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Q infinity

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Long Fic Q infinity

Mensaje por Green Heart el Jue Sep 11, 2014 8:44 am

Género: Gore, Ciencia Ficción, Drama
Estado: En emisión
Clasificación: +18
Advertencia: Algunos personajes mueren, Imágenes fuertes, Lenguaje fuerte
Total de capítulos: 9
Lista de capítulos: El Escape, Ocaso, Preludio, El Ultimo Día, La Caza, Symphony Of Blood, Policía Internacional, La Investigación, Días tranquilos



El Escape


Entre la soledad del asfalto y la ausencia de la luz en el concreto, Cerx corría, dejando atrás el edificio caído que, a su alrededor, luces rojas y azules se amontonaban junto a un movimiento y un griterío voraz. Cerx sabía que luego de ser visto por Stark la culpa de ese atentado, orquestado por la bestia, recaería totalmente en él, Stark ya no confiaría en él lo mejor que podía hacer era escabullirse hasta que el caso de la torre cerrara o por lo menos fuera olvidado.

  Mientras caminaba por un callejón se veía basura por los lados, parecían ser lo usual. Cerx caminaba y pensaba en lo desdichado pero a la vez aliviado que se sentía al haber escapado del edificio. La calle se abre ante él, no hay carros solo las luces de anuncios de prostíbulo, hoteles, personas agrupadas en las entradas de los bares compartiendo los viajes al cielo, mujeres gordas con hombres borrachos y un ajetreo que respiraba la lujuria nocturna daban vida a esa noche, entre todo aquello, una chica rubia de traje rojo caminaba evitando miradas hasta llegar al frente de un hotel, al entrar, la combinación entre una luz beige, junto con los rasgos marrón oscuro de las paredes, la vejes de las mismas y un mostrador rasgado con un hombre paliducho tras él era el lugar perfecto para esconderse de la justicia. Pidió una habitación al hombre paliducho, al pagar, el dinero que poseía ella estaba manchado de sangre pero, al parecer, esto no le molestaba al hombre paliducho, tal vez la costumbre tenía algo que ver, acto seguido, le fue entregada una llave a la chica rubia y esta subió por unas escaleras ubicadas a mano derecha del mostrador. Arriba en el pasillo, con puertas que se extendían por el mismo y paredes rasgadas por la humedad, apenas mostraban los números de habitación de las puertas, ella, al estar al frente de lo que parecía el numero veintiuno, metió la llave y entró.

  Cerx se tiró boca abajo en la cama mientras oía el rechinar de los resortes, se levantó y miró por la ventana el cielo nocturno, no estaba nublado pero tampoco despejado, la habitación solo contaba con una cama, un lava manos, una poceta del lado izquierdo de la cama y la ventana en el lado derecho. No había luz así que la oscuridad reinaba, el chico rubio volvió a la cama y, mirando fijamente el techo, recordaba todo lo que había sucedido ese día, una llamada, una voz que no quería ser reconocida, un edificio, unos peluches, agitación, humo, ideas y más ideas nacían de Cerx mientras sus ojos hacían más oscura la habitación, ya las ideas no surgían pero ahora empezaban a aparecer lugares.

  Una raya, en forma de chico, dibujado en un fondo rustico, duro, se movía al son de una animación cincuentona. Se dibuja el interior de una base militar, la raya recorre los solitarios pasillos dibujados de forma borrosa, un efecto incendiario se iba intensificando durante la marcha de la raya que, al llegar a lo que parecía ser un centro de mando, pudo ver un ser, una raya más, el efecto incendiario ahora compartía un llameante movimiento por todo el lugar. Una risa, una carcajada, un grito y un sonido de botón llenó la vista de rayas violentas, oscuras y gruesas. Un sudado cuerpo se alza en la oscuridad, la agitada respiración al son de la música lejana de los bares y los prostíbulos se unía al quejido de la habitación veintidós y el golpe rítmico de la veinte, “solo fue un raro sueño” decía Cerx mientras mojaba su cara en el agua del lava manos.


Ocaso



 Por la ventana entraba el frío de la mañana y Cerx, que había dormido poco esa noche, está sentado tratando de pensar que haría ahora, cuando la idea toco sus cienes se levantó y, de la habitación veintiuno, salió la chica rubia de traje rojo, al bajar, vio en el mostrador, postrado como un zombi, al hombre paliducho casi en la misma posición de la noche pasada. Al salir, sentimientos consumidos, deseos perdidos y un polvo muy frío era la vista de un callejón acostumbrado a una respiración nocturna, nadie transitaban por ella ya que ese lugar estaba muy apartado de la avenida principal.

  "La zona rosa" era el nombre del anuncio que estaba en la entrada de aquel callejón, de cara a esta, había un conjunto de edificios y calles que se extendían de derecha a izquierda. La chica rubia, tras caminar por la ajetreada calle mañanera, pensaba que si quería mantenerse escondida en el hotel tenía que pagar de alguna forma los siguientes días, tenía que encontrar un trabajo pero, ¿dónde?, tres horas buscando encontró un local llamado "The sheep", al entrar, se dio cuenta que era alguna especie de bar-café, habían mesas, un pequeño escenario al fondo y, del lado derecho, había una barra, tras ella estaba un anciano muy arrugado que contrastaba con el aspecto viejo, sucio y descuidado de todo el lugar.

  La chica rubia se dirigió al anciano y le pregunto si ella podía tomar el trabajo de camarera en el bar.

– Puedes tomarlo pero no creo que puedas lograr mucho en este lugar–dijo el anciano.

  La chica rubia asintió y le propuso un trato al anciano, si ella lograba mejorar el aspecto del lugar para la tarde él le daría un pago por adelantado, el anciano al ver el rostro serio de la chica rió un poco y acepto el trato. Barrer, pasar coleto y limpiar las mesas fueron los trabajos más fáciles que hizo la chica rubia ya que tenía que botar afiches decolorados, botellas vacías o rotas, quitar la telaraña del techo, y por si fuera poco, erradicar la suciedad del baño tanto de hombres como el de mujeres. Al terminar estos trabajos el local lucia como un hombre al cual se le corta el cabello hasta los hombros, se le medio afeita la cara, se le cambia la ropa rota y vieja por una usada y sucia y se le da un baño sin jabón; todavía faltaba pintar las paredes, tapar algunos agujeros del techo y cambiar los tubos del baño, pero el anciano, al ver a la chica rubia tirada en el suelo, muy cansada, le sonrió y le dijo que había ganado el trato, la chica rubia se levantó un poco ajetreada pero contenta, el anciano le pago y ella le dijo, que al día siguiente, continuaría con su labor.

  Tras salir, Cerx, sentía una gran satisfacción, tenía el dinero suficiente como para permanecer medio mes en el hotel y todavía el sol no se escondía así que Cerx decidió ir al parque que se encontraba en dirección izquierda al bar-café, aproximadamente 5 calles adelante. Mientras caminaba Cerx pensaba, con mucha más claridad, lo ocurrido el día de ayer, pensaba en su tranquila caminata por el parque y la repentina llamada a su celular, la voz, una voz que prefería no reconocer y las palabras incriminadoras de aquella voz, recordaba muy bien que ante semejantes argumentos de aquella voz él no podía combatir así que decidió cumplir todo lo que aquella le decía, recordaba su caminata hacia un edificio turístico y  su ascensión por medio del ascensor, su llegada al piso 6 y el lugar repleto de personas que veían por las ventanas gigantes de aquella habitación toda la ciudad. Luego, repentinamente, la alarma sonó y el lugar se vacío, él, solo en la habitación, vio como, repentinamente, aparecían osos de peluche por doquier, lo siguiente fueron explosiones, los peluches explotaron y Cerx huía por las escaleras, al llegar al último piso logró ver a dos policías, recordó el costo de aquella escena, la muerte de dos hombre a manos de una pequeña niña de pelo rubio, era realmente necesario que murieran, se repetía Cerx varias veces mientras seguía recordando. Después de salir vio como el edificio se desmoronaba y caía estrepitosamente, no tardo mucho la llegada de los policías en sus autos para desgracia de Cerx, ya que recuerda muy bien ser visto por Stark, un oficial superior, no lo había pensado dos veces al verlo, huyó de allí mientras los gritos del oficial retumbaban en sus oídos; Cerx abrió los ojos y vio el cielo anaranjado que se apreciaba desde el parque, todos aquellos recuerdos revoloteaban como murciélagos en su cabeza pero, existía algo, algo que fastidiaba mucho más que aquellos murciélagos, algo destruido y sumamente problemático, no lo pensó dos veces, decidió ir a verlo.

  Al llegar, vio un grupo de personas reunidas hasta cierto punto del lugar ya que una cerca policiaca no los dejaba pasar, Cerx pudo ver tres carros de policía y alrededor de siete de ellos en los escombros caminando y observando el lugar, Cerx se mantenía detrás de la muchedumbre para evitar ser visto por los policías. Al no ver nada interesante dio media vuelta y comenzó a caminar, no había dado más de dos pasos cuando, de repente, chocó con alguien, de ese momento Cerx recuerda solo tres cosas, dos de ellas un poco y una muy clara, la primera era que había chocado con una mujer, la segunda fue que esta tenía los ojos del color del trigo, la última cosa que recuerda Cerx, y muy claramente, es que luego de identificar los rasgos de esa persona sintió que el mundo, la ciudad, él, todo se detenían, pero ¿por qué se detuvo todo? Porque sus instintos se lo decían, trataban de comunicarse con él, había peligro.

  La mujer de ojos color trigo cargaba una bolsa de mercado cerrada que, al chocar con Cerx, cayó al suelo.

– Que tonta y descuidada soy–dijo la mujer en tono de queja.

  Cerx no se movía. Ella frunció un ceño que revelaba duda mientras inclinaba su cabeza un poco hacia la izquierda, recogió la bolsa y dirigió la mirada a Cerx.

– Mmm…que chico tan guapo eres, realmente guapo–dijo la mujer con una sonrisa picarona en su rostro.

  Cerx no se movía, y ahora, el sudor empezaba corriendo por su cuerpo.

– Bueno, ¿cuál es...–la mujer no pudo terminar su pregunta ya que, en ese momento, Cerx volvió en si y salió corriendo del lugar dejando atrás el edificio caído, la policía, la gente, la mujer, los ojos color trigo, el miedo.


Preludio

   En un despacho oscuro una gran cantidad de papeles estaban sobre un escritorio, al igual que en toda la habitación, caso 394, caso 572, caso 120, son solo unas pocas de las muchas hojas con ese tipo de títulos que estaban sobre el escritorio. Del lado derecho del escritorio habían cinco archiveros con cuatro gavetas cada uno, por lo menos una de cada cuatro gavetas estaba abierta con los archivos desordenados, al pie de los archiveros habían muchas más hojas revueltas. Del lado izquierdo del escritorio estaban unas cajas acumuladas y medio abiertas que contenían pistolas en bolsitas transparentes, balas manchadas de sangre, cuerdas, entre otras cosas, también se podía ver en la pared izquierda una cartelera con fotos pegadas a alfileres que, si se veía de lejos, creaban una serie de líneas coloradas revueltas por toda la cartelera.

  En el escritorio estaba sentado Stark revolviendo las hojas buscando casos específico, luego, se paraba y caminaba en dirección al archivero buscando y dejando caer archivos, de la misma forma, iba a las cajas y sacaba bolsitas transparentes mientras comparaba la información de las hojas con lo que estaba en las bolsitas, después se paraba en frente de la cartelera y veía un determinado camino de color, por último, se sentaba y llamaba por el teléfono dando órdenes. Cuando terminó la llamada la puerta de su despacho se abrió.

  Alguien entró al despacho, una mujer, una mujer con una bolsa de mercado en la mano, una mujer de ojos color oro, esta tenía el cabello rizado corto hasta los hombros, color castaño oscuro, su piel era blanca, llevaba una blusa negra sin mangas con un nueve estampado y unos blue jean cortos pegados que llegaban al nacimiento de sus rodillas.

– ¿Qué haces tú aquí?– preguntó Stark sorprendido.

– Pues, ya cumplí mi trabajo.

– ¡¿Qué?! Es imposible, te contrate ayer en la noche.

– Disculpe, señor Stark, pero yo soy una profesional en lo que me dedico, las muestras de algodón que usted me dio anoche fueron suficientes para localizar la procedencia de los peluches explosivos.

  Stark todavía no creía lo que la mujer le decía, ella adivinó los pensamientos de Stark y puso la bolsa de mercado en su escritorio que, al colocarlo, aplastaba las hojas. Stark miró a la mujer y luego la bolsa, dudó un momento pero decidió ver su contenido, su cara se arrugó y sus ojos se desorbitaron por un momento.

– También tengo fotos del lugar-dijo la mujer, sacó de su bolsillo derecho una paca cuadrada que colocó en el escritorio.

  Stark tomó las fotos y las fue viendo una por una, la primera que vio fue la de un hombre amarrado de manos y pies en una silla, la segunda fue el mismo hombre pero en esta salía la mujer sonriendo en la foto, la tercera era la misma escena del hombre amarrado pero la mujer estaba lamiendo su oreja derecha, la cuarta era la mujer besando los labios del hombre, solo que esta vez ella sostenía con su mano derecha la cabeza del hombre, esta había sido separada del cuerpo, la quinta era la escena de la silla con el cuerpo del hombre, este no tenía cabeza. Las demás fotos eran igual de bochornosas o peores que las primeras, Stark tenía la cara muy arrugada al ver las fotos, mientras, la chica observaba el despacho con curiosidad.

– Ese tipo es el fabricante de las bombas -decía la mujer- no fue complicado encontrarlo, primero comparé las muestras de algodón y vi que coincidían con las productoras del norte de la ciudad, investigué la dirección de las distribuidoras del norte que iban hacían las tiendas de peluches y fui preguntando en cada tienda si últimamente no habían tenido una compra exagerada de peluches este mes, encontré la tienda y pedí el nombre y dirección del comprador, pero, no me lo querían dar así que tuve que ser un poco más persuasiva – dijo la mujer poniendo una sonrisa placentera.

– ¿Todo eso lo hiciste en un día? – pregunto Stark perplejo.

– Sí, el comprador, naturalmente, resultó ser el fabricante de las bombas así que decidí preguntarle, sutilmente, las intenciones que tenía, me dijo que él fue contratado por alguien más, pero no me dijo mucho…si hubiera resistido más…–dijo la mujer, que al final de su explicación parecía hablarse a si misma.

  Stark miraba a la mujer, sorprendido, con una mezcla de desconfianza que trataba de no demostrarle, dirigió su mirada a la foto del hombre amarrado en la silla y miró la bolsa mientras respiraba profundamente.

– Señor Stark… ¿pu-puedo quedármela? Yo en cada trabajo que hago me quedo con una…– la voz de la mujer se apagó al final  de la última frase mientras temblaba y se ponía colorada con la mirada en el piso.

  Stark sintió asco, volvió a suspirar y abrió una de las gavetas del escritorio, sacó una foto junto con un yesquero y unos cigarrillos, colocó la foto en el escritorio, la mujer tomó la foto y Stark prendió un cigarrillo, tomó una bocanada y soltó el humo.  

– Veras, creo que este es el culpable y el que contrató al hombre que encontraste, debes buscarlo y sacarle toda la información que lo pueda incriminar, cuando la tengas llámame e iré de inmediato a donde estés, necesito capturar a ese sujeto pero como podrás ver es complicado ahora– dijo Stark viendo todo su despacho.

– El edificio caído -continuo- en los pisos superiores tenía varias empresas trabajando, gracias a la alarma del edificio la gente pudo salir tranquilamente pero, al explotar el edificio, mucha información de esas empresas se perdieron así que esos empresarios están presionando a la policía– Stark prendía otro cigarrillo.

– Además, dos policías murieron en ese incidente, posiblemente por ese sujeto, así que quiero evitar la mayor muerte posible de policías, ya es suficiente con dos familias volando como moscas en mi cabeza- Stark tomó una bocanada y suspiró humo.

  Durante toda la explicación de Stark la mujer no había quitado la vista de la foto, Stark notó una sonrisa malévola en aquel rosto.

– ¿Lo conoces? – preguntó Stark.

– Por ahora no– seguía sonriendo. – Ok, lo atraparé.

– Necesito que esté con vida, ¿entiendes?

– Señor Stark, no necesito que me digan cómo hacer mi trabajo, usted está desesperado pero no por esas presiones legales sino personales, ¿o me equivoco?

– ¿De qué demonios estás hablando?

– Verá, Señor Stark, yo no acepto un trabajo sin antes averiguar algo sobre mis clientes, usted viene de una buena familia, ¿no es así? – dijo la mujer con un tono de malicia en su voz.

  Stark se había puesto pálido.

– Usted se siente atormentado, ¿verdad? Bueno, es normal, al estar ante semejante sombra no me extrañaría que tratara de entregar su vida a todo esto– dijo la mujer girando su cabeza por todo el despacho.

– ¡Ya basta! Solo haga su trabajo como le he indicado y punto– Stark empezaba a agitarse.

– No necesito que usted me diga que hacer yo soy la mejor caza recompensas del mundo “la gata blanca” Nerfip, así que usted debe aceptar mis condiciones o revelaré todo lo que se de usted, Señor Stark – dijo Nerfip mirando a Stark fríamente y penetrándolo con sus ojos color oro.

  Stark se paralizó, por alguna razón sentía algo, algo anormal. Nerfip guardó la foto en su bolsillo, tomó la bolsa del mercado y se encamino hacia la puerta, se detuvo en frente de la puerta.

– Para que no diga que soy un ser cruel, el sujeto AC tiene relación con el caso 500 y con el sujeto F, además, el documento 31 está debajo de una de las cajas– Al decir estas palabras Nerfip salió del despacho.

  Stark se levantó, fue hacia las cajas, levantó algunas y arrugó la cara, tomó una bocanada del cigarrillo, suspiró y veía como el humo iba desapareciendo en el aire.

  Habían pasado tres semanas desde que la chica rubia entró en el bar-café, muchas cosas habían mejorado desde entonces, los defectos que habían quedado de su primera limpieza fueron arreglados, se pintón de un color negro el interior, se le pusieron luces nuevas, carteles con periódicos franceses de los años cincuenta e incluso se contrató una banda para que tocara en las noches, no eran muchos los clientes pero si lo suficiente para que el lugar tuviera un tono agradable.

  Cerx llegaba hasta altas horas de la noche, cansado, pero muy satisfecho e incluso pensaba en el momento en que el anciano le enseñara a preparar las bebidas, Cerx se imaginaba en todo tipo de situaciones que lo incluían a él atendiendo la barra pero esas fantasías se apagaron, se había quedado completamente dormido. Por la ventana se reflejaba la noche, no habían nubes, las estrellas se quemaban por su intensidad y la luna parecía besar el edificio que se veía al frente de la venta del cuarto.

  En el edificio, en la azotea, alguien tarareaba, alguien estaba sentado al borde del edificio, alguien estaba tras la luna sentado al borde del edificio tarareando, una mujer de ojos dorados estaba tras la luna sentada al borde del edificio tarareando la melodía principal del Cuarto movimiento de “La  Novena Sinfonía de Beethoven”, ahora, ella le ponía letra.

“Unn chico solo viviendo en un hoteel, y una chica sola trabajando en un barciito, ¿quee es esto? Seeguro son unos queridos hermanos, viiviendo una sola vida entre ammbos.”

  Las pupilas oscuras de Nerfip ahora atravesaban el mar dorado de sus ojos.

– Que ser tan interesante – decía Nerfip mientras se dibujaba una horrible sonrisa en su rostro.


El Ultimo Día


 Dos meses después.

  El frío entraba por la ventana del cuarto mientras el goteo del lavamanos era parte del ritmo gélido de la mañana, Cerx, que estaba totalmente enredado en las sabanas color beige, hacia ruidos de queja y fastidio al ver que el sol deslumbraba la habitación y el frío le decía que aun el tiempo de dormir no se agotaba. Con sus dos manos empezaba a levantar su cuerpo, como si hiciera flexiones, solo que, al llegar a la completa flexión de las mismas, temblaban un poco y caía boca abajo, tres veces intentó esto pero en ninguna lograba mantenerse hasta que, en el cuarto intento, al flexionar dio un gran suspiro y logró enderezar su torso. Su cabello rubio totalmente alborotado y la hinchazón de su cara eran más que suficientes para deducir que Cerx no quería levantarse pero, aun así, se arrimó al borde de la cama y colocó sus pies en el piso, el frío de este lo hizo cerrar por un momento sus ojos pero luego los abrió y se puso en marcha. Con la misma agua del lavamanos Cerx se bañó y cepilló sus dientes, en la ventana estaba puesta la única ropa que usaba, un suéter y un pantalón, al ponérselos, se asomó por la ventana y vio los locales cerrados, el sol que se asomaba por los edificios del frente y la brisa, que arrastraba desde el callejón de abajo los residuos de una noche lujuriosa, suavizaba la vista de aquella mañana.

  Un sonido de puerta se oye por el pasillo, la habitación veintiuno se abre y de ella sale la chica rubia, bajó las escaleras y, como siempre, vio al recepcionista sentado, con cara de zombi, ella siguió su camino hacia el callejón desolado y sucio de siempre. El sonido de sus pasos resonaba mientras su vestido morado contrastaba con el grisáceo ambiente mañanero del lugar, no tardó mucho en llegar a la calle. Cuando llegó tomó el camino izquierdo y siguió, la gente, tan apresurada y ajetreada como siempre, seguían un curso, su propio curso, sin voltear a su alrededor. El tráfico volvía calurosa la calle y el sol, que comenzaba a ascender, eliminaba el frío mañanero. La chica rubia se había detenido en la puerta de un pequeño local que estaba entre dos edificios comerciales, la puerta tenía un letrero de cerrado, tocó y entró. El local estaba completamente limpio, las sillas de las mesas estaban boca abajo encima de las mismas, el pequeño escenario del fondo estaba apagado y, en la barra, estaba el anciano que la limpiaba con un paño húmedo.

– Buenos días, Richard– dijo la chica rubia, su voz era profunda pero femenina.

– Buenos días– respondió el anciano Richard –Hoy hace mucho calor, será mejor que nos pongamos en marcha, seguro los clientes querrán más limonada.

  La chica rubia caminó en dirección a una puerta que estaba al lado de la barra, la abrió y entró, prendió la luz y observo, del lado izquierdo había una cama, del lado derecho había un enorme closet y, al frente, una copia del cuadro de San Sebastián pintado por Andrea Mantegna. La chica rubia se dirigió al closet y abrió la puerta de la derecha, allí estaba un delantal, una camisa de vestir blanca, una falda negra, unas medias pantis negras y unos tacones negros. Cinco minutos después la chica rubia salía de la habitación lista para atender a los clientes, fue hacia las mesas y colocó las sillas en sus respectivos lugares, Richard ordenaba las sillas que iban al frente de la barra, luego se dirigió a la puerta y volteó el letreo de cerrado a abierto. Diez minutos después, las personas empezaron a entrar al local, la chica rubia anotaba sus pedidos para luego atenderlos, mientras, Richard atendía la barra. Así estuvieron toda la mañana, hasta que a las once la gente dejó llegar pero algunas mensas estaban ocupadas con personas que conversaban u otras que leían algún libro, fue en ese momento cuando la puerta se abrió y entró un hombre alto al local.

  El hombre caminó hacia una silla que estaba en la barra, se sentó en ella.

– Buenos días Richard, cuanto tiempo sin verte ¿Cómo has estado? – dijo el hombre.

– ¡Alfred! Al fin te vuelvo a ver, cuanto tiempo, no has cambiado en estos últimos 3 años, como puedes ver he estado muy bien, el local está funcionando nuevamente.

– Me doy cuenta de eso ¿acaso has estado vendiendo materiales ilícitos?

– Ja ja ja, tan bromista como siempre Alfred, incluso eso no ha cambiado de ti.

–Trato de no desenfocarme, tú sabes, pero realmente me sorprende el cambio que ha tenido este lugar, la última vez que vine era el escenario perfecto para hacer una película porno y, ahora que lo veo, es el típico lugar para los bohemios.

– Ciertamente ha cambiado, todo es gracias a la determinación de mi ayudante, oh, allí viene.

  La chica rubia se acercaba a la barra llevando unos platos con vasos, al llegar, no se había percatado de la presencia del hombre, colocó los platos y los vasos en la barra y, si no fuera por el llamado de Richard, seguro seguiría su camino y, tal vez, el destino no hubiera juntado, de forma tan pacifica, dos voluntades tan opuestas.

– Veras, él es Alfred es un amigo de hace mucho tiempo–dijo Richad a la chica rubia.

– Un gusto conocerlo, señor Alfred–dijo la chica rubia, mientras veía a un hombre de 1.80 metros de alto, fuerte, de cabello castaño oscuro, piel bronceada, ojos oscuros, con aspecto de treintañero que llevaba puesto un traje militar.

– El placer es todo mío – luego, se dirigió a Richard - ¿no me digas que secuestraste a esta mujer? – pregunto Alfred con rostro de duda.

– Discúlpalo, él es un hombre muy bromista– dijo Richard dirigiéndose a la chica rubia

– No se preocupe–dijo la chica rubia, luego dirigió su mirada a Alfred– Yo decidí trabajar aquí y así ayudar al Señor Richard con su local.

– ¡Oh! Que sorprendentes sentimientos tienes, chica, realmente honestos, aunque, si no me lo hubieras dicho con esa mirada tan decidida, seguro creería que sonsacabas al anciano por las noches y lo hacías lamer tus pies como a un perro.

  La chica rubia no dijo nada, le parecía un poco desagradable la forma de Alfred pero, por lo que podía ver, no era mala persona, no creía que lo fuera si era amigo de una persona tan amable como el Señor Richard.

– No tienes reparo Alfred, deja a la chica en paz y dime, ¿Cómo va el trabajo? – pregunto Richard

  Alfred exhalo fuertemente.

– Es un completo fastidio, veras, fui ascendido de rango, a coronel, pero aun así tengo que estar bajo el cuidado de una pila de vírgenes queriendo jugar a los soldaditos, a veces pienso que sus madres deben estar muy felices de que esas escorias se hayan ido de sus casas.

– Ja ja ja, Alfred tú eres un hombre muy rígido y serio, cuando te propones algo lo haces y es difícil que algunos logren seguir tu ritmo.

– La verdad estoy muy consciente de eso, pero preferiría que me trataran de seguir el ritmo personas que hayan sacado por lo menos un diez en deportes.

– Vamos Alfred, no pueden ser tan malos, dales tiempo y veras como se contagian de tu energía, de tu sueño– dijo Richard sonriendo.

– ¡Ah! Diste en el clavo como siempre, Richard. Ciertamente son flojos, flacuchos, vírgenes y hasta niñitas, pero comparten mí sueño, ¿sabes?, Mi sueño de querer que la humanidad logre unirse por completo y olvide la violencia.

  La chica rubia había perdido el curso del relato, la frase que dijo Alfred sobre su sueño se había apoderado de su cabeza y, al no haber personas en las mesas a esa hora, estas palabras se posesionaban cada vez más de ella. Un sentimiento de calidez empezó a llenar el cuerpo de la chica rubia, pero dentro de ella la palabra “Duda” apareció de repente, un recuerdo muy borroso, prácticamente nublado se plantó en su cabeza, lo único claro era el sentimiento que le producía, “lastima”, pero no sabía por qué o mejor dicho, no quería saber. Alfred estuvo en el local dos horas, luego se levantó, se despidió del anciano y de la chica rubia para luego desaparecer tras cerrar la puerta del local. La gente en pesó a llegar nuevamente y la chica rubia olvido esos pensamientos que habían surgido gracias a Alfred para dedicarse a su labor. Al llegar las seis de la tarde unos músicos de jazz entraron al local, se instalaron en el pequeño escenario y empezaron a tocar.

  El local ahora tenía sus mesas llenas al igual que la barra, la chica rubia iba de un lado a otro llevando todo tipo de licores a las mesas, mientras que el anciano atendía a los que estaban en la barra, la música jazz mezclada con el sorbo del licor y el humo palpitante de algunos cigarrillos creaban un ambiente nocturno que contrastaba con la oscuridad de la calle. Al llegar las diez de la noche los músicos dejaron de tocar y se retiraron, de la misma forma, la gente fue escaseando poco a poco hasta que no quedó nadie en el local, la chica rubia limpió las mesas y colocó las sillas sobre ellas, mientras que el anciano arrojaba a la basura las botellas y vasos que estaban en la barra. Luego de esto la chica rubia entró en la habitación al lado de la barra, se cambió la ropa y salió de esta.

– Buen trabajo hoy, te esforzaste mucho y veo que estas mejorando en la preparación de los licores, eso me alegra mucho– dijo el anciano Richard con una sonrisa en el rostro.

  La chica rubia no dijo nada sobre aquellas palabras dirigidas hacia su persona, solo sonrió.

– Buenas noches, Richard– dijo la chica rubia.

– Buenas noches– dijo Richard, aun sonriendo.

  La chica rubia se dirigió a la puerta, la abrió, vio la cara de Richard, aun sonriente, y luego la cerró. El frío nocturno había tomado la calle en venganza al ultraje que había recibido del sol y del calor de los autos en la mañana, por lo tanto, esto hacia intenso el frío de esa noche. La chica rubia caminó hasta llegar a “La zona rosa” que había vuelto  a la vida con sus luces encandilantes y su típico ruido ensordecedor, la chica rubia camino entre aquel mundo ignorando totalmente las miradas de algunos lujuriosos, al llegar al hotel, abrió la puerta, entró y la cerró tras ella, vio al recepcionista pero, al parecer, su típica cara de zombi no se notaba.

– Señorita, ¿usted es la señorita de la habitación veintiuno, verdad? – dijo el recepcionista con una voz tan áspera que hasta podría cortar una hoja con ella.

– Sí, soy yo– dijo la chica rubia un poco sorprendida.

– Un familiar la está esperando en su habitación.

  De pronto todo perdió el sonido, las luces perdieron el brillo, el color desapareció y todo se volvió negro. Una imagen borrosa se pintaba, era tan borrosa que parecía tener manchones negros por todos lados pero, se podía distinguir a una mujer y a un chico, esta imagen se volvía más borrosa por esos manchones negros que empezaron a tornarse rojos mientras un sonido de televisor, perdiendo su señal, se apoderaba de todo.

– Señorita, Señorita– pudo oír la chica rubia súbitamente, era el recepcionista.

  La chica rubia instintivamente empezó a moverse hacia las escaleras ignorando al recepcionista, su respiración se agitaba por cada escalón que subía, al llegar al pasillo iba a pasos largos, mientras, todo tipos de pensamientos la acogían, 5, el sudor empezaba a brotar, 10, la respiración se hacía cortar y espesa, 18, una cantidad de imágenes se apoderaba de su mente, una risa, 19, llamada, 20, peluches, 21, Cerx estaba parado en frente de la habitación, le costaba respirar, pero sin dudarlo, tomó la llave de su bolsillo.

  Cerx abrió completamente la puerta de la habitación, alguien estaba en la habitación, una persona, una persona estaba en la cama de la habitación, un ser, ojos dorados, quejido, húmedo, olor, sabanas, placer, sudor, movimiento, silencio.

– Al fin llegaste, co-como veras no pude contenerme, tardabas mucho en lleg-aar, pero n-no te importa, ¿verdad?-dijo una mujer con ojos dorados, dijo Nerfip mientras sus pantalones cortos estaban abajo y, con su mano izquierda, cortaba los pétalos de su iris intensamente con sus dos dedos.

  Cerx no se movía.

– Va-aya, me tomaste despreveniii-da pero, solo tomara un minuto– dijo Nerfip que, con la mano derecha, tomaba las sabanas para llevarlas a su cara, acto seguido, una fuerte inhalación se oyó junto a los sonidos de un intenso corte que hacían de acompañamiento.

  Cerx no se movía.

  Se oyó un pequeño grito y la mano izquierda se detuvo, la mano derecha dejó de presionar las sabanas hacia la cara, el silencio se apodero de todo. Nerfip se levantó, aun con los pantalones cortos entre las piernas, se dirigió al lavamanos.

  Cerx no se movía pero ahora su cara se había puesto más pálida.

  Nerfip giró la llave del lava manos y empezó a regar su iris, luego de 2 minutos cerró la llave y, con las mismas sabanas de la cama, secó el agua de sus pétalos, dentro de los pantalones cortos subió, por entre las piernas, unas pantaletas con dibujos de gatitos y luego subió sus pantalones cortos, los abrochó, respiró hondamente y dirigió su mirada a Cerx.

– ¿Qué?,  ¿acaso no vas a empezar a correr? – decía Nerfip, mientras una sonrisa de satisfacción se pintaba junto a el brillo de unos ojos dorados.



La Caza

  Aquellas palabras fueron las detonantes para que Cerx saliera disparado por el pasillo, bajara las escaleras, corriera por la recepción hacia la puerta, evitando la cara de perplejidad del recepcionista, y abriera la puerta que dejó de par en par tras él. La noche se puso más fría pero esto no detuvo a aquellas almas que vagaban por ese callejón cubierto por las luces de un placer imaginario y la carne usada. Cerx no miraba para atrás, seguía corriendo por el callejón chocando de vez en cuando a las personas, veía la salida muy lejana y sentía muy cerca aquel extraño miedo. Al salir de “la zona rosa” las calles y aceras estaban sumidas en la soledad, solo la basura que, debes en cuando se veía en la acera, era la única dominante en aquella soledad, los periódicos viejos con títulos como “la alianza de países son el enemigo” o “la policía  de afuera no te protege” rodaban, por la fuerza del viento, en la calle pero Cerx no dejaba de correr, su respiración iba desigual a comparación de sus pies y el sudor se volvía uno con su suéter.

  Cerx corrió hasta llegar al parque por el que suele caminar en sus ratos libres, solo que sus puertas estaban cerradas, se detuvo y cayó exhausto al piso, jadeaba como perro con sed y sudaba igual que toro en corrida, no podía levantar la mirada y confirmar si era seguido, estuvo tirado en el piso aproximadamente 10 minutos entre jadeos y sudor. Cuando por fin pudo levantar su torso se acomodó para quedar sentado en el piso, sus pensamientos, que no habían dado muestras de existir mientras se mantenía corriendo, de pronto, estallaron en una gama de colores que pintaban toda su mente, Cerx sabía que ese hotel ya no era seguro, debía buscar otro lugar en donde esconderse de aquella maniática y de la policía, por ende, lo primero que tenía planeado era ponerse en marcha hacia el bar-café y preguntarle a Richard si podría pasar la noche allí, luego le pediría la mañana para buscar un nuevo lugar donde quedarse. Teniendo aquellos pensamientos claros, se levantó y tomó el camino de regreso para así dirigirse al bar-café. Después de pasar tres cuadras Cerx llegó a la cuarta y subió por ella, las tiendas cerradas y las luces de los postes, titilando de cuando en cuando, volvía aquella calle, acostumbrada a ser vista ajetreada por los caminantes mañaneros, en una escena de terror, Cerx podía ver a lo lejos los dos centros comerciales que, poco a poco, se volvían más grandes.

  El bar-café ya estaba en frente de la chica rubia, las luces del local estaban apagadas, el letrero en cerrado y… ¿la puerta entre abierta? La noche se tornó gris, el sonido nocturno se volvió un eco y los pensamientos se convirtieron en hielo, la chica rubia estiró su brazo y abrió por completo la puerta, la luz nocturna apenas lograba revelar unas cuantas mesas, así que decido entrar al local. Dentro, le tomó no menos de 5 segundos para que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad, pudo notar, a duras penas, la barra y las mesas, que no tenían ninguna silla. Al penetrar más en el local pudo percibir el escenario pero, del lado izquierdo del mismo, notó una masa inexplicable de algo, se acercó más en dirección al escenario, de pronto, las luces del mismo se prenden y, al igual que una joven que ha entregado su pureza al chico que esta junto a otra chica, al igual que las estrellas cuando desaparecen de repente en el cielo, al igual que un sueño cuando se vuelve arena y oscuridad, así se sintió la chica rubia, allí estaba el cuerpo de alguien, estaba el cuerpo de alguien en el escenario, estaba el cuerpo de Richard colgado de las manos por una cuerda que lo suspendía sobre el escenario, en su cuerpo estaban clavadas una series de objetos cilíndricos, la chica rubia giró su mirada hacia la izquierda y notó que, la masa inexplicable de algo, eran las sillas sin patas.

  De las patas de las sillas que estaban clavadas, a groso modo, del cuerpo de Richard la sangre goteaba y caía al suelo del escenario en un charco de sangre. La chica rubia de pronto cayó de rodillas al suelo sin quitar la mirada del cuerpo de Richard, sin olvidar su sonrisa.

- ¿No crees que esa representación es perfecta?- Aquellas palabras articuladas por alguien más fueron suficientes para la chica rubia.

  Giró su cabeza hacia el nacimiento de aquella voz, de aquellas palabras, de aquella pesadilla, aun, en la oscuridad, ese par de pepitas de oro no dejaban de penetrar en el alma de la chica rubia, de Cerx. Nerfip estaba sentada en la punta de la barra mirando a Cerx con ternura.

- No puedes huir de mí, se dónde encontrarte, se dónde estarás, resígnate y se mi pequeño ratoncito- dijo Nerfip.

  Cerx dejó de mirar a Nerfip y clavó su mirada al piso. En su mente, una tormenta de imágenes grises empezaron a danzar con furia.

- Mmm… ¿Te lo estás pensando? Pues no tardes, ese vejete está empezando a oler mal - dijo Nerfip.

  Algo hizo “click” en el interior de Cerx, “¿Qué esperas?”, “¿Te quedaras allí?”, “consúmete entonces, patético Pi…”.

  De pronto, Cerx se levantó bruscamente, Nerfip eliminó su mirada llena de ternura.

- ¿Te pondrás violento? ¡Bien! Eso también es válido- dijo Nerfip que, de un salto, llegó hasta la puerta del bar-café.

  Nerfip tomó la manija de la puerta y la cerro, al girarse, sus ojos dorados brillaban con mucha más intensidad, mientras, el reflejo de las dos ventanas, a cada lado de la puerta, irradiaba la tenue luz nocturna.

  Cerx se giró en dirección a Nerfip para darse cuenta que, al verla, lo empezaba a invadir ese miedo extraño. La imagen de Nerfip que, estaba al frente de Cerx, desapareció repentinamente, Cerx no tuvo tiempo de reaccionar, un dolor punzante se hacía sentir en su brazo izquierdo, al girar su cabeza notó que una herida, como hecha por un cuchillo, hacía que su sangre oscura saliera y recorriera poco a poco su brazo. Sin ningún aviso, Nerfip, apareció frente a él para que su puño penetrar el estómago de Cerx haciendo que el dolor lo encorvara hacia adelante y, de su boca, la saliva salpicara. Pero, de la misma forma que apareció, Nerfip, volvió a desaparecer, Cerx, que había caído de rodillas y con las manos abrazando su estómago, se enrollo en el piso y empezó a rodar en dirección a una mesa, al llegar a sus patas, Cerx se desenrollo y, por las patas, levantó la mesa para colocarla como protección en el suelo. Al tener las espalda cubiertas Cerx abrió muy bien sus ojo en dirección al frente, a las mesas, a la montaña de sillas y a la pared, notó en la pared, gracias al poco reflejo nocturno de las ventanas y la luz del escenario, que algo se movía rápidamente, una sombra que parecía un rayo iba de aquí y allá, Cerx no podía creer que Nerfip se pudiera mover tan rápido.

-Ja ja ja, vamos chico lindo, ¿no vas a salir de esa mesa?- decía Nerfip, mientras Cerx veía que la sombra de ella seguía moviéndose con aquella rapidez.

-¿Qué eres tú?- gritó Cerx.

-Tu peor pesadilla- dijo Nerfip con una mirada malévola mientras esta se parada arriba de la mesa en donde estaba escondido Cerx.

  Cerx al ver los penetrantes ojos dorados arriba de él corrió en dirección al montón de sillas y empezó a lanzarlas una por una hacia Nerfip. Ella al ver que unas 3 sillas se dirigían a ella cerró los ojos y empezó a tararear “La overtura 1812” de Tchaikovsky, en ese momento, saltó y, al estar las dos sillas casi cerca de su cuerpo elevado, ella se giró para que su cuerpo estuviera en el espacio que generaba las dos sillas, justo en el medio. Estas pasaron de largo, una choco con la pared y otra rompió el vidrio de la ventana. La última silla que iba directo a su cuerpo, que había quedado de espaldas a la silla, fue golpeada y dirigida al piso por un giro súbito que había dado Nerfip en el aire para que su pie golpeara la silla, por último, al realizar estos giros, Nerfip cayó limpiamente en el piso como toda una Bailarina, Nerfip seguía tarareando.

  Cerx, perplejo y con aquel miedo extraño caminando por su cuerpo, decidió lanzar 2 sillas más y correr en dirección a la barra,  las 2 sillas que se dirigían a Nerfip fuero totalmente destruidas por los dos puños de ella, al hacer contacto con estos. Al ocurrir esto Cerx ya estaba saltando la barra para caer en el suelo, él escuchaba a Nerfip que hacía, rítmicamente con su voz, unos “Pom!” “Pom!” para dar pie a una extraña melodía de marcha que concluía con Nerfip arriba de la barra mirándolo con sus ojos dorados y con una sonrisa que mostraba los dientes.

- Hora de los aplausos- dijo Nerfip.

  Cerx no pudo ver aquella acción pero si su resultado ya que, la mano de Nerfip, estaba atravesando su pecho y, la cara de ella, estaba a la par con la de él. El dolor fue creciendo como el color del agua en una tasa a la cual se le coloca una bolsita de té, de la misma forma, Cerx sentía el dolor creciendo y que, extrañamente, su sangre oscura no afectaba en nada a Nerfip, sentía como la mano de ella se movía en su interior, Cerx empezaba a vomitar sangre oscura.

- ¡Ya está!, ¿ves?, te he cogido ratoncito- dijo Nerfip que, al tener la cara de Cerx a la par, le dio un beso.

  Cerx sentía la lengua de Nerfip bailar junto a la suya y, a la vez, una extraña humedad en sus piernas, al fijar la mirada vio que, de los pantalones cortos de Nerfip, un goteo constante mojaba sus pies y el piso. Ya el dolor nublaba su mente, la lengua lo mareaba y el olor a pescado lo atormentaba,  ya no importa, ¿qué más da?  .

  Una mujer con bata blanca apareció repentinamente en aquella vista nublada de Cerx, esta le sonreía, otra mujer apareció, ahora eran dos mujeres con bata blanca sonriéndole, de pronto, muchas mujeres con batas blancas aparecieron en ese escenario nublado para que luego, una sombra negra, las empezara a absorber poco a poco, aun así, estas lo seguían mirando con una sonrisa.

  Nerfip, al ver que los ojos de Cerx habían dejado de mirarla para tornarse completamente blancos, dejó de besarlo y alejó su cabeza de la de él, sacó lentamente la mano de su pecho, esta estaba llena de sangre oscura que goteaba y goteaba. La sangre oscura, que salía del agujero en el pecho de Cerx, se estaba acumulando en el piso. Nerfip se puso de pie, salto la barra y dio un gran suspiro mientras estiraba el cuerpo de Cerx.

- Primero, me llevaré su cuerpo de aquí, luego conseguiré una cama, lo acostare allí, lameré sin cesar el tallo, jugaré con su roza y haré que hasta una mosca la pueda polinizar para luego oler intensamente mi iris mientras corto su rosa. Después de eso tal vez llame a Stark - decía Nerfip con el ceño fruncido.

  Los ojos de Nerfip se abrieron por completo, algo no andaba bien, se giró en dirección a la barra y vio que Cerx estaba levantado, cabizbajo. El gran estante que, estaba tras él, se volvió oscuro o mejor dicho se sumió en la oscuridad. Esta oscuridad se fue expandiendo por toda la pared de izquierda a derecha, de arriba abajo, esta consumió los bombillos del techo, el escenario a la izquierda, la puerta de la habitación en la derecha, la barra por abajo, la montaña de sillas, la pared del frente, las ventanas y la puerta a la derecha y el piso, solo la parte en donde estaba de pie Nerfip se mantenía ajena a la oscuridad.

  De la cara de Nerfip una extraña sonrisa maniática se dejó ver.

- Tú me preguntas que soy yo pero si tú eres el verdadero misterio aquí- dijo Nerfip aun sonriendo.- das miedo, chico lindo.

  Nerfip tenía la mirada fija en el lugar donde debía estar Cerx pero, mientras la oscuridad seguía expandiéndose por la habitación, el cuerpo de Cerx se volvió parte de ella, ya no estaba, y ahora, esa oscuridad estaba terminando de consumir lo poco que quedaba de piso, esta empezó a subir por sus zapatillas, sus pies, se sentía muy fría, sus rodillas, un estremecimiento, sus pantalones cortos, su blusa, su cuello, su boca, sus ojos, oscuridad.

  La noche estaba totalmente nublada, las esquinas solitarias y las luces de los postes totalmente apagadas, entre los dos centros comerciales estaba el bar-café, sus ventanas no reflejaban nada, no se veía nada desde afuera del local pero si se escuchaba lo que parecía ser un sonido de aire acondicionado. La puerta del bar-café empezó a temblar para que, súbitamente, esta saliera disparada con un sonido estruendoso y dejara el local sin puerta, de la entrada, empezó a sobre salir unos tentáculos oscuros que se movían irregularmente para que, repentinamente, estos se dirigieran justamente a la acera del frente con una rapidez lineal. La oscuridad se empezó acumular en un punto de la acera para que luego quedara, en aquella acera, una masa oscura que se fue moldeando hasta formar la figura de un chico, su cabellos se perfilo, sus labios y todo su cuerpo. Al terminar el proceso las partes de aquel cuerpo fueron tomando color hasta dibujar a Cerx, parado en la acera.

  Cerx podía ver en aquel momento el bar-café. En la entrada, con la poca luz que entraba de la noche, se podía notar que el cuerpo de Nerfip, estaba boca abajo. La vista de Cerx empezó a volverse borrosa, su cuerpo se dejó caer en la acera mientras la sangre oscura empezaba a salir, ya no de su pecho que se había cerrado en la formación, si no de su boca, salía a chorros.

  El cuerpo boca abajo de Nerfip empezó a tener pequeñas contracciones para que luego sus dos brazos se alzaran y sirvieran de apoyo para levantar el cuerpo, al igual que un hombre al hace flexiones, cuando termino de flexionar los brazos dio un salto para luego dar muchos giros en el aire y caer limpiamente de pie, dándole la espalda a la entrada. Ahora, las pequeñas contracciones que tenía empezaban a ser más fuertes, Nerfip se giró en dirección a la salida, su rostro estaba tenso, mostraba sus dientes y se notaba que apretaba con mucha fuerza la mandíbula, colocó sus dos manos en el suelo quedando en cuatro patas, de pronto, su cabello castaño oscuro empezó a tornarse gris y sus ojos dorados se tomaron de un color naranja rojizo, sus dos colmillos superiores e inferiores crecieron un poco más de lo normal y sus dos orejas desaparecieron, ella seguía teniendo contracciones.

  Cerx no pudo detallar el cambio que sufría Nerfip pero, por alguna razón, sabía que ella estaba viva y que él, su extraña vida, todo, terminaría ¿Qué más da?  Antes de caer en la oscuridad pudo percibir una figura a su lado, tal vez él se apiadó y apareció para ver su muerte…se hizo la oscuridad.

  Nerfip vio a aquel hombre al lado del cuerpo de Cerx, la vena de su cien brotó al igual que las de sus manos, su mandíbula se puso más tensa y sus ojos color naranja rojizo irradiaban muerte.

- S…t…a…r…k…-Nerfip, con una voz totalmente áspera, dijo esas palabras mientras la baba caía de su boca.

  El hombre que estaba junto al cuerpo de Cerx tenía un chaleco que llegaba hasta sus rodillas y un sombrero que no dejaba ver completamente su rostro. Nerfip, mientras su cuerpo seguía teniendo contracciones, flexionó su pie derecho pero, antes de que pudiera hacer cualquier cosa, el hombre del chaleco sacó una pistola de uno de sus bolsillos, apunto y disparó.

  El eco del disparo se fundió con la helada nocturna, el acompañamiento de esta melodía fueron los  diferentes “clicks” que se oían y formaban la luz en las torres de concreto para tener, como nota final, el sonido del cuerpo de Nerfip cayendo boca arriba.

  El hombre del chaleco guardo su pistola y notó que el cuerpo de Nerfip no se movía así que se dirigió hacia él. Al estar junto al cuerpo, el hombre del chaleco soltó un “mmm” profundo al ver los ojos totalmente blancos y…la bala, la cual apunto a la frente de Nerfip, todavía estaba en la frente, esta no había logrado penetrar en su cabeza.


Symphony Of Blood



 Se podía oír la tensión en su rostro, la desesperación en su cuerpo y las lágrimas en sus sueños, está inerte, allí, en el piso ella, aquella, ¿Por qué?, él no lo sabe, solo siente, solo se retuerce. La sangre en el piso y la pasividad en su rostro, que belleza aquella la del comienzo de un final sin pena. Cerx abre súbitamente los ojos, su cuerpo se sentía húmedo por el sudor pero, extrañamente, no se podía mover, notó que estaba en una cama, en una habitación, al mirar su cuerpo vio que sus manos, una a un lado de su cuerpo y la otras en el otro, estaban amarradas a una cuerda al igual que sus pies, la cuerda se perdía al bajar por la cama, trató de zafarse con toda sus fuerzas pero no podía, estaba totalmente inmovilizado en aquella cama. Con la vista detalló la habitación y notó que la ventana, que estaba al frente de la cama, tenía unas cortinas totalmente oscuras que no dejaban pasar la luz a la habitación y que, debajo de esta, había una mesa y una silla, en la silla estaba sentado un hombre, aquel hombre del chaleco, este miraba fijamente a Cerx.

- No dejabas de forcejear mientras estabas inconsciente chico, ¿Quién es Margaret? No dejabas de nombrar ese nombre- dijo el hombre del chaleco.

  Cerx no dijo nada, su cara reflejaba una total desconfianza mezclada con desesperación.

- No te preocupes, no tienes que decirme, no ahora, aunque me cuesta creer que seas el responsable del accidente de la torre pero si él lo dice debe tener evidencia- dijo el hombre del chaleco.

- ¿Quién eres tú?- preguntó bruscamente Cerx.

- Pues, soy un investigador privado que contrato Stark, ¿sabes? El oficial superior de la policía internacional de la zona oeste.

- Stark…

- Sí, el mismo, la verdad, mi misión no es atraparte, mi misión era espiar a esa tal Nerfip y verificar que cumpliera con el trabajo que Stark  le había encomendado.

  Cerx cambió su cara de desconfianza a una de total confusión.

- Veo que no tienes ni idea, ¿verdad? Pues, te puedo explicar todo a fin de cuentas le dije a Stark que te tengo aquí así que, mientras el viene, te puedo explicar todo- dijo el hombre del chaleco que ahora sacaba una pequeña cantimplora plateada de su chaleco, giró la tapa, bebió su contenido y la dejó encima de la mesa.

- Veras, yo soy un investigador privado reconocido por todo el mundo, mi nombre es Stan y soy hermano de Stark- dijo Stan- Stark se contactó conmigo y me pidió que viniera a este país a realizar un trabajo.

- Extrañamente, Stark, me pidió que nadie se enterara de que él me había llamado, por lo tanto, tampoco debían saber que yo iba a venir a este país, es algo osado de su parte pedirme un trabajo y a su vez pedirme que nadie se entere de mi paradero- dijo Stan tomando nuevamente de la cantimplora plateada - Pero es mi hermano así que acepte su proposición sin preguntar, aunque debo decir que entrar sin que nadie se entere a un país bajo la investigación de la alianza de países fue una total odisea pero, como ves, lo pude lograr.

- Cuando me encontré con él me explicó su situación, pobre de mi hermano, realmente su trabajo es muy estresante y llegar al punto de contratar a una caza recompensas, de verdad este es un trabajo que se sale de sus manos, asesinatos, revueltas nocturnas, realmente esta es la zona de la ciudad más peligrosa de todo el país – decía Stan, en su rostro se reflejaba una verdadera cara de preocupación.

  Cerx escuchaba aquel discurso mientras pensaba en una forma de zafarse.

- Este país es realmente un problema para este mundo, que bien que la alianza de países se está encargando de controlarla y reorganizarla, por eso presto mi ayuda a mi hermano, así sea pequeña, pero ¿Qué me encuentro mientras hago mi trabajo? Con dos fenómenos peleando en un local a altas horas de la noche - de pronto, Stan sacó su pistola y la apuntó a Cerx – no intentes escapar con ese extraño poder que tienes, si lo haces te volare la cabeza de un disparo.

  Cerx se quedó inmóvil viendo como el tubo oscuro no dejaba de mirar su frente, si se movía Stan dispararía sin dudarlo.

- No sé qué eres… pero Stark me comentó de algo cuando nos vimos, de unos extraños asesinatos, personas encontradas desmembradas o sin cabezas, de familias enteras desaparecidas y encontradas completamente podridas en los bosques del norte de la ciudad. Hay una serie de asesinatos muy extraños que no ha podido resolver, estas sobresalen ante las demás. También, propagandas en contra de la policía internacional y la alianza de países, mi hermano cree que hay algo oscuro en este país - La pistola de Stan empezaba a temblar mientras apuntaba a Cerx.

  Cerx lo miraba en silencio.

- Tú sabes de eso, ¿verdad? No quiero que mi hermano muera en un país que no vale nada así que será mejor que ahora tú me des una explicación – dijo Stan.

- No me importan las cosas que te mueven a ti o a tu hermano, yo no sé nada- dijo Cerx

- Tú, niñito…- en ese momento, una pequeña melodía se oyó por toda la habitación, era un celular, Stan metió su mano en uno de los bolsillos del chaleco, sacó un celular y presionó un botón.

  En ese momento Stan empezaba a hablar seriamente y a asentir constantemente, Cerx no sabía cómo zafarse, aunque existía una forma pero era totalmente arriesgada, no porque Stan seguía apuntándolo con la pistola sino porque si lo hacía su vida correría un gran peligro. Repentinamente Stan se paró, dejó de apuntar a Cerx y cayó de rodillas al suelo, su cara estaba totalmente blanca, pálida, de sus ojos unas lágrimas empezaban a caer, guardo el teléfono, se levantó, guardo su pistola y empezó a desatar las cuerdas de Cerx, cuando termino lo miró.

- Stark está muerto…- dijo sombríamente Stan- me acaba de llamar el oficial superior del norte para informarme de esto, todos los trabajadores de la oficina central del oeste están muertos.

  Cerx se quedó sin aliento, Stark estaba muerto.

- En una de las paredes de su despacho estaba escrito en sangre…

  El día estaba completamente libre de nubes, el sol, que miraba a la ciudad con orgullo, demostraba su alegría calentando a los hombres que hacían vida en la calle, el edificio central del oeste, completamente gris y con 10 pisos, dejaba salir y entrar a una gran cantidad de oficiales, del lado derecho había un gran estacionamiento con autos anaranjados que tenían letra verdes, decía “Policía internacional”, mientras entraban y salían del mismo. En el último piso habían gran cantidad de cubículos con policías trabajando en sus computadoras, la única puerta de aquel piso tenía escrito en la parte superior “oficina del oficial superior Stark”.

  Adentro de la oficina estaba Stark, como siempre, haciendo su constante recorrido circular para resolver diferentes casos, mientras se dirigía a su escritorio, de pronto, la puerta de su despacho hizo un sonido sordo y salió disparada en dirección hacia él, al darse cuenta de esto, se agachó rápidamente, la puerta rompió la ventana que estaba atrás de la silla de su escritorio, una ráfaga de aire entró al despacho por el agujero de la ventana, Stark se levantó y vio en dirección a la entrada, lo que vio fue a una criatura de ojos color anaranjado rojizo, cubierta de sangre, Nerfip.

- ¡¿Qué carajo significa esto?!- Grito Stark.

- Tú…maldita rata inmunda…- dijo Nerfip al entrar a su despacho, ella tenía el cabello castaño pero su ropa estaba completamente cubierta de sangre.

  Stark miró a tras de ella y vio una gran cantidad de cadáveres desmembrados por todo el lugar, él vio, como de las manos de Nerfip, goteaba la sangre y como un horrible olor a órganos y pudrición venia de ella.

- Si, Stark…los he matado a todos…y tú eres el siguiente…hijo de puta - dijo Nerfip que no paraba de apretar su mandíbula y mostrar sus dientes – Ese hombre de chaleco…era tu hermano…el investigador internacional Stan…lo contrataste para que me espíe, ¿verdad?... ¡Nadie se burla de mí!

- Pues sí, lo contrate para que me informara de tus movimientos dado que tú no me notificas nada, solo lo hice por precaución – dijo Stark que tomó asiento tras su escritorio, sacó un cigarrillo, lo prendió y empezó a fumarlo.

  Nerfip inhalo y exhalo profundamente, se sonó el hueso de su cuello y miró a Stark con aquellos ojos anaranjados rojizos.

- Veo que tú no eres tan orgulloso como pensaba, le pediste ayuda a tu hermano, ese hombre que opaca toda tu carrera como policía, realmente te he subestimando, pensé que podía controlarte con aquella escusa – dijo Nerfip.

- Pues hiciste mal, no por nada estoy en este puesto y para demostrártelo te diré algo interesante, a las 23:45 pm de hace 5 años dos policías que resguardaban la entrada de la frontera en el sur fueron hallados muertos, los dos con las cabezas separadas del cuerpo. A las 9:32 am, de hace 4 año y 11 meses, aproximadamente al sur-este del país, en una casa habitada por una familia de 3 personas los mismos fueron encontrados muertos, igualmente, con sus cabezas despegadas- decía Stark que seguía fumando.

- Luego, hace 4 año y 5 meses, una página de internet clandestina, llamada www.GCN.com, es creada, a partir de ese momento varias personas entrarían para encargar una serie de asesinatos a personas que debían algún dinero o por pura maldad, allí es donde entra tu trabajo Nerfip – dijo Stark, que no dejaba de mirar a Nerfip.

- Aunque claro, tus trabajos eran completamente limpios, no dejabas ningún tipo de huella, solo dejabas unos nombres que estaban registrados pero que no tenían ningún cuerpo, entonces ¿cómo paré contigo y a la verdad tras de ti? Investigando algunos archivos viejos, de hace 15 años, di con uno que no tenía ningún antecedente criminal, era un cuerpo hallado en la misma casa donde encontraron a la familia muerta…sí, Nerfip- dijo Stark mirándola intensamente.

  Nerfip empezó a tener pequeñas convulsiones mientras su parpado derecho sufría de un pequeño tick nervioso.

- Aquel hombre se llamaba Fabián…era un mús…-Stark no pudo terminar aquellas palabras ya que Nerfip empezó a gritar, gritaba tan fuerte que Stark tuvo que cerrar sus oído con las manos.

- ¡Te mataré y haré que te arrepientas de haber nacido! - Gritó Nerfip.

  En ese momento Stark sacó rápidamente una pistola de su escritorio pero Nerfip, en un abrir y cerrar de ojos, dio un salto que termino con ella encima del escritorio de Stark, levantándolo por la camisa con su mano derecha. Stark intentó apuntar a Nerfip con la pistola pero, al dirigir su mirada al rostro de Nerfip, notó que la mano izquierda de ella estaba totalmente llena de sangre, acto seguido, su vista empezó a moverse, primero se centró en la cara de Nerfip, luego en una gaveta de su escritorio para después terminar viendo a Nerfip desde debajo de su escritorio. Vio su propio cuerpo y como este, desde la punta, empezó a soltar a gran velocidad rozas que decoraban el techo y las paredes de su despacho, luego la oscuridad tomó su vista.

  La sangre empezó a empapar la cara de Nerfip para que luego esta arrojara el cuerpo de Stark por el hueco de la ventana, una leve sonrisa se pintó en su rostro y un suspiro apresurado se oyó, en ese momento tres oficiales entraron rápidamente al despacho, vieron la espalda de Nerfip.

-¡No te muevas! - Gritó uno mientras, los otros dos, la apuntaban con  sus pistolas.

  Nerfip giró su mirada hacia ellos y clavó sus ojos anaranjados rojizos en ellos, uno de los hombres empezó a temblar y a sudar, otro soltó la pistola y cayó súbitamente al piso y el último empezó a vomitar aparatosamente. Nerfip se empezó a reír estrepitosamente para luego dirigirles una sonrisa malévola, acto seguido, Nerfip empezó a tararear “el Nocturno Op. 9 N.°2 de Chopin” al comenzar, dio un salto hasta llegar a donde estaban los tres oficiales, con una mano atravesó el pecho del que sudaba, con la otra corto la cabeza del que vomitaba y por último de una patada levantó al que estaba en el piso y lo clavó en el techo del despacho. Todo empezó a tornarse de color carmesí a la vista de Nerfip, no solo la melodía danzaba, también las gotas, los chorros y las manchas, el brillo del sol que entraba por el hueco del despacho y el viento que movía la persiana eran tranquilos, Nerfip giraba y cantaba en aquel escenario del asco.

  Cuando la ligereza terminó de salir de su voz y de sus oídos, sus ojos se tornaron dorados y su cuerpo dejó de verse tenso, en la única pared limpia que quedaba en el despacho decidió escribir algo.

“Chico lindo esto es para ti, no te preocupes, no te preocupes, mis manos llegaran a ti, me encargare de tomar tu ser, tu ser, no tienes por qué temer, ya que es mi destino terminar lo que tu alguna vez llamaste destino también”

  Cerx, al escuchar aquellas palabras de Stan, sintió un tremendo frío correr por su espalda, no sabía por qué ella lo buscaba tan desesperadamente pero si sabía, de alguna forma, que los unía.


Última edición por Green Heart el Mar Ago 25, 2015 4:53 pm, editado 26 veces
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Long Fic Re: Q infinity

Mensaje por Capitán Simonini el Jue Sep 11, 2014 7:39 pm

Soy cortito, no me entero. ¿Qué relación tiene Cerx y la rubia?. ¿Cerx es el chico rubio y no la rubia, no? ¿Van a distintas habitaciones del mismo hotel, o a la misma? ¿Quién está en las habitaciones 22, 21 y 20? Me parece confuso.

Te dirán que tus frases son muy largas.


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Long Fic Re: Q infinity

Mensaje por Green Heart el Jue Sep 11, 2014 7:48 pm

jeje Cerx es un metamorfo pero no tiene gracia que el escritor especifique eso, pienso tal vez que es más divertido que el lector lo descubra, aun que claro en el primer capitulo puede entenderse la duda del lector, pero como haré más capítulos esa faceta de metamorfo de Cerx se irá aclarando con cada acción que él tome. Ah! y gracias con lo de las frases realmente tiendo a hacerlas muy largas y las demás habitaciones son solo parte del escenario ya que al estar en un hotel en una calle llena de prostíbulos es normal que las estén usando de una forma diferente a la de Cerx.
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Long Fic Re: Q infinity

Mensaje por Green Heart el Miér Mayo 13, 2015 5:34 am

Policía Internacional


  Al terminar de escuchar el informe que le habían dado por teléfono a Stan este tomó a Cerx del brazo y así dirigirse hacia el auto que estaba estacionado fuera del edificio.

- ¿Que se supone que harás conmigo ahora? No creerás que te dejaré que me andes llevando del brazo como un trapo usado- dijo Cerx mientras iba saliendo del edificio.

- No te preocupes, ellos se encargaran de tu estadía, créeme, pasaras a buenas manos.

  Al terminar aquellas palabras, de ambos lados del callejón varios, autos y camiones blindados con el color característico de la policía internacional empezaban a llegar. Al detenerse, un gran número de policías con ropa verde y líneas anaranjadas empezaban a salir con rapidez de los autos para colocarse tras los mismos mientras sacaban sus armas que apuntaban en dirección a Cerx. De las camionetas blindadas, hombres con armas extremadamente largas en las manos, ropa color verde oscuro con numerosos bolsillos empezaban a tomar todo el perímetro y apuntar a Cerx desde diferentes ángulos. De la muchedumbre de hombres que apuntaban a Cerx dos figuras se dirigían hacia Stan y Cerx, uno era un hombre de edad madura con varias arrugas en su cara pero con una mirada dura y rígida, cabello negro con pequeños mechones blancos que resaltaban. La otra persona era una mujer con cola de caballo rubio y ojos completamente azules que relucían profundidad.

- ¿Este es el chico del caso 830, señor Stan?- preguntó el hombre de mirada dura.

- Sí, oficial Alan- dijo Stan.

- ¡Jum! ¿Este mocoso?, Hay que ver que aún nos falta mucho para terminar de erradicar la estupidez de este país, tal osadía demuestra que nuestro trabajo debe intensificarse.

- En cualquier caso, según lo que nos informó el señor Stan, este chico tiene… ¿algún tipo de poder?- dijo la mujer de mirada profunda con un dejo de desconfianza en su voz.

- Sí, oficial Clarina- dijo Stan mirando el suelo. Él sabía que eso último sonaba a locura si no presentaba alguna prueba.

- Tenga poderes o no, el oficial Stark ya lo tenía como sospechoso así que este chico será llevado a las oficinas de la policía internacional del norte para ser interrogado- dijo Alan.

- Ya que estará bajo interrogatorio quisiera postularme como vigilante del chico mientras pasa por todos los procesos de investigación- habló Stan.

  Pero una mirada súbita de la oficial Clarina lo hizo callar.

- No tiene que preocuparse de esos detalles señor Stan, he asignado a los mejores hombres de las oficinas del Este para custodiar al chico- dijo Clarina mesuradamente para luego decir con voz alta y clara- ¡capitana de escuadrón Marina preséntese al frente!

  Rápidamente una mujer de facciones detalladas, piel blanca y un cabello oscuro anudado a su cabeza apareció al frente de la oficial Clarina, la chica tenía ojos verde olivo y presentaba en ese momento una mirada de obediencia hacia Clarina.

- Aquí presentándose la capitana de escuadrón Marina, oficial Clarina- dijo fuertemente.

-Muy bien capitana, por favor diríjase, con el chico, hasta el camión blindado y junto a su escuadrón llévelo a las instalaciones de la oficina del norte, estando allí recibirá más órdenes.

- ¡Sí, señor! – dijo Marina.

  Acto seguido tomó del brazo a Cerx, que en ese momento se encontraba muy pálido, lo esposó y lo encamino hasta el camión blindado junto con su escuadrón.

- Realmente yo puedo ayudar con este caso e incluso con los problemas que están afrontando en este país – decía Stan con desesperación.

- ¡No!, es mi decisión final como máxima representación de la policía internacional, además usted entro ilegalmente a este país – la voz de Alan iba en aumento – debería encarcelarlo e interrogarlo pero dado su colaboración ante la captura de este malhechor haré la vista gorda. Tiene tres días para abandonar este país, si los hombres de la frontera no me envían ninguna información con respecto a usted me veré en la necesidad de enviar patrullas tras su cabeza, ¿he sido lo suficientemente claro señor Stan? – Terminó Alan con tanta fuerza y autoridad que Stan quedó estupefacto ante sus palabras.

  Luego de un silencio, que fue totalmente incómodo para Stan, los dos oficiales dieron media vuelta y se retiraron. Stan pudo notar una sonrisa de satisfacción en la oficial Clarina. Los policías empezaban a levantar sus armas y dirigirse a sus respectivos autos, se oyeron múltiples motores para luego dejar solo una estela de humo en todo el callejón. Stan se había quedado totalmente solo en el callejón, con la mirada en el piso, con el lamento sobre él y con las palabras “hermano” en sus lágrimas que caían una tras otra al suelo.

  Cerx estaba esposado y totalmente apuntado dentro del camión blindado, los soldados del escuadrón tenían máscaras de gas, cosa que le pareció graciosa a Cerx, claro que si ellos pensaban que él era o poseía alguna especie de virus mortal, de seguro esas mascaras no les servirían dado que si Cerx se propusiera a ser un virus ellos morirían al instante.

- Así que tú eres el chico de la torre, ¿a qué banda perteneces? – Preguntó repentinamente Marina que estaba mirándolo con suma indiferencia.

- No sé de qué estás hablando – respondió Cerx clavó su mirada al piso.

- ¿Acaso eres tonto o enfermo? Banda, b-a-n-d-a, grupo de estúpidos que se reúnen para tirar su vida a la borda.

- ¿Para qué me preguntas si ya me catalogas como uno?

- ¿Acaso me estas tratando de decir que no eres parte de alguna banda? ¡Sí, claro! ¿Escucharon al flacucho?- dijo Marina dirigiéndose a su escuadrón que repentinamente soltaron risas estruendosas entre todos.

- Escucha bien, enfermito – empezó Marina mientras cerraba sus ojos y frotaba con los dedos su sien -– la mayor parte de los delitos que ocurren en este país son por las pequeñas bandas, como la tuya, que se reúnen en los distintos puntos de las zonas que dividen al país. La zona oeste estaba plagada de aquellas bandas pero gracias al duro trabajo del oficial Stark habían desaparecido, ahora que el oficial está muerto volverán aparecer y será una total catástrofe.

  Cerx empezó a mirar a Marina, ella seguía hablando y este no le quitaba la vista de encima, cuando Marina se percató, y vio la indiferencia en el rostro de Cerx, una cara de total desprecio se empezó dibujo en el rostro de Marina, para que luego esta, bruscamente, se lanzara sobre Cerx y empezara ahorcarlo con sus manos.

- ¡Me causas un total asco gente como tú! – empezaba a vociferar Marina.

- Ni si…quier…a me cono…ces, ¿si a…caso…ugh...est…as segur…a que yo te…ngo algo…qu…e ve…r con…tod…o es…to?...aghh… – Cerx apenas podía pronunciar palabras, pero Marina lo comprendió muy bien.

- ¡Sí que te conozco!, eres el maldito asesino de mis dos compañeros, ¿lo haz olvidado? tú los mataste en el incidente de la torre. – La frustración se iba apoderando de la cara de Marina mientras algunos soldados trataban de separarla de Cerx.

  Lograron separar a Marina de Cerx, este empezó a toser con fuerza mientras lo soldados sentaban a Marina, ella no apartaba la vista de Cerx, estaba totalmente exaltada, su respiración era profunda. Algunos soldados intentaron calmarla con palabras y esta, poco a poco, se fue calmando. Cerx conocía muy bien por lo que pasaba Marina, lo había pasado cuando Nerfip mató a Richard. Pero por un momento, casi minúsculo, lo recuerdos de Cerx se empezaban a mezclarse para formar una masa de colores que estalló, acto seguido Cerx empezó a pronunciar, muchas veces y en tono bajo, “lo he olvidado, lo he olvidado”.

- La culpa te está consumiendo, ¿verdad?- dijo Marina mirando con odio a Cerx. En ese momento Cerx paró de murmurar.  

- He matado a mucha gente, pero, eso no es lo que me molesta…- dijo fríamente Cerx mientras se levantaba del piso y se sentaba con la mirada al suelo.

  Antes de que alguien pudiera decir algo el camión se detuvo y las puertas traseras se abrieron para dejar pasar la luz del medio día.

  Habían llegado a lo que parecía ser una mini-ciudadela. Se alzaba, al frente, tres edificios blancos colocados uno al lado del otro, el del medio era el más alto. Alrededor de los tres edificios una cadena de pequeños edificios, también blancos, se extendía para formar una especie de semi-círculo. Por los caminos de esa zona, iban y venían numerosos policías y escuadrones que se montaban o bajaban de sus transportes.

  El escuadrón de Marina dirigió a Cerx al edificio del lado izquierdo, al entrar, Cerx pudo ver celdas que se extendían por todo ese piso, al mirar hacia arriba, infinidades de pisos contenían muchas más celdas. Al frente, en ese mismo piso, había una especie de recepción en el centro con un guardia que vigilaba numerosos monitores, estos relejaban el interior de las celdas de ese piso. También, tras el guardia de la recepción, había una construcción cilíndrica que contenía un ascensor que llevaba a los pisos superiores.

- Reportándose la capitana Marina, llevo bajo custodia al sospechoso número uno del caso 830. La celda asignada para él es la del último piso, observador Julio. – dijo Marina mientras suspiraba y se dirigía al guardia de la recepción.

  El guardia ingreso a una base de datos por medio de una computadora puesta en la recepción.

- Permiso concedido, adelante - dijo el guardia Julio apretando un botón que abrió la puerta del ascensor.

  Marina, con alguno de sus hombres, escoltaron a Cerx dentro del ascensor, mientras la otra parte del escuadrón recibió órdenes de reportar a la oficial Clarina del cumplimiento de sus órdenes. El ascensor empezó a subir a gran velocidad, las celdas iban y venían con una rapidez que el ojo no podía captar, los hombre de marina no se movían, por otro lado Cerx se sentía un poco incómodo ante el silencio del ascensor.

  De pronto el ascensor se detuvo, las puertas se abrieron y salieron a lo que parecía un rectangular y olvidado piso de cedas, prácticamente todas las celdas estaban vacías, mientras caminaban Cerx podía ver el vacío que se extendía hacia abajo desde los lados izquierdo o derecho, dado que estos estaban huecos, lo único que conectaba las celdas con el ascensor era un puente metálico con barandillas. Se posicionaron al frente de una celda, la capitana Marina utilizó una tarjeta para abrir la celda, acto seguido Cerx fue encerrado en dicha celda. Adentro, en la pared izquierda, sobresalía un pedazo de pared que pretendía ser una cama, en la pared del frente había un inodoro. Los hombres de marina se posicionaron uno a cada lado de la celda, mientras que Marina se recostaba en las barandillas del puente para que su vista se perdiera en las numerosas celdas que se podían ver, si se bajaba la vista. Por su parte Cerx, aun con las manos esposadas, esperaba pacientemente lo que sería un eterno y perpetuo aburrimiento en donde sus pensamientos lo fastidiarían y recordarían que alguna vez estuvo en un bar, tal vez muy tranquilo, tal vez sonriendo, tal vez viviendo.

  En una gran habitación, con enormes ventanas del lado derecho que mostraban toda la cuidad, había una mesa que se extendía por toda la habitación con varias sillas. En la cabeza de la mesa estaban sentados los oficiales Alan y Clarina, del lado izquierdo a Alan había un puesto vacío, el cual le pertenecía a Stark. Alguien llamo a la puerta y Alan, con su voz potente, le permitió entrar. Un hombre de 1.80 metros entro a la habitación, era Alfred, se paró firme ante la vista de los dos oficiales.

- Coronel Alfred reportándose, señores oficiales.

- Coronel – dijo Alan- lo he llamado para informarle que debe cambiar sus métodos de entrenamiento para con los nuevos militares y policías que empiecen a entrar, necesitamos que sus métodos sean más rápidos, dado que estamos en un caso de emergencia por la total erradicación de las oficinas del oeste.

- Con todo respeto, oficial, pero ¿eso no causaría la insubordinación de algunos hombres? – Dijo Alfred con tranquilidad.

- No se preocupe por cosas tan insignificantes como esas coronel, la oficial Clarina y yo, confiamos plenamente en que adoptará un método lo suficientemente eficiente para cumplir lo que le ordenamos, luego que tengamos estabilizada, tanto la zona oeste como la misma policía internacional, podrá volver a sus antiguos métodos.

- Entiendo oficial, pero luego no me lance a los perros cuando vea la calaña de policías que podrían salir- dijo Alfred rascándose la cabeza y mirando indiferentemente en dirección a la ventana.

- Coronel Alfred, ¡Esto es una orden! Solo cúmplala sin ningún tipo de rodeo- dijo Clarina mirándolo seriamente.

- ¡A la orden señora oficial! – dijo Alfred con obediencia mientras se paraba derecho y giraba su mirada a hacia la oficial Clarina. Acto seguido, este le pico el ojo rápidamente, Clarina se dio cuenta y justo cuando iba a reprenderlo Alfred salió rápidamente de la habitación.

- Es realmente patético, a veces- dijo suspirando pesadamente Clarina- no soporto que las personas de este país sean tan tranquilas y confianzudas, es hasta repugnante.
-  No podemos hacer nada, sus métodos son realmente buenos y los hombres que nos provee son muy obedientes, si la alianza de países no quiere enviarnos hombres de los demás países no tenemos más opción que conformarnos con los de este país – dijo Alan.

  Las puertas se abrieron nuevamente y una serie de hombres, unos más viejos que otros, con trajes iban entrando y sentándose en las respectivas sillas de la mesa. Alan aclaró su garganta y Clarina se sentó derecha.

- Bienvenidos presidentes de la alianza de países, la convocatoria de hoy, al igual que los meses pasados, es para dar el informe de la policía internacional y sus avances en las búsquedas – Dijo Alan de forma tan fuerte que hasta una mosca le prestaría atención.

- Espero que hayan avanzado en su investigación- dijo uno de los hombres, mostraba en su rostro un gran agotamiento.

- Hemos invertido mucho dinero en armas para ustedes, además de mantener el motor económico de este insipiente país- dijo otro hombre, era de piel oscura.

- También, exigimos una explicación final de lo ocurrido con el edificio destruido hace unos meses- dijo otro hombre de complexión obesa.

- Sin mencionar la muerte de uno de los tres oficiales de la policía internacional – Dijo otro con enormes orejas.

- Todo les será aclarado señores, por favor oficial Clarina- dijo Alan mirando a la oficial. Esta se levantó y empezó el reporte.


La Investigación




Entre el día y la noche siempre existía un mediador, la tarde, que tomaba los cielos de ese día para indicar a los hombres y mujeres que el sol y la luna discutían. Antes de saber quién tomaría las riendas del cielo, los rasgos anaranjados, se hacían notar por doquier. Stan caminaba por la calle, su mirada perdida, al igual que su perdido hermano, se esfumaban en el aire. Solo tres días para abandonar el país que consumió a su hermano, que injusticia, pensaba él, pero ¿Qué podría hacer?; de su bolsillo sacó su cantimplora gris y tomó de ella.

  Los carros aplanaban con sus ruedas la calle, la gente hacia lo mismo pero por las aceras. Stan se dirigió a un hotel que estaba cerca del parque público, pagó una noche y subió a la habitación. Se recostó en la cama, aún seguía pensando, ya no lloraba, el callejón, donde fue escoltado Cerx, se transformó en el paño que succionó sus lágrimas. Ahora, una terrible racionalidad trataba de buscar un método que le permitiera hacer algo, sobre su hermano y lo que trataba de averiguar, no por nada Stan es el mejor investigador privado del mundo.

  La respuesta besó su frente compadeciéndose de él, la clave era el bar-café. Stan se preguntaba, ¿Por qué esa caza recompensas, después de entrar y salir de la zona rosa, se dirigió a ese bar-café? Y extrañamente, al estar allí, momentos después de que yo llegara, una extraña materia oscura desprendió la puerta para luego dar forma a ese chico llamado Cerx. Luego de recapacitar todo eso, se levantó, lavó su cara y salió del hotel para dirigirse hacia el bar-café.

  Ya la luna había tomado las riendas del cielo, la tarde le iba cediendo el paso. Stan recorría la calle, su mirada estaba fija en los dos centros comerciales, sin notar que en las esquinas se empezaban a formar pequeños grupos de personas que hablaban muy pegadas. Al llegar al bar-café, Stan pudo ver dos autos de la policía internacional, dos policías estaban interrogando a las personas que pasaban cerca, los otros dos estaban adentro del bar-café, tomando fotos y evidencias de la escena del crimen. Stan se acercó al grupo de gente que estaba siendo interrogada para obtener información que respondiera, o por lo menos, aclarar las dudas que de él surgían.

-…Pues, es lamentable que eso haya pasado. Siempre venía con mi hija – decía una mujer mayor.

- Ciertamente triste, el hombre que atendía el bar-café era muy amable, pobre hombre – dijo un hombre que cargaba unas bolsas.

- Pero, es muy extraño que haya pasado algo así ahora que su negocio estaba progresando, ¿será cosa de alguna banda? – preguntó un hombre clavo.

- Tranquilos por favor, estamos tratando de averiguar quién puede ser el culpable de este crimen. Creemos, que la banda que explotó la torre hace algunos meses, son los responsables de este crimen, pero aún estamos en investigación – el policía, luego de haber dicho esas palabras, había lamentado haberlas dicho. Las personas de pronto se alebrestaron después de escuchar sus palabras.

  Tomó mucho tiempo clamar el pánico de las personas que estaban reunidas al frente del bar-café, otras estaba llegando para ver que sucedía.

- ¡Por favor, silencio! – Gritó el otro policía – ¿Alguien sabe si ha ocurrido algo fuera de lo común en el bar-café los últimos meses?

- Yo no he visto nada raro en los últimos meses – dijo una mujer de cabello rojo.

- ¿Acaso esto será un atentado terrorista? ¿Habrá un conflicto como hace 20 años? – dijo un hombre hablándole a un viejo con bigote blanco.

- ¡Ni dios lo quiera! – Respondió una mujer obesa que los estaba escuchando.

- ¡Claro! Desde que esa chica llego el bar-café fue mejorando – dijo un hombre de una ceja.

- Era muy callada, realmente no hablaba – dijo una señora.

- Ja ja ja, cierto, tú intentaste ligar con ella pero solo te ignoro – dijo un hombre en traje que golpeaba las espalda del hombre de una ceja.

- Por favor, no me lo recuerdes… - calló el hombre de una ceja, agachando su cabeza.

  El policía, al escuchar lo que dijeron los dos hombres habló.

- ¿Alguien sabe de dónde puede ser esa mujer?

- Yo no tengo ni idea, señor oficial – dijo un hombre negro.

  La gente empezaba a moverse agitadamente.

- Mis amigos y yo un día nos quedamos hasta tarde – dijo un chico con ropa estudiantil - ¿Cierto chicos?

- Cierto, cierto –dijeron al unísono cuatro chicos.

- Eso no me interesa – dijo el policía irritado.

  La gente reía.

- Espere, Espere, nosotros nos quedamos hasta tarde aquí y cuando salimos del negocio vimos que la chica se iba calle abajo – dijo el chico – ¿Cierto chicos?

- Cierto, cierto – deberían formar una coral.

- ¡Oh! – Dijo repentinamente un hombre con gestos afeminados – yo estaba en un embotellamiento, en la mañana hace algunas semanas, y la vi caminando por la calle B.

- ¿Por la calle B? Eso no puede ayudarnos – dijo el policía, cansado de anotar las cosas de la gente, mientras el otro policía calmaba a las personas.

  Que poco profesionales son estos policías, pensaba Stan, mientras se alejaba de la muchedumbre y se dirigía a la entrada del bar- café. No podía entrar, dado que una cinta amarilla le impedía el paso. Pero si podía ver su interior, las mesas desordenadas, las paredes parecían estar arañadas y, al fondo, una montaña de sillas. Stan vio el piso y recordó el cuerpo inerte de aquella mujer, ya no estaba, seguro los policías se llevaron el cuerpo, eso pensaba Stan.

- ¡Oye no puedes estar parado allí, lárgate! – dijo un policía que estaba saliendo de la puerta que estaba al lado de la barra.

  Stan pudo notar que llevaban, en una bolsa transparente, pacas de dinero. Acto seguido, decidió obedecer y se alejó del bar-café para dirigirse a la avenida. La tarde le había entregado a la luna el completo control del cielo, esta empezó a arropar el cielo con su manto oscuro de pequeños puntos blancos. Stan caminaba por la calle, algunas personas repartían panfletos de forma errática, casi como si hicieran algo malo. También, algunos, agrupaban personas y cuchichiaban cosas, era una extraña visión la de aquella noche. Stan pudo ver de reojo lo que decía el panfleto de un hombre, de mediana edad, que estaba como atontado tratando de escuchar lo que se decían en esos grupillos. Era un panfleto que criticaba a la policía internacional y a la alianza de países. Stan siguió su camino, no presto atención al repentino alboroto que se formó tras la aparición de un auto de la policía internacional.

  Stan, parado enfrente de la entrada cerrada del parque público, ve el cielo nocturno. Saca su cantimplora plateada, toma un trago, respira. Es hora de repasar los datos existentes, se decía Stan.

  Primero, según la historia, este país tuvo una guerra hace veinte años. Esta guerra fue contra los demás países, el por qué de la guerra no es muy claro, la historia ha metido sus manos en ese hecho. Ahora, lo único que se sabe, es que el antiguo país llamado Eter trató de conquistar las demás naciones, llamando a ese momento de la historia “La Guerra De La Expansión”. En ese momento nació la alianza de países y la policía internacional, se suponía que la función de estas dos era combatir contra Eter. La guerra solo duró un año y termino con la inminente derrota y desaparición del país Eter, todos pensaban que se iban a disolver esas organizaciones pero, no fue así, tras haber pasado algunos meses decidieron cambiar sus ideales. Ahora, velarían por la paz de todas las naciones pero, extrañamente, luego de que pasaran dos años de la desaparición del país Eter, la alianza de países decidió revivir el país.

  Todos saben que la alianza de países y la policía internacional tienen el amparo de los jefes de las naciones, en pocas palabras, ellos no pueden ejercer ningún acto sin su consentimiento. Es probable que los que tomaran la decisión de revivir el país fueran los jefes de las naciones. Stark me contó que la única razón de que la alianza de países y la policía internacional todavía existieran era por este país pero, ¿Por qué? Stark nunca me quiso contar, trataba de tocar el tema lo menos posible cada vez que lo llamaba para saber cómo estaba pero, cuando el tema salía, me decía que me alejara de esas preguntas, que era información clasificada de la policía internacional. Ahora, estoy casi seguro, esa permanente existencia tiene relación con la verdad que Stark trataba de descubrir o mejor dicho, que la policía internacional y la alianza de países trata de descubrir.

  Stan soba sus ojos y deja salir un sus piro.

- Esto es algo realmente complicado y puede que hasta peligrosos - se dijo Stan.

  Volvió a tomar de su cantimplora plateada. Pensaba.

  No sé qué rayos tengan en la cabeza los jefes de las naciones pero me enfocare en la segunda investigación de Stark, los sucesos sin resolver que empezaron a ocurrir hace cinco años. Según me contó Stark, antes de que muriera, el chico llamado Cerx y la caza recompensas, sobre todo esta última,  están relacionados. El suceso de la torre, de hace algunos meses, es solo uno de tantos sucesos que han ocurrido en estos últimos cinco años. Encontrar a la chica del bar-café ayudaría a descubrir algo sobre el por qué de esos sucesos, eso es todo lo que necesito encontrar. Revelarlo hará que la muerte de mi hermano no haya sido en vano. Eso es lo que debo hacer.

  Luego de aquella noche de reflexión, Stan, pasó dos días tratando de averiguar el paradero de la trabajadora desconocida del bar-café. Buscó por todos los edificios de la avenida, preguntaba a las personas, razonaba sobre varias escenas de esta caminando hacia el bar-café pero, lo único que encontró fue que, al tercer día, la noche lo tomara por sorpresa y le avisara que el tiempo se agotaba para él. Pero, por lo menos, su investigación lo había llevado al frente de la entrada de la zona rosa, irónicamente el lugar relacionado con la caza recompensas, según la información que poseía de esta. Él sabía que si empleaba el poco tiempo que le quedaba para investigar el lugar no tendría oportunidad de escapar del país.  

- Qué más da - decía Stan - ya perdí lo más importante para mí.

  Acto seguido, se adentró en la zona rosa. El olor a licor, comida, cigarrillos y pasión se extendía por todo el callejón, hombres atraídos por mujeres con cara de chiguagua o con cuerpos de palo era lo normal. Las luces incandescentes de los letreros ofuscaban, de vez en cuando, la vista de Stan. El ambiente trataba de llevarlo a la tentación por cada sitio que se dedicaba a investigar. Y así, las horas fueron pasando, la investigación se hacía larga y tediosa, poco a poco el ambiente se iba haciendo más desértico y aún faltaban muchos locales, algunos ya estaban empezando a cerrar. El sudor empezaba a recorrer el cuerpo de Stan, a fin de cuentas, cuando el sol saliera, sabría que ya no sería un investigado sino un prófugo de la justicia.

  Llegó al siguiente local, un hotel. Entró y vio a un hombre flacucho tras la recepción, el hombre tenía ojeras muy grandes, su piel era grisácea, en fin, parecía un zombie cualquiera. Tras hacerle una serie de preguntas, sobre la chica del bar-café, solo logro perder el tiempo, al parecer, el recepcionista no tenía memoria de cada persona que entraba al hotel, no es de extrañar. A Stan no le quedaba de otra que seguir buscando y, antes de salir del hotel, de pronto, un horrible grito retumbó por todo el hotel, este era penetrante e intenso. Tanto Stan como el recepcionista saltaron sorprendidos, ambos, subieron rápidamente por las escaleras de la derecha. Al llegar arriba, varias personas habían salido, con cara de consternación, de sus habitaciones, todas mirando en dirección  a la habitación 21. El recepcionista sacó una serie de llaves, busco entre ellas y, tomando una, la metió en el cerrojo oxidado y giró, al abrir la puerta, un horrible y espantoso hedor empezó a salir de la habitación, todos los que estaban cerca se taparon, algunos vomitaron. El olor era realmente penetrante, no sabían definirlo, podría ser una mezcla de jugos corporales en combinación con la suciedad acumulada de toda la habitación.

  Adentro de la habitación estaba oscuro pero la luz del pasillo revelaba que la cama tenia los esquineros sueltos, las sabanas estaban totalmente enrolladas entre si. En las esquinas de la habitación se acumulaban bolsas podridas de basura y, a decir verdad, la cantidad de moscas era increíblemente asquerosa. Stan, el recepcionista y algunos inquilinos entraron tapando sus narices pero, al entrar de lleno en la habitación, sus pasos chapoteaban en un líquido transparente y de olor extremadamente fuerte, este estaba por todo el piso de la habitación, ya estaba resuelto el misterio del extraño olor corporal. Mientras los demás detallaban el interior de la habitación, Stan, había notado que la ventana estaba abierta, el cielo estaba color índigo. Giró  su cabeza para ver la calle, algunas personas cerraban sus locales, otras, iban tambaleándose de un lado a otro pero, por alguna razón, Stan se sentía incómodo, no era porque ya su tiempo estaba por acabarse, era algo diferente, algo sobrenatural.

  Un rayo de sol empezó a notarse en el edificio de enfrente, Stan dirigió su mirada allí y vio a una persona parada en la azotea, vio como los rayos del sol empezaban a chocar y a bañar el cuerpo de aquella persona, de aquella mujer que lo observaba con sus ojos dorados, casi chispeantes por los rayos del sol, esta le mostraba una sonrisa malévola. Stan se había puesto frío ante su mirada, no podía pensar en nada, una risa picarona se empezó a oír, tras oírla Stan sentía que por todo su cuerpo estaban conectados cables que le enviaban corrientes eléctricas. La risa, poco a poco, se iba apagando mientras los rayos del sol seguían tomando el lugar, aquella mujer iba desapareciendo entre ellos. Ya no estaba.

- Pensé que ella estaba…tengo un mal presentimiento – dijo Stan mirando el nacimiento del sol.

  No lo pensó dos veces, salió corriendo de la habitación, sabía muy bien a donde se dirigiría.


Días tranquilos


 
Es realmente un caso perdido preocuparme por esto ahora pero, en estos momentos, estoy pasando por ese punto cumbre en la vida de todo ser humano, eso me sorprender mucho, estoy viendo pasar mi vida a través de mis ojos. Claro está, no toda mi vida, por alguna extraña razón, puedo controlar que es lo que quiero ver, eso les causa muchos celos, ¿verdad? Pero bueno, eso es un alivio para mí dado que, si viera toda mi vida pasar, entraría en crisis y digamos que este no es un buen momento para entrar en crisis, no por mi pasado, claro.

  Estos meses han sido de lo más tranquilo para mí, aunque no lo parezca, sí, bueno, una maníaca me persigue, fui capturado por la policía y vi el cuerpo colgado de la única persona que ha sido amable conmigo en este país. Pero no ha sido tan malo, he pasado cosas peores… ¡cuidado, cuidado, Cerx! Casi meto la pata y me adentro en el camino de la inminente crisis. En fin, realmente fueron unos meses tranquilos, aprendí a preparar bebidas alcohólicas en el bar-café, por ejemplo, algo llamado ¿Micheladas? No sé, algo así, era simple, buscabas una cerveza, la echabas en un vaso, luego buscabas unos cuantos limones, los exprimías en el vaso y de ultimo llenabas el borde del vaso con sal, era espectacular ver que a la gente le encantaba, aunque en estos momentos no recuerdo muy bien que otras bebidas aprendí a preparar. Lo cierto es que era reconfortante hacerlo, ¿Por qué no se me ocurrió antes trabajar en lugares así?...ah, Cierto, no podía.

  Ahora que lo pienso, todo el dinero que gané trabajando en el bar-café lo había dejado en el closet del cuarto, si logro salir de aquí iré a buscarlo, no estaría mal empezar a moverme como una persona normal, por medio del dinero que uno gana al trabajar. Bueno, dije “cuando salga”, aunque es muy ambiguo decirlo así, lo mejor sería decir “si llego a salir vivo de aquí” , esta cárcel atenta contra mi salud, no es que no me den de comer o que las instalaciones estén en mal estado, debo decir que todo está muy bien cuidado para ser una cárcel, las cosas que he oído y leído a lo largo del tiempo, con respecto a las cárceles, no son muy reconfortante en términos de salud, pero bueno, eso no me preocupa en lo absoluto, lo que me preocupa es que me hagan utilizar…eso…siempre.

  Primero, ya al estar en mi celda cuando me capturaron, me dijeron que me harían un interrogatorio al siguiente día, yo esperaba que, bueno, no fuera a ser gran cosa, no tanto como para llevar me a usar eso, pero…

- Créeme, te daremos toda la diversión que un tipo como tú se merece si no cooperas con nosotros – dijo Marina, realmente se le veía muy maliciosa. No la culpo, a fin de cuentas, yo…yo…los maté. No son las primeras personas que mato pero sí son las primeras que mato injustamente, jé, injustamente…era para salvarme, no, no, claro que no, fue injusto. Bueno, aquí tienen el inicio de un ataque de crisis, pero no dejaré que se propague en mi cabeza, debo controlarme.

  Lo cierto es que eso fue lo que me dijo Marina, realmente dudaba que me dieran “diversión” pero bueno, no puede más que esperar lo peor. Estos tipos me preguntaban cosas extrañas, “¿a qué banda perteneces?”, “¿Por qué destruiste aquella torre?” no, esta fue la mejor de todas y me la hizo Marina justo cuando habían pasado unas horas, estando yo en la celda, “Tus padres deben estar muy decepcionados de ti, ¿no sientes vergüenza?” ¡Por todas la nubes del mundo! No pertenezco a ninguna banda, no destruí la torre, fue otro maníaco, del cual no quiero ni acordarme y no tengo padres. Pero aun si dijera eso esa mujer testaruda no me creería, la venganza la está consumiendo, creo que siento lastima por ella, no, creo que no siento nada en realidad.

  Como sea, tuve que esperar al día siguiente y pensar que ese podría ser mi último día de vida, fue un poco fastidioso, ¿qué más da? Aunque, quitando las preguntas estúpidas de esos policías, la tarde pasó de forma tranquila, era curioso ver que aquellos policías les demostraban a Marina mucha confianza y ella a ellos. Justo entrando la noche uno de ellos sacó una paca de lo que parecían ser cartas, ¿no se supone que están vigilando mi celda? ¿Qué clase de entrenamiento recibieron?

- ¡Oh! Justo te iba a preguntar si habías traído tus cartas – eso fue lo que dijo Marina al ver a ese “guardia” ¿en serio, Marina? Creo que he dejado de considerarte una capitana hecha y derecha.

- Pues juguemos capitana, aún estoy afectado por la derrota de la última vez.

  Pues sí, debes estarlo si dejas tu trabajo a un lado, no, en serio, me preocupa. Y así, todos se pusieron en un círculo y jugaron cartas, ¿y que hice yo? Pues, ver el juego, ¿Qué pensabas? No me quedaré en la esquina de mi celda dejando que mis remordimientos me consuman, bueno, no ahora.

  No entendía para nada el juego pero se veía complicado y que, sobre todo, tenías que tener una cierta intuición para saber que cartas tenían tu adversario. Marina era muy buena en el juego, cada vez que colocaba una carta los demás parecían estar siendo acuchillados. No, lo mejor eran las apuestas.

- El que obtenga menos puntos en el juego tendrá que hacer el reporte de hoy y entregarlo a la Oficial Clarina – dijo Marina muy confiada.

  Y, al final, termino perdiendo el policía que trajo las cartas, debes estar a un más frustrado, ¿verdad? Ya me puedo imaginar lo que dirá ese reporte, “Hoy el sujeto de la celda no causo problemas, todos nos las pasamos jugando en la tarde, pensé que ganaría, en serio, por favor oficial Clarina, haga algo con la Capitana Marina, estoy cansado de hacer los reportes, seguro hace trampa”. Ja ja…No, no creo que sea momento de reírme o imaginar cosas tontas de situaciones que, a fin de cuentas, son solo milésimas en el tiempo pero ¿saben?, a veces creo, que eso que llaman karma existe. ¿Por qué digo esto? pues, porque esa primera noche… ¡Los malditos no paraban de reír y jugar! No pude dormir bien. Fue porque me burle de la suerte de ese policía, ¿verdad? No lo haré más pero por favor, déjenme dormir.

  El Segundo día en esta cárcel y mi despertador fue un palo chocando ruidosamente en los barrotes, ¿adivina quién hacia eso?...Marina…ella debe disfrutar esto, ¿verdad? Bueno, se supone que ese segundo día seria “el día en el que me divertiría si no cooperaba” debe estar deseando que no lo haga, tal vez por eso hace esto, a primera hora de la mañana.

-¡Vamos, feo durmiente!, hora de levantarse, hoy te toca tu interrogatorio, no te preocupes, yo estaré presente en todo momento – que te den, Marina.

- Ok, ya entendí, deja de sonar eso, por favor.

  Mmm, creo que no debí haber dicho eso, ella se detuvo por un momento, me miro, no de forma muy agradable por cierto, y empezó a chocarlo con más fuerza. Ella es una niña inmadura.

-Muévete rápido, no quiero perder el tiempo escuchando tus excusas.

  Bueno, me moví, lo más rápido que pude, tal vez así dejaría de chocar ese palo contra los barrotes. Ella abrió la celda, sus hombres entraron, me tomaron del brazo y me condujeron hasta el ascensor, entramos todos y el ascensor se cerró. Ah, sí, el incómodo silencio, fue música para mis oídos. Claro, estas en un ascensor con una persona que te quiere muerto, solo me limité a mirar al suelo, creo que, si miraba a Marina, ella me saltaría encima como la última vez, por cierto, ¿mencione que no la puedo culpar? En serio, no la puedo culpar, me siento de la misma forma pero hacia esa psicópata de pantalones cortos, bueno, no de forma tan violenta como Marina, pero digamos que la puedo entender. Espero que esa loca este muerta o que se yo, bueno…lo dudo.

  El ascensor se paró, cuando se abrió, vi un pasillo casi infinito de puertas color gris y… ¿paredes azules? Espero que este no sea el pasillo de interrogatorios, no me siento para nada preocupado. Pues, mis dudas se aclararon, es el pasillo de interrogatorios, salimos del ascensor y uno de los hombres de Marina abrió una de las puertas, cuando entramos, un cuarto color beige oscuro, alumbrado con una pequeña lámpara colgante en el techo,  se nos presentó ante los ojos. Había una mesa plateada con tres sillas, dos al frente de la mesa y una del otro lado, ¿me pregunto dónde me sentaré? Bueno, digo eso en voz alta y Marina me mata. Y por último, pero no menos importante, una papelera en la esquina superior derecha de la habitación, ¿para qué? Pues, para mantener la higiene de la habitación claro está, mmm, creo que ya sé dónde terminaré, gracias a Marina, si el interrogatorio termina con éxito.

  Me sentaron en la silla que estaba sola y Marina se sentó en una de las dos que estaba al frente de mí.

- Bien, chicos, avisen al coronel Frank que ya estamos aquí, después, repórtenlo a la Oficial Clarina, ella quiere estar bien informada de todo lo relacionado con este caso – dijo  Marina, ahora parece una capitana, seguro es bipolar.

  Y como buenos perros, los hombres de Marina se fuero, aunque hay algo que me preocupa mucho, y es el hecho de que estoy solo con ella. No es que tenga miedo ni nada, es solo que si hace algo…estúpido, el que correrá peligro, aparte de ella, seré yo. Este es el tipo de situaciones que no quería para hoy, que fastidio.

-Bien…renacuajo - ¿en serio?, ¿Renacuajo? – esto será más simple para nosotros si cooperas, solo debes dejar de decir mentiras y decirnos todo lo que sabes.

  Mmm, su mirada está bastante indiferente, ¿se está controlando? Eso no me lo esperaba, creo que la he subestimado.

- Ya les he dicho, no sé nada, solo soy una víctima de los acontecimientos – es la verdad.

- ¡Oye! Ya te lo he dicho, no me interesan tus excusas, hoy tendremos respuestas, así te tengamos que sacarlas de tu cerebro – eso fue lo que dijo Marina, Aff, por lo menos lo intenté, bueno, ya lo he intentado muchas veces, ¿Qué rayos estaba esperando que pasara?

  El silencio tomó la habitación luego de aquellas palabras, pero no duró mucho ya que la puerta se abrió y entró un hombre con la piel tostada y con un bigote muy bien cuidado. También entró un viejo muy arrugado y enano con bata de doctor y lentes.

- Buenos días, capitana Marina, siempre tan eficiente y puntual, estoy seguro que el interrogatorio de hoy se hará con fluidez y tranquilidad, ¿verdad? – dijo el hombre del bigote.

- Si, Coronel Frank, es realmente un honor que la reglar de “no dejar que un oficial que tenga algún tipo de relación con el culpable o sospechoso ó este afectado sentimentalmente por las acciones del culpable o sospechoso” sea pasada por alto, gracias a mi arduo trabajo en esta organización – Mmm, ¿Qué clase de policías son estos?...Ella quiere matarme, por todo los cielos, ¿no se lo ven en los ojos?

- Pues, muy bien…buenos días – se dirigió a  mí – espero que cooperes con nosotros.

  No dije nada, solo mire al suelo. No tengo nada en que cooperar, ya les he dicho, yo no he hecho nada. Ahora que lo veo, ese doctor lleva un maletín negro muy grande, ¿me pregunto que llevara allí? Espero que no sean sus pañales para la incontinencia, en serio, se debería jubilar ya, está bien arrugado. El coronel se sentó al lado de Marina y esa momi-…digo, el doctor, se quedó junto al bote de la basura.

- Bien, Comencemos entonces – dijo el coronel, Marina había sacado una agenda y un bolígrafo – Primero, ¿Cuál es tu nombre?

- Enm…Cerx.

- Muy bien, ¿Dónde y cuándo naciste? – Yo también me lo pregunto…lástima que la persona que podía responder eso…está muerta…ya, ya, ya, hoy no habrá crisis.

-…no lo sé.

  El Coronel miró a Marina y esta lo miro a él.

-Bueno, eso no importa mucho - ¿Por qué te estas tocando el bigote? – a ver, ¿A qué banda perteneces?

  Suspiro, sé que me arrepentiré.

- Ya se los he dicho muchas veces, no pertenezco a ninguna banda.

- Enm…entonces, ¿no perteneces a ninguna banda? – Es lo que he dicho desde que me capturaron, señor plomero – ¿Acaso eres un Terrorista?

  Mejor olviden la pregunta que me hizo Marina hace un tiempo, ¡esto! sí que es una pregunta sin sentido.

- No soy un terrorista, ¿por qué no dejan de incriminarme con acusaciones sin sentido?- eso fue lo que dije, bueno, creo que a Marina no le gusto escuchar eso, se veía muy tensa.

- ¡Oye limítate a responder lo que se te pregunta! – Mmm, disculpa coronel Frank usted dijo que ella es ¿algún tipo de policía modelo? Porque creo que eso le resta puntos.

- Capitana Marina, por favor – dijo el coronel, mirando a Marina como miraría un padre a su hija malcriada – Pues, no hay más opción, por favor, doctor.

  Oye Marina, ¿Por qué estas sonriendo así?...Espero que “la diversión” no la esté llevando el doctor en ese maletín, no quiero que me obliguen a lavar sus planchas.

  Bueno, hubiera deseado que pasara eso, el doctor se acercó a la mesa y colocó el maletín, cuando lo hizo la mesa tembló. No, lo mejor fue cuando la abrió, todo tipo de instrumentos que un doctor psicópata de película de terror tendría estaban allí. ¡Exijo mis derechos humanos!…ah, cierto, tales derechos no se aplican a mí.

- Doctor, solo con el suero de la verdad está bien – Dijo el coronel, ¿usted es un ángel verdad? Bueno, no me preocupaban esos instrumentos, me preocupaba la excesiva cantidad de alegría que tenía Marina, ¿Me pregunto qué pasaría si ella y esa loca de los pantalones cortos se encuentran?...fiesta con mis restos, estoy seguro.

  El doctor buscó entre sus instrumentos y cogió una jeringa y una especie de botella que llevaba un líquido verde moco. Lo siento Marina, hoy no toca “diversión”, realmente podría hacer un poema con su cara de decepción. Pues bien, el doctor extrajo el líquido con la jeringa, se acercó a mí y me inyectó el líquido. No les quiero arruinar su interrogatorio, pero créanme, eso no me hará nada. El doctor terminó de inyectarme y, con un algodón, limpio mí sangre. Haré un paréntesis aquí, solo para decir, que este fue el inicio de mí desgracia.

- Listo, ya está, esperemos unos tres minutos y… ¿eh?

- ¿Ocurre algo doctor? – Preguntó el coronel.

- No, nada, unos tres minutos y podrá preguntarle lo que sea. – El doctor había echado el algodón a la papelera y, en el transcurso en el que explicaba los efectos del suero de la verdad miró, atónito, la papelera. Eso fue lo que había pasado, yo, en ese momento, no me había dado cuenta, estaba esquivando la mirada asesina de Marina. El tiempo había pasado.

-Bien, ese suero siempre ayuda en este tipo de situaciones – Dijo el Coronel – veamos, ¿Eres un terrorista?

- No.

  Es interesante ver la cara de sorpresa del coronel, ¿pero la de Marina también?, Guau, pues, es un buen recuerdo de este día.

- Coronel, déjeme hacerle una pregunta al interrogado, no creo que el suero falle, tal vez, no es un terrorista - ¿Quién eres tú? Tú no eres Marina.

- Seguro, adelante por favor.

- Bien… ¿Tú mataste a los dos oficiales que estaban en el edificio?

-…Sí. – Bueno, ahora sí que me matará esta mujer, ¿Qué puedo hacer? Bueno, no es que no pueda mentirle es solo que, si lo hago, sería un fastidio más para mi cabeza y eso es muy molesto para mí. Bueno, se lo dije con la mirada dirigida al suelo, puede que se compadezca…mmm, estoy muerto.

- Coronel – Marina no se ve afectada, bien – creo que el suero no está funcionando, tal vez deberíamos inyectar más.

  ¿Ah?, ¿cómo debería tomar ese comentario tan repentino? ¿Acaso cree que yo no los maté? Oye, es muy considerado de tu parte que creas en mí, realmente me cuesta creerlo pero, de verdad sí los maté.

- Bueno…hemos hecho preguntas y parece que todo en él está bien, normalmente, los que son inyectados, se les desorbitan los ojos, ¿usted que creer doctor? – Preguntó Marina.

- Tengo una dosis más fuerte de suero de la verdad pero inyectárselo causaría una muerte inmediata, capitana.

-Mmm, esto es muy complicado, Los oficiales pidieron estrictamente que este sujeto no sea torturado, que complicado…Saldré un momento y llamare a los oficiales para notificarles esto. Marina lo dejo en tus manos. – Eso dijo el coronel, luego se paró y salió de la habitación.

  Lamento no poder ayudarles, bueno, no lo lamento realmente, pero oye, se los dije, ¿no?, yo no tengo nada que ver con sus investigaciones. Será mejor que me dejen ir de una vez.

- Doctor – Dijo repentinamente Marina – por favor, el saca uñas.

  ¿Eh?

- ¿El saca uñas, capitana? – dijo el doctor con duda.

- Sí.

- Pero el Coronel dijo que no se debe torturar al sujeto.

- El saca uñas – dijo Marina irradiando odio en sus ojos color oliva.

  Esta mujer es impredecible, no, está loca, sí, eso. ¿Saca uñas? Ahora sí que estoy muerto, ¿Qué debería hacer? Esto se está complicando.

- Oye, mugre – esa es nueva – te voy a sacar la verdad a gritos.

  Pues, ¿Qué puedo decir? Solo la puedo mirar, bueno, con una mujer así hacer eso fue un grave error.

- ¡NO ME MIRES! – Gritó Marina y, con sus manos, agitó la mesa, algunos instrumentos cayeron – el maldito saca uñas, momia.

  Bueno, me alegra que pensemos lo mismo con respecto a doctor…espera… ¿pienso igual que esta mujer? Claro que no, no lo pensé por completo así que no cuenta.

  El doctor puso el saca uñas en la mesa y ajustó el mecanismo para que mi mano, específicamente mis uñas, pudieran entrar sin problemas. Marina se levantó y, con fuerza, sujetó mi brazo derecho, dirigió mi mano y la ajustó a la máquina.

- Doctor, acciónelo cuando yo le diga – dijo Marina, el doctor parecía estar asustado, no lo culpo, realmente, no lo culpo.

- Bien, mugre, ¿Cuál es tu relación con las desapariciones que comenzaron hace 19 años?

- ¿Ah? , yo ni tengo ni idea de que estas hablando – Por todo los cielos, ¿Qué le pasa?

  Marina sonrió.

- Doctor…Por favor – Eso fue lo que dijo.

  El doctor tragó saliva.

  ¿Y yo? Pues, ¿Qué creen que hice?...en serio, que fastidio.

  Se oyó un “Click”, muy fuerte, se alzaron los suspiros ahogados pero ningún grito se oyó en la habitación.

  Mi mano estaba completamente sana, con la diferencia de que no estaba ajustada a la máquina.

-¡¿Qué rayos?! – Vociferó Marina, bueno, el doctor estaba blanco, eso debería sorprenderte más, parecía un cadáver.

  Marina chasqueó con su boca y ajustó nuevamente el aparato. Oye, acaba de pasar algo increíble ante tus ojos, el saca uñas atravesó mí mano, ¿de verdad crees que funcionara otra vez? Pues, creo que sí lo cree, ya que mi mano estaba otra vez en posición para que mi uña saliera volando.

- ¡¿Dónde están?! Responde de una buena vez. – Marina está bastante alterada, yo solo me limito a mirar al suelo. Rayos, ya está comenzando.

- ¡Maldita sea! – Dijo Marina, acto seguido, activo ella el saca uñas.

  “Click”, Sorpresa, no ha pasado nada.

- ¡¿Cómo rayos es esto posible?! – dijo Marina Frustrada. Te lo puedo explicar, solo cambie la estructura de mis células y las volví, transparentes, ahora, tú pregunta seria “¿Cómo hiciste eso?” la respuesta a eso me llevara a un ataque de crisis seguro, así que no te respondería. Bueno, yo de verdad le habría dicho todo eso que pensé, solo que, en ese momento, no podía hablar.

  La puerta se abre y entra el Coronel Frank, bueno Marina, creo que te meterás en serios problemas.

- ¡¿Qué significa todo esto Capitana Marina?! – dijo fuertemente el coronel.

- Ah…yo…yo…s-solo…- Marina titubeaba, me hubiese gusta haber estado en todos mis cabales para apreciar esa escena, pero bueno.

- Capitana, salga inmediatamente de la habitación, notificaré esto a la Oficial Clarina, de verdad, que decepción.

  Y así se hizo, ella se alejó de mí y salió de la habitación, si me hizo alguna cara fea, pues, no lo sabré, ya no podía ver nada. La puerta se cerró, aun puedo oír, por ahora, es cuestión de tiempo.

- Bueno, doctor, me han autorizado para aplicar ese suero. –dijo el coronel.

  El doctor no dijo nada, debe estar en shock por lo que vio, lo único que pude oír es al doctor moviendo sus instrumentos y al coronel sentándose. Luego un pinchado en el brazo. El algodón pasando por mí herida. Ahora, solo se oía la respiración de los hombres.

- Bien, procedamos con algo mejor. – dijo el coronel, parece que empezó a moverse, ¿tal vez haya sacado algo? - Vea estas fotos y dígame, ¿conoce alguna de estas chicas?

  ¿En serio?, bueno, puedo sonar extraño pero estoy deseando que esto termine ya, así que por favor, apresúrate.

- Oye, ¿me escuch…- Pues, lo primero sí, lo último no. Sentí un fuerte golpe. Ahora sí, puedo decir con confianza, se hizo la oscuridad, es decir, me había desmayado.

  Eso pasa siempre que uso eso para alterar la estructura física de mis células a niveles extremos, por ejemplo, cuando pelee con esa psicópata de los pantalones cortos, los hice oscuridad. Pero bueno, es riesgoso hacer eso ya que me desmayo, pero cuando me vuelvo otra persona eso no pasa, la verdad, no tengo ni idea de por qué. Lo bueno de todo esto es que no morí, de verdad pienso que puedo morir cada vez que uso eso, pero bueno, en fin, fue bastante…raro…lo que pasó cuando me desperté.  

  Había abierto mis ojos, era de noche, estaba en mi celda. Oye, un tipo se desmayó ¿Quién rayos lo encierra en una celda? Bueno, seguro ese doctor momia me examinó y concluyó que mis signos vitales estaban bien pero, ¿Por qué siento mi abdomen pesado? Mejor dicho, ¿qué es ese ruido?

  Bueno, comencemos la adivinanza, giro mis ojos, sin mover mi cabeza, para poder ver que hay donde está mi abdomen. Veo a alguien, tiene su cara contra mi abdomen y la tapan sus manos, su cabello es largo y oscuro, está haciendo sonidos extraños, como sollozos y, para terminar, está diciendo algo, parece que estaba diciendo más antes pero no lo capte.

-…toda mi vida, lo son, ellos lo son, por eso no debes morir, no mueras, por favor – sonido de sollozo – yo soy la única que te debe matar, maldita cucaracha – sonido de sollozo.

  Aquí está, a ver, cabello negro y largo, esta sobre mí, habla de querer matarme, ¿Quién podrá ser? En serio, si no estuviera en esta situación suspiraría pero bueno, es Marina y no tenía su cabello amarrado, ¿no quiere que me muera? ¿Solo yo te puedo matar? En serio, estoy empezando a creer que esta mujer es bipolar. No soy un ser benevolente, que piense que estoy muerto, me volveré a dormir, que te den Marina. Cierro mis ojos.

  Tranquilos, ya casi termino mi “monologo-recuerdo de muerte”, espero que no lo hayan olvidado.

  Abro mis ojos, la luz del sol se filtra por las ventanillas que hay fuera de la celda. No hay chica bipolar en mi abdomen, uff, menos mal. Me levanto ¿y qué es lo primer que veo? Pues, a Marina afuera hablando con el doctor momia, también habían unos cuantos policías y doctores. Bueno, no sé cuándo es pero estoy seguro que hoy no es mi cumpleaños, ¿si quiera yo tengo algo cómo eso?

  Ellos se dieron cuenta de mi despertar.

- Así que estas vivo pelele, bueno, eres escoria, ese tipo de ser es difícil de erradicar – dijo indiferentemente Marina, mmm, eres una hipócrita, ¿lo sabias? Por los dioses, estabas llorando en mi abdomen la noche pasada.

- Entonces capitana… ¿abrirá la celda? – dijo el doctor.

  Yo lo miré con duda y bueno, sentía duda, pero bueno.

  Marina abrió la celda y el doctor momia, junto a los otros doctores unos cuatro doctores, entraron a la celda.

-Vaya, chico – dijo el doctor -  prácticamente, dos días dormido, ciertamente eres un ser…especial.

¿Ah? ¿Qué se trae entre manos este viejo?

- Mira esto, chico – dijo el viejo, me mostró un algodón, este tenía una mancha negra…oh, mierda.

  Pues, sí, les dije que eso sería el inicio de mi desgracia, lo entendí a la primera. El doctor, cuando me inyecto el suero de la verdad y limpio la herida con el algodón, se dio cuenta que mi sangre es…negra. No se puede evitar, es así, negra, ¿Por qué? Pues, no lo sé, hay muchas cosas que no se de mí…bueno, que no quiero saber.

- He analizado las propiedades de tu sangre y son…de lo más fantásticas. Con tu sangre podríamos encontrar la cura a muchas enfermedades, chico. –dijo el doctor, este había sacado una jeringa de su bolsillo.

- No lo hemos notificado a los oficiales – se acercó a mí y me susurró – yo podría sacarte de aquí con la excusa de que tienes una enfermedad complicada, los oficiales no quieren perderte, ¿Qué dices?

- Disculpe, doctor, pero yo le recomiendo…que se aleje de mí y, sobre todo, de mi sangre, es peligrosa. –le dije eso pero su rostros me respondió con rabia, maldito viejo, ¿por qué no me hiciste caso?

- Ya veo…pues, me veré obligado a tomar una muestra más grande de tu sangre. –hizo una señal a sus doctores, estos me agarraron.

  Rayos, ¿oye Marina vas a dejar esto así? Parece que sí. Ella estaba mirándome indiferentemente, aff, esa perra, la verdad no sé qué pensar de ella.

- Por favor, no hagan esto, es muy peligroso, esto pone en peligro sus vidas – En serio, no estoy jugando, para nada estoy jugando.

- ¿Por qué? – preguntó el doctor mientras me inyectaba e iba extrayendo mí sangre.

  No le respondí, solo…solo, recordé. La mesa, los tubos de ensayo, su sonrisa, su maldita sonrisa, el sonido, el disparo, la sangre…La bestia…aff, acabo de entrar en una crisis…

  Me empecé a mover descontroladamente, aun el doctor seguía extrayéndome la sangre. Pero, un mal movimiento parece que cortó una de mis venas, mi sangre empezó a regar toda la celda. Todos los doctores se bañaron con mi sangre. Y ocurrió.

  Un sonido, como de carne quemándose, empezó a oírse, y luego, los gritos. Los doctores gritaban de dolor, mientras parecían achicharrarse por la sangre negra, gritaban y gritaban, un humo blanco salía de sus cuerpos, se revolcaban de dolor. Pude ver la cara de Marina, era de terror, no solo ella, todos sus hombres reflejaban esa cara.

-Aghh…po-o-o-r…faaav…ab-r-rir…- Ese deseó ahogado venia del doctor momia, estaba revolcándose en mi sangre. Marina había cerrado la celda cuando los doctores entraron, bueno, no creo que la abra, está en shock.

  Se dejó de oír los gritos de agonía, solo se oía el sonido de la carne achicharrándose, pasado un minuto, se dejaron de mover. Y bueno, allí estaba yo, en una celda cubierta de sangre negra y con cuerpos putrefactos.

- Saquen sus armas – La voz de Marina era fría y seca, aun su cara mostraba conmoción.

  No decía nada, no la puedo culpar, no la puedo culpar, aff, Margaret, ¡¿Por qué Margaret?! ¡¿Por qué?!

  Apuntaron.

  Dispararon.

  Durante tres minutos el sonido de los disparos reinó en el lugar. Constantes, seguidos, sin piedad.

  Pararon.

  El sonido de los casquillos rodando en el suelo. Pero ahí estaba yo, parado, dirigiendo mi mirada a Marina.

  Mmm, empiezo a ver borroso, otra vez, ¿verdad? Quien sabe que pasará cuando despierte.

  Y justo en este momento es cuando empiezo a tener eso que les ocurre a las personas, a recordar el pasado. Aquí, ahora, aquí es donde comencé mi recordatorio, mi cuasi monologo de muerte. Bueno, me falta resaltar algo, un pequeño gran detalle, pasó justo antes de que yo cayera desmayado.

  Vi surgir una sombra de lo que se supone era un fondo que estaba conformado por muchos pisos con celdas. Es decir, algo había saltado desde el piso de abajo hasta llegar al último piso. Esa sombra estaba suspendida en el aire, detrás de Marina y sus hombres. La luz del sol le dio el color que necesitaba para ser identificada. Una mujer de cabello castaño oscuro rizado, piel blanca, una blusa sin mangas con un nueve blanco estampado al frente, unos pantalones cortos pegados que llegaban hasta el nacimiento de sus rodillas y unos ojos color oro intenso.

  Es el cuarto día desde que me atrapó la policía, ¿Qué habrá pasado con ese investigador privado? Bueno, todavía es de día y el sol brilla intensamente…De verdad, ahora sí que estoy preocupado, no se imaginan cuánto, no tienen ni idea.

  Y aun así, se hizo la oscuridad ante mis ojos.
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Green Heart

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