Ven ya que la nave despega''. Al oír tal orden, los dos comenzaron a caminar cada vez más rápido, hasta correr. G'eld corría (la chica no lo entendía, pues el podía ''volar'' si él lo quería) a su lado, desapareciendo cada vez más, en lo que ella confundida simplemente le preguntaba a su Maestro qué era lo que pasaba, no lograba entenderlo. Phuel le dijo que tenía que ir, sin preguntar nada por el momento y acatar las órdenes que se le daban. El Caballero al encontrarse frente al Guardián, se le acercó para entregarle un ''palo de madera'' que había pulido el mismo, más bien tenía forma de bastón como el que tiene él, y tendría grabadas unas letras extrañas, que apenas y se notaban a simple vista. Pidiéndole que se lo entregase a su Aprendiz apenas se instalaran dentro de la nave, G'eld había desaparecido totalmente, estando presente aún frente a ella, le pidió que guardase la calma siendo que las únicas palabras que le dijo fueron ''Que la fuerza te acompañe, Joven Aprendiz... Y recuerda, no temas''.








Al percatarse de que la nave ya estaba partiendo, Circe acumuló la energía de su entorno y la canalizó en sus pies para poder usar la velocidad de la Fuerza, de modo que el Guardián repetía la misma acción sólo que dando un salto largo y rápidamente llegó a la nave sin esfuerzo, entrando rápido por la puerta jalando de las túnicas marrones a la chica haciendo que entre de igual manera. No tardaron en ascender... Y habían aproximadamente 30 personas frente a ella y quizás algunas más en otros lugares de la nave. - ¿Qué es lo que hago yo aquí, y por qué tanto misterio? - Dijo en voz baja, limpiándose el polvo de encima, cuándo de momento se le acercó el Caballero Galen que era amigo suyo dentro de Coruscant, fue con Linsteck al escucharla y se sentó a su lado cruzado de brazos, le explicó el por qué estaban dentro de esa nave, y hacia dónde se dirigía. -Como puedes ver, amiga. Esta nave se dirige hacia , es donde nosotros cuidaremos del planeta dentro del Templo Jedi que se encuentra en ese lugar. - ¿Pero cómo no me avisaron de éso? ¿Acaso es secreto? ¿Tiene algo de malo? - Preguntó sin tomar aire siquiera, él intentando tranquilizarla, le pide que respire y guarde silencio mientras escuchara atentamente lo que le iba a decir. - Nosotros tenemos que salir de este lugar, ya no es más para nosotros y es algo que debes entender. Además de que nuestro nuevo hogar necesitará nuestra ''ayuda'', pues es nuestro deber como Jedi y debes saber controlar tus emociones, que al no saber hacerlo harías simplemente que te llamen la atención, o peor aún... Te expulsen de la Orden Jedi. - Sinceramente, sólo quería saber el por qué me han subido a esta nave llena de personas, pues no entiendo lo que hacemos aquí. Pero ya me has dicho algo, aunque eso no es suficiente, sabes. - Respondió seriamente, al mismo tiempo que intentaba descolgar su comunicador, pues quería saber que era lo que le había sucedido a su Maestro que también le ocultó esto. - No lo utilices aún, no tenemos permiso de usar comunicaciones Circe. - Pero... ¿Y por qué? Realmente me parece algo estúpido impedir que podamos comunicarnos con otras personas, además, es mi Maes...- Galen la interrumpió sacándole el comunicador de la mano con rapidez, a lo que ella intentó arrancárselo de las manos nuevamente.- ¡Devuélvemelo, Galen!- Dijo a tal tono, que se escuchó por toda la nave, creando un gran eco. - Padawan. ¿Podría usted, guardar silencio por FAVOR? Que hay Iniciados intentando dormir, y usted creando un ruido inimaginable, los perturba más que nada. - Dijo el Maestro Jedi, llamándole la atención de manera molesta, bastante desagradable. - Bien. No era mi intención, ya he de irme a dormir de igual manera, no sé ni que hago aquí... Debería volverme yo sola. -Susurró al final, levantándose de su lugar y caminando hacia el cuarto de los Aprendices.- Detrás de ella vendría caminando el Guardián Rud, deteniéndola a medio camino ya que tenía que entregarle lo que el Caballero G'eld le había dado hace unas horas ya, el bastón con las siglas ''Chor Cora''. Evidentemente, lo que tenía grabado era un código... No, un código no, más bien un combo que ellos mismos idearon para la batalla. - Aquí tienes, esto es tuyo... Y que sepas, que no te quedarás en esta nave y llegarás a Taris junto con nosotros, él vendrá por ti. Así que tranquila, ve a dormir un poco que con suerte mañana G'eld está aquí, descansa. - Se retiró de el cuarto, ondeando aquellas túnicas cafés algo caladas, frígidas. La Padawan, tomó el bastón con las dos manos mientras se encontraba tirada en la cama, con aspecto de estar pensando algo, aunque realmente no tuviese nada en la mente. Sin hacer ruido lo dejó a un lado de esta, y con seguridad cerró los ojos para dormir optando una posición de lado acomodándose para descansar.
Y por otro lado, su llegada sería lo más pronto de lo que se ella se esperaba.

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Última edición por Valeska el Jue Ago 07, 2014 8:09 pm, editado 3 veces
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Mini Fic Re: La Partida [Star Wars Fanfic]

Mensaje por Valeska el Jue Ago 07, 2014 3:57 am

Spoiler:
Puse al final en el último capítulo ''Felucia''. No es una persona, es un planeta.


Réquiem

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La manifestación de la Fuerza, el fantasma, el espíritu... Muchas maneras de llamarle, pero su verdadero nombre era ''G'eld'', . Aún en Coruscant, observaba como la nave que se dirigía a Taris se iba alejando poco a poco de aquella Academia Jedi. Su imagen borrosa y medio transparente volvía a brillar, pues no había mencionado que él podía hacer que su luz regresara o desapareciera según deseara (osea, a menos que fuese de su propia voluntad). No obstante sin dejar de mirar la partida, la nave se iba yendo cada vez más y más... Hasta el punto de desaparecer de entre la atmósfera y saliese del gran Planeta al que alguna vez pertenecieron algunos Jedi, ésta se perdía entre las grandes nubes que se formaban esa tarde que se tornó fría y seca, si el aire te rozaba, sentías que te cortaba la piel, mientras que el polvo danzaba, creando pequeños tornados de tierra. Pero a él nada le afectaba ya que todo le atravesaba el cuerpo, o el ''cuerpo''. Al perder de vista a aquella nave marrón de gran tamaño, el Caballero se retiró del patio a paso rápido sin perder tiempo, no quería retrasarse, no... Más bien no podía hacerlo, atrasar el tiempo, ya que sentía una inestabilidad en la Fuerza y no se sentía seguro de lo que fuera a pasar a futuro, o en su viaje mejor dicho. En seguida, llegando al patio exterior de Coruscant, se encontraba su carcacha, o así la llamaba, claramente era su nave pero se encontraba bastante desgastada, ni un café podía hacer, y su sistema de defensa era bajo, no tardó para subir en ella y encender sus motores, aunque hacían sonidos horribles ''cragcragcrag'' se escuchaba al encenderla. Empezó a ascender en el aire, y poco a poco fue saliendo hacia la atmósfera, perdiéndose en el exterior, saliendo de el planeta. No pasó más de media hora para que se encontrara en Galaxia, y podía sentir como un tipo de Fuerza se encontraba cerca de ahí... En el espacio. En efecto, era su Aprendiz la Linsteck menor, quien se podía percibir, o al menos él la alcanzaba a sentir. Tenían una conexión grande, incluso podían utilizar la telepatía para comunicarse a larga distancia, pero esta vez no se les permitió usarla, no comunicadores, no telepatía. Nada que les permitiera conectarse con otras personas, no por ahora. Colocó las coordenadas hacia un punto exacto que quedaba a unos 90 minutos de aquel planeta con mucha flora, y fauna, un planeta realmente vivo, colorido. La nave de Taris paró, pues justo había llegado a donde se planeó, el Guardián de la paz, Rud Heart se dirigió a los dormitorios donde se encontraba la Padawan descansando, aunque no durmió lo suficiente, Heart entró con rapidez alzando un poco su tono de voz, como si estuviese dando una orden le dio un pequeño empujón para que despertase, a lo que este le decía: 
- Es hora. Toma tus cosas, tu bastón, porque al parecer su llegada ha sido más pronta de lo que esperaba, realmente... - Circe abrió los ojos al momento de sentir que la empujó algo sorprendida pues apenas había comenzado a agarrar sueño. En silencio, al terminar de coger sus cosas, el Guardián le pidió que le acompañara, porque ya no podía seguir el viaje con ellos. 
- Es él, ¿no? Puedo sentirlo. - Se dijo a sí misma, caminando por los pasillos de la nave grande donde se encontraba aún, su padre en las puertas la esperaba. - 
-Ten cuidado, hija mía. No sabes los peligros que puedes o podrías enfrentar, quiero que regreses, yo estaré al tanto aunque no me encuentre en ese lugar, contigo. - Dijo con tono amable el Reclutador, que cuidó siempre de ella. ''Sí padre, lo tendré, hasta otra.'' Fue lo único que le dijo, cuando dio media vuelta mientras las puertas se abrían de par en par, G'eld había llegado ya. Las compuertas traseras se abrieron, y las máquinas se apegaron cada vez más para que de un salto llegase la Aprendiz al otro lado. Concentró los pocos midiclorianos que se encontraban en el lugar, (pues estaban en medio de la nada, o casi nada) en sus pies, y comenzaron a brillar de un tono verdoso, no muy luminoso, impulsándose sobre una escalera que se encontraba dentro de la nave dio un salto algo largo, llegando así a la compuerta de la carcacha. Taris, se despedía de la pequeña cerrando sus puertas, y entonces el Caballero de igual manera hizo lo mismo, mientras que ella simplemente tomaba asiento en ese lugar, aunque casi no se podía ni caminar... No la habían limpiado antes, parecía. Pasó el tiempo, y Circe se creía que nunca iba a llegar a Felucia, ''siempre todo negro... Oscuro'', ese era el color que podía describir a la Galaxia en esos momentos, pensó. El pre-consular se le acercó, dejando la nave en automático, esbozando una sonrisa de gran tamaño en su rostro preguntándole que fue de su viaje, pero ella simplemente se quedó en silencio.

-Parece que no tienes ganas de hablar, o no te trataron como te lo esperabas. Pero tranquila ¿vale? Tenemos muchas cosas que hacer, aunque ya sepas a dónde vamos, pero no sabes que haremos ¡ja já! -Soltó una carcajada seca al final de hablar, despeinando el cabello de la Joven Aprendiz. 
- Bueno, a ver cuando llegamos eh, siento esa necesidad de correr ahora, y en este lugar tan chico no se puede... - Pateó una caja llena de comederos sucios, con tal fuerza que algunos de ellos se rompieron, y al segundo la nave comenzó a tambalearse, como si fuese a caer y rápidamente se puso de pie, o casi de pie, ya que ni eso se podía hacer en el interior de esta. Phuel, tomando los controles logró establecerla, siendo que ellos ya estaban volando encima del planeta... Comenzaron a descender poco a poco, y Circe asombrada se fijaba por aquella ventana, la única de hecho que tenía la pequeña carcacha. Hermoso, se le podía describir con esa palabra, todo brillaba, todo estaba más que vivo en el.


Felucia
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Llegaron. La luz era escasa esa tarde y las nubes espesas, pero aún las plantas brillaban, todo vivo. El color del lugar sorprendió a Circe por completo, pues nunca había visto así en su vida, o en su corta vida diría. Sus ojos marrones se engrandecían al ver tal belleza de planeta, -quisiera vivir aquí -. Susurró para sí. 

El Caballero a escucharla recordó lo que le dijo sobre las ganas de correr, se abrieron las compuertas de la nave, y se apagaron los motores hasta que decidieron bajar, ya que podían sentir como se encontraría la Fuerza, y en ese momento no se encontraba en desorden, creían. Empezaron a caminar por aquél lugar lleno de plantas y pequeños animales, Phuel, con su bastón en mano derecha, y una pequeña mochila en el brazo izquierdo que contenía comida, agua, etc. Para sobrevivir y alimentarse en el camino/su estancia. La pequeña Linsteck recogía algunas piedras del suelo, hojas ''sin'' vida, y lo que se encontrara a su paso, pues quería tener un recuerdo del lugar que habría visitado alguna vez que quizás no vaya a volver a ir en algún tiempo. Pronto comenzó a oscurecer, se tornaba de noche y la luz desaparecía poco a poco, ni las plantas lograban iluminar bien el lugar, entonces G'eld hizo un pequeño sonido como glik, el cual pareciera que aprietan un botón para encender algo, y él comenzó a brillar en su totalidad, de un blanco seco, -¡Parece Sol!, ¿no puede bajar un poco su luz? No estoy segura... De que nos encontremos solos en este lugar ¿sabe? -Dijo con un tono quebrado en su voz-.

-Es mejor que nos quedemos aquí, y acampemos, o si prefiere que alguno le haga guardia al otro. - No hace falta, Aprendiz, descanse que estaré alerta a cualquier cosa que se presente. -No pudo dormir, se escuchaban unos gritos en algún lugar del planeta, eran realmente desgarradores, como si le estuviesen cortando las piernas a un animal... O no, más bien, a un ''humano''. Tenía que ser.
 Siendo aún de noche, el joven y la chica castaña decidieron ir en busca de dónde provenían esos gritos que no cesaban, no podían dejarlo pasar. Corrieron a través de la flora, teniendo cuidado de no despertar a los animales que se podían encontrar en su camino, y a lo lejos se encontraba una aldea, rodeada de una luz roja... Gigantesca. -Es... ¿Eso es fuego, Maestro? -Preguntó guardando distancia detrás de él, y el fantasma se detuvo, haciéndole saber con una seña que tenía que quedarse ahí, y que se pusiera la capucha para tener en secreto su identidad. Al ver que habían varias personas corriendo al rededor, gritando, una encontró a Circe, era un feluciano. No se notaba que la fuerza corriera dentro de él, pero tenía varias marcas en sus ropas desgarradas, le hacía falta una extremidad en el cuerpo... Su brazo izquierdo, no tenía, pidiendo auxilio corrió en dirección donde estaba la chica encapuchada. Desesperado, intentaba hablar, el miedo le recorría las venas, como si algo realmente le estuviese ahorcando el cuello. La mirada de Circe se iluminó por un flash de color azul, uno celeste... Frente a ella, sus ojos inocentes observaban la muerte rápida y dolorosa de un ser inocente. Pudo observar como su alma se desvanecía poco a poco, y su única esperanza era pensar que no existe la muerte, está la Fuerza. Una silueta detrás del cuerpo fallecido se acercaba hacia ella, a cinco metros de distancia se podía notar que éste cargaba una espada láser, de un color rojo intenso, el desconocido era alto, y mientras se iba acercando se le notaban los ropajes y la túnica negras, el aire se tornó helado, aunque el fuego ardiera detrás de este, encapuchado, pareciera que no le afectaba. Estando frente a ella, el sujeto se detuvo a medio camino, colocándose en una posición de defensa, Circe llevó su mano izquierda a su cinturón, descolgando de éste su Sable láser Zpethan, encendiéndolo y una hoja de un color morado salió, poniéndolo frente a su rostro, se iluminó. Estaba más que claro, ese sujeto no era un Jedi, o un Investigador. No tenía idea de qué o quién podría ser.

-¿Te sofoca ver como va desapareciendo poco a poco esta gente, que sabes que no volverán a la vida, y que no pudiste salvarlos? -Dijo con un tono burlón, optando por acercarse cada vez más a ella...  -¿A ti te provoca placer, venir a un planeta al que sabes que no tienes nada que hacer aquí, ah?- Respondió, con una mirada retadora, él simplemente apagó su sable, aquél color rojo que iluminaba un lado de sus túnicas había desaparecido. Siendo que lo colgó de vuelta en donde correspondía. A paso lento, se fue acercando cada vez más y más a la Aprendiz Linsteck, esta, con sable aún en mano simplemente le observaba como el sujeto se retiraba la capucha de la túnica, que no le permitía ver su rostro, miró con atención. 

Figura grande, cabellos de un marrón oscuro, los cuales le llegaban casi a los hombros, enmarcaba un rostro regular, impasible... Nunca lo había visto.  De pie frente a la chica dijo en voz baja, sosegada - Xesh. - Había lanzado su nombre como un desafío, observándola con su mirada inmóvil y glacial, de unos ojos color negro intensos, que pronto se tornarían de un rojo sombrío. - Así que, ¿ese es tu nombre, Xesh? ¿De dónde vienes, y por qué has hecho esta atrocidad? -Esto es algo que realmente no te incumbe, y que no te voy a proporcionar. - Dijo nuevamente, respondiendole a Circe de manera fría, pero tranquila. - No piensas atacarme, ¿o sí? - No, pero necesito que me digas tu nombre, y el de tu Maestro, si es que no tienes ganas de morir... Si las tienes, entrégame tu sable láser, que con él mismo te cortaré la cabeza, o puedo hacerlo con cada parte de tu cuerpo, si quieres. -Parecía una broma. 

Confundida, la desesperación comenzaba a abarcarla cada vez más, lentamente, mientras que Xesh se cruzaba de brazos, chasqueando los dedos para apresurar un poco más a la chica. No sabía por qué, pero comenzó a sudar de manera precipitada, y no le quedó de otra mas que decir los nombres, - Yo, Circe Linsteck, Padawan Jedi de G'eld.- Se atrevió, desviando la mirada hacia uno de los lados, observando como la gente aún corría pidiendo ayuda, aunque nadie más que ellos dos se encontraran ahí. - Tú, Linsteck, eres una pequeñaja que aún no entiende lo que pasa realmente con la Fuerza. No sabes nada. 

-Te dejaré vivir. pero no lo tomes como una muestra de debilidad por mi parte, pues la débil aquí eres tú. -Sin dejar aquella posición de defensa, ella no hacía más que mirarle, no directamente a los ojos, pues sabía lo que podía pasar.

Absténganse de mirar a los ojos a un ser oscuro que podrían morir de inmediato, hagan caso a lo que les digo. Esas fueron una de las frases más famosas de una vieja Maestra dentro de Coruscant, que se hizo una con la Fuerza esa misma noche... Que sucedió algo parecido a lo que en Felucia. El sujeto de anchos hombros, se colocó nuevamente la capucha, pasando a un costado de Circe. Apagó rápidamente su Sable láser, colgándolo en su cinturón, mientras que Xesh, el extraño encapuchado se iba retirando, mientras que ella comenzó a crear una esfera roja en sus dos manos, una concentración de Fuerza acumulada en una esfera enorme, sin que este se de cuenta (o al menos ella pensaba éso). Se la lanzó con gran precisión al sujeto, que creía que no alcanzaría a defenderse. Al contrario, él, desenvainando una espada láser de gran tamaño, un rojo oscuro destacó de esta, y rápidamente la clavó en el lado izquierdo del estómago de la chica, dejándola inmóvil en el suelo, y desenterrando el arma dentro de ella, le dijo con sequedad - Quizás hasta otra, ah... Y algo más, atacar por la espalda no es digno de un Jedi... Tienes principios al parecer. - Xesh enfundó su espada, sus fosas nasales dejaban escapar un soplido gélido, seco. Finalmente, le dio un último vistazo a la Padawan Jedi que se encontraba en el suelo, desangrándose cada vez más. - Hasta luego, Aprendiz. -Le miró, y volviendo a su camino desapareció. 

En cambio, ella había perdido la consciencia, quedando desmayada en el suelo sin ningún conocimiento. El Aprendiz a Cónsul, alarmado por aquél desequilibrio en la Fuerza, sin siquiera darse cuenta, pasó al lado del atacante de la chica. La Fuerza se encontraba realmente perturbadora en esos momentos, y se apresuró para llevar a los aldeanos de Felucia hacia un lugar más seguro, para  luego devolverse él hacia donde se encontraría a punto de morir  por desangrado su Padawan. - Llegué... ¡Por el amor de cien wookies! ¿Qué ha sucedido aquí? - Dio un grito ahogado, colocando las manos en su herida, la cual se encontraba en la parte baja de su estómago, estas comenzaron a brillar, pues concentraba todos los midiclorianos que se encontraban en aquel lugar ya sin vida (una parte, donde se encontraban), -Espero que lo que se encuentre en este lugar me sea de ayuda para sanarte, realmente sabía que algo iba a pasar, pero no esto... - Decía mientras intentaba regenerar sus tejidos, y sanar algunos órganos dañados, o si es que fueron afectados. 

Tiempo después, ella despertó dentro de una cabaña con el simple recuerdo de ese sujeto, del que seguramente volvería a ver en algún momento, si la Fuerza lo permite. - Me alegra, que hayas despertado al fin, ¡niña! - Escuchaba una voz a lo lejos, como si se encontrara a menos de un metro de ella, era su Maestro, que logró salvarla de una muerte temprana. -Gracias, por venir a por mi, yo no pude. - Le dijo, con voz media ronca. - No es nada, dime... ¿Qué pasó? No entiendo, esa herida que tenías era una grave, una que solo provocan las Espadas Sith, ¿tuviste un encuentro con uno, eh? - De todo lo que G'eld hablaba, Circe no podía entender lo que le decía, pues sentía que por telepatía había creado un vínculo con él, con ese ser lleno de oscuridad. 

''Apuesto a que tienes aún en tu cabeza aquellas imágenes de esas personas, corriendo... Pidiendo tu ayuda, sin embargo, tú no pudiste ir a socorrerlas... Dejaste que murieran.''
 - No quise, no quise, no quise. -Se llevó las dos manos a los oídos (mientras lo gritaba) como si fuese a arrancarse las orejas, pues le retumbaba ese mensaje en la cabeza, y no podía sacarlo. 
- Joven, tranquilícese. -El Caballero le dio un leve golpe en el cuello, haciéndola dormir nuevamente antes de perder la cordura en su totalidad.

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Mini Fic Re: La Partida [Star Wars Fanfic]

Mensaje por Valeska el Jue Ago 07, 2014 7:58 pm

ATENCIÓN:

ESTE FIC ANTES YA LO HABÍA PUBLICADO (EN OTRO FORO), NO LO HE ROBADO, LE HE HECHO ALGUNOS CAMBIOS ESO SÍ. Gracias por leer :)!
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